Nop (4)

  03 Septiembre 2022

La que se nos viene encima

nop-0Jordan Peele ya va por su tercera película, aunque su talento dio el campanazo con la primera, Déjame salir, una obra de terror cuyo suspense in crescendo magníficamente construido hizo que llegara a lograr el Oscar al mejor guion original hace cinco años.

Aquel estupendo thriller ya dio muestras de que se podía realizar un nuevo cine estilizado de terror sin recurrir al efectismo ni a la grandilocuencia sino más bien apostando por la sencillez expositiva y la buena mano en el desarrollo argumental.

Su segunda propuesta fue Us, toda una rareza que esta vez optaba por rizar el rizo de la siniestralidad. Esto se debía a unos planteamientos argumentales que, si bien eran absolutamente sorprendentes, podían hacer aguas por todas partes a la que uno empezaba a plantearse ciertas cuestiones sobre su propia base.

Us era todo un alarde de técnica y de elegancia, aunque no resultaba redonda y, además, una vez superada la revelación clave, todo empalidecía y se volvía incluso predecible.

Ahora tenemos Nop, tercera incursión en el género de terror-misterio-fantasía con dos de los actores fetiche del realizador, Daniel Kaluuya y Keke Palmer, en la que de nuevo pretende reinventar prototipos y dinamitar géneros y que, nos atreveríamos a decir, aúna lo mejor de sus obras predecesoras.

Porque se trata de una cinta cuyo propio avance narrativo es un auténtico artefacto de relojería suiza que apuesta por la creación de una atmósfera insólita y por una marcada magnanimidad en sus intenciones. 

Kaluuya y Palmer (especial atención a ésta última) interpretan a OJ y Emerald Haywood, dos hermanos, herederos del rancho familiar en las antípodas de California, después de la muerte de su padre. Ambos se verán obligados a aguantarse para intentar reflotar el negocio familiar del que ella se desentendió hace ya tiempo y del que él sigue cuidando con dificultades económicas.

Pero un descubrimiento de algo que parece sobrevolar su rancho hará que tengan que unir fuerzas para intentar rentabilizar el suceso e ingeniárselas para captar lo que ellos convienen en llamar la «toma Oprah», la fotografía que muestre al mundo este escalofriante avistamiento y que puedan vender a los medios de comunicación para solventar sus problemas económicos.

Peele nos arroja a la cabeza algo grande, muy grande, sobre lo que pensar y, a la vez, obliga a sus personajes y a nosotros mismos a hacer catarsis y a sacar todo un torrente de emociones. Se trata de una película de ovnis, de tornados, de monstruos y, por qué no, de vaqueros; tiene momentos de comedia negra, vierte un terror ingenioso y resulta una obra rotundamente provocadora.

Un entretenimiento de masas con estilazo que nos interroga sobre el coste del propio entretenimiento de masas.

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Todo lo que contiene

Nop es un filme inclasificable, repleto de ideas que se suceden a modo de montaña rusa. Si bien su curiosa frase de inicio quedará explicada durante su metraje, su cascada de formulaciones irá por terrenos muy diversos: desde los orígenes mismos del cine con guiños a la raza afroamericana hasta la exploración del comportamiento humano y animal, pasando por la predictibilidad de los mismos, la domesticación y tiranización del prójimo o la monetización del espectáculo. Ahí tenemos el ejemplo de la historia de Cody, el vínculo infinito, aunque harto complicado de los dos hermanos protagonistas o la búsqueda del encuadre imposible que se repite en varias secuencias de la película.

Peele tiene mucho que decir, y lo condensa en una obra que tiene la virtud de ir atravesando géneros, personajes, tópicos, historias y subtramas para mostrar que todo ese reguero de ideas que le bulle en la cabeza tiene cabida en su producto. Porque demuestra una habilidad insólita, que quizás hasta ahora no había alcanzado (o no había querido alcanzar), en crear algo multiforme y extraño, un poderoso híbrido como la amenaza que sobrevuela a los protagonistas que es capaz de sorprender y abrumar a partes iguales.

Nop no sólo es una obra impecablemente rodada a nivel técnico, sino que prácticamente todo en ella es digno de mención. Su guion está tan asombrosamente bien construido que resulta de una precisión milimétrica a lo largo de todo su desarrollo, para finalmente ensamblar todas sus piezas en algo inesperado a varios niveles. No sólo hace encajar todos sus coletazos, sino que se entretiene en desplegar una sucesión de narrativas cambiantes. Bucea entre el terror alienígena, se adueña de la típica película con depredador, compone momentos de drama familiar sureño, nos sumerge en una perturbadora odisea y termina coqueteando con el western puro y duro.

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Para todo esto que estamos enumerando, además, se atreve a tomar prestados elementos de cintas canónicas. Podemos ver algunos momentos reminiscentes de Spielberg y sus Encuentros de la tercera fase; se intuye un homenaje a algunas secuencias y al diseño sonoro de Tiburón; recordamos las Señales de Shyamalan e incluso algunos afirman que han creído ver a Herzog o Tarantino en el batiburrillo estilístico. Como remate, también baraja los resortes del puro suspense de Hitchcock.

Los evoca a todos sin parecerse en realidad a ninguno. Porque el diseño del filme de Peele hace que su obra tenga algo que la hace única. Por desconcertante, poderosa, absorbente, metafórica y pergeñada de imágenes audaces y sobrecogedoras, parece que Peele ha rodado uno de esos blockbusters que no serán del gusto de todos los públicos.

Es cierto que sus aspiraciones metafísicas en algún momento se empañan con lo que sucede en pantalla, y quizás haya algún otro momento que precisaría de mayor cohesión. Pero también seríamos demasiado mezquinos si nos detuviéramos en estos, porque el viaje a lo desconocido sin cinturón de seguridad que nos propone Peele hace que se confirme como uno de los grandes hechiceros de estos nuevos tiempos.

Perdonen el chiste fácil, pero Nop es un sí rotundo.

Escribe Ferran Ramírez

Más información sobre el cine de Jordan Peele:
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Cine y racismo: Déjame salir 

  

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