El test (2)

  01 Septiembre 2022

Show me the money

el-test-0El director Dani de la Orden es el encargado de trasladar al cine El test, el texto dramático de Jordi Vallejo que se ha representado exitosamente durante varias temporadas en escenarios teatrales. No es la primera vez que el director de Papá o mamá se enfrenta a esta clase de reto pues en Litus (2019) ya adaptaba una obra de teatro que precisamente también se centraba en un reencuentro de amigos.

Con el detonante argumental de una pregunta basada en el test de la golosina en la que hay que elegir entre una recompensa inmediata o una recompensa mayor pero a largo plazo, la película se centra en el encuentro de dos parejas de amigos. Por un lado, Toni (Alberto San Juan) y Berta (Blanca Suárez) son dos triunfadores, el primero es un empresario de éxito que especula con las inversiones y la segunda es una conocida psicóloga; por otro lado, Héctor (Carlos Santos) y Paula (Miren Ibarguren), un  matrimonio con dificultades económicas debido a la escasa rentabilidad de un bar.

A partir de una situación que comienza como un juego, casi sin importancia, basado en la posición de dominio que permite la solvencia económica de Toni, lo que tendría que haber sido una simple cena de reencuentro para celebrar la compra de su nueva casa, termina derivando en una conflictiva reunión en la que aflora las rencillas y el peso del pasado, sobre todo de los tres personajes que se conocen desde jóvenes (Toni, Paula y Héctor).

El test, con guion del propio Jordi Vallejo, visibiliza el capitalismo feroz en el que unos individuos resultan beneficiados frente a otros mediante el uso de la ingeniería económica especulativa. Cada uno de los personajes representa un arquetipo social: el nuevo rico que disfruta de las ventajas del dinero, la psicóloga que sistematiza todo en su libro de éxito, la madre ecofriendly que trabaja en una ONG y el hombre currante que vive ahogado por un negocio de restauración que no funciona.

Con todos ellos la película pergeña una primera denuncia social en la que se confronta los ideales de juventud frente a los cambios sufridos por cada personaje debido al paso del tiempo.

El modelo es reconocible, pues sigue el patrón de filmes como Un dios salvaje o Perfectos desconocidos, donde por debajo de la línea argumental se muestra la peor versión de las personas, acrecentando la tensión de las relaciones conforme transcurre la velada. En este sentido El test comienza con esa manifestación sobre la crisis económica y la importancia del dinero en las vidas de las personas y va derivando hacia la exposición de las peores formas de la amistad revelando mentiras, engaños y traiciones en el círculo íntimo de los personajes.

Para transitar desde el texto original al formato cinematográfico Dani de la Orden establece diferentes recursos para romper la teatralidad, principalmente el juego con el espacio aprovechando las localizaciones en una casa enorme que permite establecer diálogos en diferentes entornos rompiendo con el escenario único y en el que se incluye incluso un número musical. La multiplicidad de encuadres, el juego entre el interior y el exterior de la casa, así como un montaje que fragmenta las diferentes escenas introduciendo múltiples puntos de vista contribuyen a decantar el proyecto hacia el formato cinematográfico.

Menos fortuna tiene la inclusión de personajes externos al formato teatral original como los que encarnan Antonio Resines y Luna Fulgencio que, con la función de oxigenar la historia y componer escenas más allá de la localización principal, terminan difuminando el efecto dramático de los cuatro personajes preferentes.

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En la parte positiva nos encontramos con la recreación de un ambiente que se va cargando de tensión, en el que la supuesta amabilidad inicial deudora de un pasado común termina revelando unos personajes egoístas en el que la presencia del dinero como elemento contractual desbarata cualquier posibilidad de llegar a acuerdos.

Por el contrario, la concatenación de confesiones y giros excesivamente artificiales hacen que El test termine resultando reiterativa sobre todo en su parte final. En ese afán de ir poniendo sobre la mesa todos los trapos sucios, la historia termina ahogándose y sobrepasa el tono comedido mantenido hasta ese momento.

No se entiende tampoco la coda final que a modo de epílogo intenta reordenar el sentido de la obra, por lo que la película hubiera debido concluir sin apartarse de la casa donde se ha originado todo el conflicto. Un hecho que impide que El test alcance su verdadero nivel de denuncia social.

Un lastre para una película que, al menos en su primera parte, parece reírse de una serie de tópicos: los comunicadores que dominan las tablas escénicas en base a una serie de argumentaciones científicas cogidas por los pelos; la corriente sobre la ecología que termina sobrepasando sus buenas intenciones; el abuso de la tecnología inteligente para demostrar el poderío económico (los robots aspiradores o la iluminación mediante aplausos); o toda esa fauna de nuevos ricos especuladores económicos. Todo ello aderezado con un nivel de gags aceptables que van evolucionando de los comentarios satíricos a las situaciones más desmadradas.

Sostiene la película un reparto empastado en el que se detecta la complicidad de los tres personajes que se conocen desde el principio, al que se le une el personaje de la psicóloga –ese elemento externo que terminan tensionando la historia–, con unas acertadas interpretaciones de Alberto San Juan, Miren Ibarguren, Carlos Santos y Blanca Suárez.

Escribe Luis Tormo | Fotos Warner Bros. Pictures Spain | Entrevista con Dani de la Orden y Carlos Santos

  

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