Hechos probados (3)

  06 Septiembre 2022

Un largo y penoso acoso

hechos-probados-0En diciembre de 2015 Agapito García Sánchez fue señalado por Hacienda como el mayor moroso de España, a partir de cuya historia Alejo Moreno demostró que la Agencia Tributaria (A. T.) abusa de su poder. Por eso este documental ha sido ignorado en los circuitos oficiales y ninguneado por las cadenas de TV.

Corría el 23 de diciembre de 2015 cuando el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro publicó su primera Lista de morosos. Estar en esa lista era algo fatal, pero estar el número uno era tremendo. En el número 1 figuraba un señor desconocido: Agapito García Sánchez. El documental cuenta su terrible historia de ruina y sufrimiento físico y mental, que a la vez podemos considerarla como la metáfora del padecer irracional de todo un país.

Recuerdo que hace años leí con absoluta entrega la famosa novela de Franz Kafka El proceso, una obra inacabada del célebre autor checo publicada en 1925 de manera póstuma. En el relato, el protagonista Josef K. es arrestado por algo que desconoce y desde ese momento se va metiendo cada vez más en una pesadilla para defenderse de algo que nunca se sabe qué y con argumentos muy inconcretos. La burocracia, la frustración o la soledad se ciernen sobre Josef K., creándose así un clima de angustia y de inaccesibilidad a la justicia y la ley.

Pues bien, este documental nos va revelando a García Sánchez cual versión contemporánea de la obra kafkiana; el drama de un ciudadano frente al despotismo y la saña de los mecanismos del Estado y de su administración.

Con una excelente dirección y guion, Alejo Moreno pone en evidencia en su interesante, detallado y documentado análisis, el alarmante envilecimiento de las garantías ciudadanas frente a la Agencia Tributaria. La idea de que cualquiera de nosotros podemos ser Agapito. Cómo la A. T. juega con enorme ventaja y con un poder omnímodo sobre el contribuyente. En el caso de esta cinta, como declara Moreno, Agapito libró «una pelea de David contra Goliat».

El ejemplo de Agapito García Sánchez, que en 2020 lograría la exoneración de un delito de fraude por el que la Fiscalía pedía cuatro años de cárcel, fue una causa principal que impulsó a Moreno a realizar este documental. El otro fue la llamada Declaración de Granada: un documento publicado en 2018 y firmado por 35 prestigiosos catedráticos de Derecho Financiero y Tributario, en el que se ponía de relieve que Hacienda contempla a los ciudadanos como «súbditos».

Incluso, en algún punto del filme, uno puede llegar a pensar que la Hacienda pública, núcleo central del Estado, está muy enferma; y si ese núcleo central o corazón del Estado está enfermo, todos somos parte de la enfermedad, todos estamos enfermos y esperando que nos llegue el tiempo del internamiento hospitalario, físico o mental. Como en el caso del protagonista.

hechos-probados-5

Hechos

Empieza la cinta hablando de los muy humildes orígenes de Agapito quien, proveniente de La Guardia (Toledo), pasó por empleos también humildes como botones de un banco. Antes de los 30 años era ya apoderado de la entidad. Cumplida la treintena montó su primera empresa: Edeconsa, dedicada al negocio de la grava en Aranjuez. A lomos del ladrillo se hizo rico en los 80. Al finalizar esa década se vio venir la competencia que se avecinaba procedente de la Unión Europea, en la que España acababa de ingresar, y decidió vender. Ahí empezó lo que él llama su calvario.

El conflicto tiene su origen en la venta de la gravera, por la cual la Agencia Tributaria levanta un acta, dando por bueno el perverso principio de la «presunción de validez» del Estado (A. T.) contra un ciudadano indefenso, que se ve obligado a presentar batalla en un terreno difícil, desigual y con unos medios muy limitados para el encausado. Lo cual implica una desviación o perversión del poder del Estado frente a un hombre con escasísimo margen de reacción.

Nos expone el documental muy claramente cómo los inspectores de Hacienda ganan una comisión por cantidades fiscalizadas. Esto supone de facto que no es algo que hagan sus pesquisas por el bien común, sino para beneficio particular. Ello rompe el cabal sentido de lo que debe ser la función pública, del punto y hora que el afán de lucro va contra el principio de objetividad. Imaginemos que un profesor cobrara un plus por suspender o un juez cantidades extraordinarias por absolver o condenar. Sería una locura (no digo que a veces no ocurra).

Cuando los inspectores ven que van a vencer los plazos para el cobro, suelen demandar al supuesto implicado en un expediente, como sucedió con Agapito, a la vía penal. Y lo hacen injustificadamente (para ampliar los plazos). Una demanda así es una perversión que atenta contra la «presunción de inocencia», como el documento bien explica.

Además, ocurre que el fiscal no discute la veracidad de Hacienda, porque no entiende nada de impuestos, y se deja llevar por el criterio de la Agencia Tributaria.

Lo que debería de ocurrir, pero no es así, es que si la administración pública no está convencida de que algo es delito, no debería remitirlo nunca a la jurisdicción penal y hacer sufrir al administrado todo un largo proceso, y condenarlo a la muerte civil y administrativa. A su vez, en este caso la A. T. está atentando contra el sistema de libertades, por derivar al encausado a un sistema más serio, penoso y que estigmatiza, como es la vía penal. O sea, con esta manera lo que pretende la Agencia Tributaria es recaudar de la forma que sea, pues las causas de Agapito, ni siquiera eran fraudulentas o fuente de delito.

