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  10 Septiembre 2022

Película deportiva emocionante y entretenida

42-segundos-0Poco antes de las olimpiadas de Barcelona 92, la Selección Española de waterpolo apenas se le pedía que jugara un papel digno en la competición, y poco más. Carecían de preparación y necesitaban un revulsivo para dar la talla… y más; al menos no hacer el ridículo jugando en su propia casa.

La cinta cuenta la historia veraz de esta selección española durante el lapso que va desde marzo del 92 hasta el final de los Juegos Olímpicos de Barcelona en agosto de ese mismo año. Lo hace siguiendo el esquema históricamente conocido, pero con algunas variaciones que resultan dignas de analizar.

La solución a este grupo de jóvenes sin liderazgo vino de la mano de un nuevo entrenador: Dragan Matutinovíc conocido como el Ogro,- pero con una filosofía deportiva sin la cual la tal selección nunca habría competido con la cohesión y el espíritu de equipo con que lo hicieron.

Dragan, aún con unas técnicas que hoy serian seriamente reprochables, logró identificar las debilidades de sus jugadores para transformarlas en fuerza. Un tipo duro con directrices de trabajo al límite: disciplina, trabajo y abnegación al máximo. Además, la selección contaba con dos líderes enfrentados por su manera de ser y de entender este deporte: Manel Estiarte y Pedro García Aguado.

Pero con los duros entrenamientos, un esfuerzo casi por encima de las capacidades humanas, la convivencia, el trabajo en equipo y el apoyo de España entera, los jóvenes deportistas pudieron ir más allá de sus posibilidades iniciales, desarrollar sus potencialidades y demostrar al mundo que se pueden alcanzar metas más allá de donde nunca habían podido imaginar. Esto cuenta este filme.

Según esta cinta, pocos deben ser los equipos sobresalientes en la historia del deporte, que hayan tenido en su componente humano un material dramático-real tan complejo y con un amplio abanico de posibilidades cinematográficas, como la Selección Española masculina de waterpolo de los años noventa. Principalmente en el transcurso de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

Estiarte, su capitán y mejor jugador, llevaba consigo el fantasma de una tragedia familiar de proporciones oceánicas (lo cual no desvelo) y Pedro García Aguado, uno de los grandes jugadores de este deporte en ese momento, es todo un adicto a sustancias tóxicas, no sólo insanas, sino incompatibles con los habituales controles deportivos.

La dirección de Álex Murrull y Dani de la Orden (guion Carlos Franco) tiene su mérito y con sus manos y batuta han construido una película que cuando le toca filmar escenas de juego no desentona lo más mínimo y cuando aborda el lado humano de los personajes lo hace con sensibilidad y credibilidad. Un ejercicio de nostalgia y épica, a partes iguales.

Más aún en un deporte tan poco popular, inusual y vertiginoso como el waterpolo. Entonces, en lo que habría podido parecer un salto al vacío o a ninguna parte, los directores consiguen mantener la emoción del espectador y la tensión hasta el último segundo. Con lo que demuestran que, en ocasiones, de las derrotas pueden surgen grandes historias.

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De hecho, esta cinta cuenta una derrota en semifinales (el partido de waterpolo más visto en la historia de este deporte por su intensidad, calidad y emoción: ¡hasta tres prórrogas!), pero no un fracaso; más bien una derrota de las que hacen equipo y que con el tiempo, cuatro años más tarde, sería una super victoria de medalla de oro en Atlanta.

La cosa fue que el severo y firme seleccionador Matutinović iba a romper la jerarquía del equipo al introducir junto a los jugadores catalanes ya consolidados a nuevos waterpolistas provenientes de Madrid, jóvenes capaces, dotados físicamente pero también muy engreídos.

Todo ello produce un choque cultural entre ambos grupos que por momentos acaba en dientes rotos y salpicones de sangre en la piscina. Pero también y a la vez una bonita amistad entre Manel Estiarte (Álvaro Cervantes) y Pedro García (Jaime Lorente), dos estrellas del equipo con traumas y problemas que deben solventar y superar.

En los aspectos técnicos subrayo una gran fotografía de Pau Castejón, que a veces incluye documentos reales de aquellos momentos dorados para el deporte español como fueron las Olimpiadas Barcelona 92. Pero, sobre todo, que junto con la dirección realiza una labor encomiable, jugando con una interesante paleta de colores (sepia cuando entrenan en Andorra, más colorida en la parte final) y con una factura técnica más que efectiva. Especial mención merece el montaje (memorables escenas de los entrenamientos) y atención a la selección musical de Oscar Araujo.

El reparto es más que solvente, destacando Álvaro Cervantes y Jaime Lorente, como protagonistas: los jugadores Estiarte y Pedro; Tarik Filipovic como entrenador, muy bien; y unos actores de reparto muy acertados como Cristian Valencia, Alez Maruny, Artur Busquets, Pep Ambrós, Santos Adrián, Marc Bonnin, Eduardo Castresana, Alfons Nieto, Roger Casamajor, Julia Lara, Elisabet Terri, Xesc Cabot, Bárbara Mestanza y Joan Sentís.

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Es un filme cuya fuerza parte de la unión de un grupo de deportistas, centralizada sobre todo en la relación de dos de ellos, y lo hace con tensión y suspense acuático en aquella comentada en su momento final olímpica.

Los directores Murull y De la Orden hacen un subrayado de la heroicidad de aquellos atletas y el descubrimiento de un equipo grande al que aún, en años posteriores, les lloverían grandes victorias. Amén del alzaprimar la necesidad que existe en todo equipo, en todo grupo, de aceptar que en nuestras debilidades está el germen del triunfo.

Obra muy conseguida en lo dramático, de las que dejan huella en el espectador, que consigue atrapar precisamente desde los conflictos y dificultades de algunos de sus personajes. Por lo tanto, no necesita abusar de la épica, al menos hasta su parte final donde este extremo es prácticamente imprescindible.

Pensaba al salir del cine que en esta sociedad y en esta cultura de la facilitación, del buenismo, de la nivelación a la baja en el terreno académico e incluso profesional, donde se prodiga la idea de la felicidad y el bienestar como llovidos del cielo, esta película viene a poner en formato gran pantalla y con escenas incluso duras, cómo, para conseguir metas y objetivos de excelencia es preciso el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio. Ello, tanto para fortalecer la esfera psicológica, la autoestima, como para obtener el nivel de vigor físico que, como es el caso, necesita un buen deportista. Aquí no hay truco, o se pasa el régimen durísimo impuesto por el entrenador, o te vas a casa y fuera de la selección.

Película, pues, emotiva, de excelente ritmo, muy vistosa y entretenida, y para aquellos que no conozcan los hechos que aquí se narran, quedarán gratamente sorprendidos. A veces cae en el tópico, lo cual no resta valor cinematográfico al conjunto.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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