Continúa la cinta explicando el tema de la «maquinaria». Tres años después la de la apertura de diligencias (1999) la jueza de instrucción decide que se celebre el juicio contra Agapito. Le impone una fianza de 500 millones de pesetas (9 millones de euros), que debe sufragar antes de la vista oral, de lo contrario, procederían al embargo de sus bienes. Tiene que hipotecar, buscar avales, fianzas, etc., para hacerse con el dinero, con las subsiguientes costas. Y las cosas siguen así: 1996, denuncia penal por el año 1990; 1999, se abre vista oral; 2000, primera sentencia penal; 2002, segunda sentencia penal.

hechos-probados-6

Observamos que la duración de la vía penal es de 6 años. La sentencia aclarará que no hubo delito; también que no hubo simulación de contratos ni infracción tributaria alguna.

En 2006, Agapito recurre a la Audiencia Nacional que admite a trámite el recurso. En 2009, una sentencia le da la razón… pero hay recurso al Supremo. Agapito dice sentirse impotente para luchar contra el orden establecido.

En todo este proceso injusto y kafkiano Agapito es diagnosticado de Trastorno Depresivo Grave (desde 2005) por indefensión y la desesperanza ocasionada por los problemas judiciales. Hay evidencias claras de tendencia al suicidio (ingresos hospitalarios). En 2012 ingresa de nuevo en el psiquiátrico, esta vez por orden judicial. Tres meses después de salir recibe la sentencia del tribunal supremo: nada.

Pero la Agencia Tributaria continúa. Recurre también una sentencia al Tribunal de Estrasburgo y la cinta nos muestra al pobre Agapito montando en bicicleta de montaña, jadeante, con perros atrás. Pero tras este cansancio están las farsas políticas, el déficit público y toda esa pamema. Sin embargo, en vez de archivar la causa reabren el procedimiento administrativo de 1989.

Una implacable máquina de relojería aparece de manera permanente en todo el metraje junto a una inquietante y sugerente música de Ismael Viñoly y una genial fotografía de Irene Cruz.

El cuarto paso lo llama el director Leviatán. Esa bestia marina a la que se refiere la Biblia en el libro del Génesis, una criatura que representa el caos y el mal. O sea, hay que pagar lo que diga la inspección, aunque con los años un juez lo decida improcedente. Si con el tiempo se revela improcedente, Agapito ya ha pagado, el inspector ya ha cobrado su comisión y será más que difícil la restitución de lo abonado.

Agapito es el número uno, el gran moroso, pero no representa ninguna gran empresa, ninguna multinacional, no es ningún deportista de élite o artista de pro, ningún Mario Conde o Rodrigo Rato, cae en desgracia y lo pierde todo.

hechos-probados-4

Concluyendo

Este es un documental valiente, una obra que abre los ojos para darnos cuenta del país que habitamos. Yo he podido ver esta película porque un amigo me envió un enlace que caducaba al poco. Ninguna, cadena y pocas salas, según me han dicho, han proyectado la cinta. En una época en que las plataformas nos obsequian con documentales de tendencia progresista para denunciar injusticias, ninguna refiere ni por el forro la extorsión fiscal a Agapito, que es a la que estamos sometidos todos, e incluso la pérdida de libertad que decía Fromm.

La sensación de hastío e impotencia que queda al ver el maltrato a este empresario es angustiosa. Un documental redondo, sonido muy bien hecho, planteamiento claro. El mensaje es: el Estado puede ejercer una presión insufrible sobre los ciudadanos, que incluso pueden perder sus derechos, por mor de los privilegios de que gozan los órganos de la Administración ejercidos por estos de manera arbitraria: el abuso del poderoso.

¡Ojo! Sabemos que hay que pagar impuestos por el bien de la sociedad. Por lo tanto, esto no quita para que, si alguien se comporta ilegalmente para eludir pagar a Hacienda, se tomen las oportunas medidas, pero con garantías para el ciudadano.

El director del documental lo hace perfecto: informa y entretiene. Es absorbente, está muy bien documentado, recurriendo a un gran número de entrevistas breves pero sustanciosas, con expertos relevantes en todos los temas que toca la historia de Agapito.

El documento está plagado de comentarios de insignes abogados, juristas, catedráticos en Derecho Financiero, profesores de Derecho Tributario, magistrados del Tribunal Supremo, inspectores de Hacienda —ya jubilados— y otras ilustres personalidades del la Judicatura y las leyes, que nos van aclarando mucho mejor de lo que lo puedo hacer yo, tamaña iniquidad como la que se narra. Y por supuesto el testimonio básico del mismo Agapito García Sánchez.

hechos-probados-2

Final

En su momento, García se sentó en el banquillo de la Audiencia Provincial los días 13 y 14 de febrero de 2020 y declaró. «Voy a morir luchando contra la Agencia Tributaria. No tiene ninguna credibilidad».

En el diario El País de fecha 24/04/2020 se pudo leer: «Absuelto el mayor deudor de España de un delito contra Hacienda. La Audiencia Provincial de Madrid asegura que la Agencia Tributaria no ha justificado en ningún momento ningún enriquecimiento ilícito de Agapito García Sánchez». Habría para más, pero lo dejamos en este punto.

Un hombre que, como el Josef K. de El proceso, sufrió durante décadas lo indecible. Perdió honra y honor, hacienda e incluso su salud mental, y más de treinta años de su vida, batallando contra el monstruo de la irracionalidad y la persecución implacable de la burocracia sin límite y la injusticia sin par de la Agencia Tributaria.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

hechos-probados-1