Persuasión (1)

  15 Septiembre 2022

Poco sentido y escasa sensibilidad

persuasion-0Decía Virginia Woolf que la grandeza de la obra de Jean Austen era de las más difíciles de captar; y mucho más lo será para quien se fie de adaptaciones como la que ahora nos llega, distribuida por Netflix, sobre su obra más melancólica.    

La directora teatral Carrie Cracknell debuta en el largometraje con Persuasión (2022) una versión poco convincente (en forma y fondo) de la obra póstuma de Austen en la que no ha dudado en pervertir el espíritu de la novela de referencia sin el menor pudor, en aras de una mayor comercialidad, para llegar a una audiencia más joven, más amplia y menos escrupulosa.

Novela y película difieren en enfoque y espíritu. El intento de mezclar influencias de series desenfadadas y de éxito, como Fleabag y Los Bridgerton, y retroalimentarse de los excesos de Bridget Jones, intentando aportar modernidad a un texto clásico, perfectamente accesible, no consigue equilibrar sensibilidades tan dispares. 

Persuasión cuenta la historia de Anne Elliot (Dakota Johnson), una joven de veintisiete años, soltera, que lleva una vida anodina y aburrida desde que hace ocho años fuera persuadida por su madrina Lady Rusell (Nikki Amuka-Bird) para que rompiera su relación con el capitán Frederick Wendworth (Cosmo Jarvis), un marino sin fortuna ni posición, a quien todavía ama.

Anne vive en la residencia familiar de Kellynch Hall totalmente ignorada por su vanidoso padre sir Walter Elliot (Richard E. Grant) y su insulsa hermana mayor e hija predilecta, Elizabeth (Yolanda Kettle). El despilfarro de ambos está arruinando a la familia que se ve obligada a trasladarse a una casa más pequeña en Bath y alquilar la propiedad. El nuevo inquilino es el almirante Croft y su esposa, hermana del capitán Wendworth, el cual regresa ahora, rico y distinguido, dispuesto a encontrar una esposa agradable que sea capaz de conquistarlo. La candidata perfecta parece Louisa Musgrove, cuñada de Mary (Mia McKenna-Bruce), la hermana menor de Anne.

Obligados a frecuentar el mismo círculo social, Anne y el capitán se muestran contenidos y distantes. Él hace todo lo posible por mostrar una indiferencia y frialdad que está muy lejos de sentir. Ella por su parte, aún no ha perdido la esperanza. Distintos acontecimientos propiciarán que pongan a prueba la realidad sobre sus verdaderos sentimientos.  

Adaptaciones de Persuasión

La obra de Jane Austen es una de las más adaptadas al cine y la televisión. La entretenida trama de sus historias, su temática ligera y de apariencia intrascendente, sus inteligentes y mordaces diálogos, su visión satírica de la realidad, el retrato afilado de los personajes… sumados a una estética visual y cuidada ambientación en hermosos enclaves y parajes de la campiña inglesa… hacen muy atractivas sus versiones para los amantes de su literatura y para el público en general. Todas sus novelas cuentan con varias adaptaciones y Persuasión, no es una excepción.

La primera de ellas fue la miniserie de televisión, de cinco capítulos, dirigida por Howard Baker en 1971, producida en Reino Unido por Granada Television para la ITV, con Ann Firbank como Anne y Bryan Marshall como el capitán Wentworth.  El guion era de Julian Mitchell y tenía una duración total de 225 minutos. Obtuvo buena acogida.

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La versión cinematográfica dirigida por Roger Mitchell en 1995, con guion de Nick Dear y protagonizada por Amanda Root (Anne) y Ciarán Hinds (capital Wentworth) es considerada la versión más fiel y convincente de la novela hasta la fecha. Los personajes están muy bien retratados e interpretados con naturalidad, utiliza gran parte de los diálogos originales abreviados, recrea con cuidado el estilo de la época e introduce algunas variaciones (como la escena del administrador acosado por los acreedores -rescatada para la versión actual, exagerándola-, dos escenas nuevas en el desenlace y los dos finales que escribió Austen para la novela) que no desentonan. El tono realista que Mitchell imprime a la producción, incluso con escenas rodadas cámara en mano, acentúan la proximidad del espectador con la historia. La película contó con gran aceptación de crítica y público.

Hay otra adaptación para televisión, también notable de Adrian Shergold, de 2007, con guion de Simon Burke, producida por la BBC, con Rupert Penry-Jones como el capitán Frederick y Sally Hawkins como Anne Elliot, papel con el que consiguió el premio de TV del Festival de Montecarlo y el de la Royal Television Society.

Hawkins es una actriz portentosa que «habita cada centímetro de los papeles que interpreta», dijo el propio Shergold, entonces. La actriz, enamorada de la autora inglesa, interiorizó el papel de Anne, a quién identificó con la propia Austen, y dotó al personaje de cualidades comunes a ambas: reservada, refinada y divertida.

A la convincente versión de Mitchell solo le faltaba el acceso a la interioridad de Anne. Shergold lo aporta en su adaptación utilizando el recurso narrativo del diario para dar voz a la intimidad de la protagonista, lo que unido a la ruptura de la cuarta pared, en momentos concretos, facilitan a la audiencia la conexión con los intensos sentimientos y reflexiones de Anne.

Esta última versión de Cracknell, con guion de Ron Bass y Alice Victoria Winslow, toma prestados hallazgos de las adaptaciones anteriores, hiperbolizando su magnitud y abusando de algunos de ellos. Sin respetar el tono sombrío del texto original, convierte la historia en una parodia superficial sin gracia ni encanto.

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Persuasión de Jane Austen

Persuasión es la última novela completa de Jane Austen (1775-1817). Comenzó a escribirla en agosto de 1815, poco después de Emma, y un año después el 18 de julio de 1816 estaba terminada. No obstante, fue publicada póstumamente en 1818.

En esta novela vio Virginia Woolf un cambio de rumbo respecto a toda la obra anterior de Austen, no solo en la expresión de su sensibilidad hacia la naturaleza sino en su actitud ante la vida donde se aprecia la posición de una mujer desgraciada pero comprensiva a la que no importa ya demostrar sus sentimientos.

Persuasión es quizás la novela más romántica y melancólica de la autora inglesa, impregnada en parte, según sus biógrafos, de su última experiencia amorosa, a la misma edad que la protagonista, con un malogrado joven, que murió antes que la relación se consolidara. Guarda también muchas otras similitudes con su vida personal y familiar (dos de sus hermanos eran marinos, conocía y había vivido en algunas de las localizaciones de la novela, etc.), pero sobre todo aflora ese trasfondo sobre su propia interioridad expresada a través de su personaje más complejo.

Anne es «callada, observadora» (como la define Austen), sensata, inteligente, culta, refinada, crítica, sensible y generosa. No juzga a las personas por su clase o posición social, escucha a quienes requieren de su buen juicio y sensatez, sabe lidiar con un padre estúpido y engreído que la menosprecia y unas hermanas ridículas y egoístas. La autora no duda en proveerla de todas las virtudes posibles incluida la fidelidad. Resignada ya a la soltería no ha aceptado a ningún otro pretendiente desde su ruptura con Wendworth. 

En su etapa juvenil poseía lozanía y belleza, ocho años después es una mujer delgada y apagada, poco interesada por la vida social, que disfruta de la naturaleza, las cosas sencillas y leyendo a los poetas románticos.

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Los sentimientos de la protagonista centran el interés narrativo de la historia por primera vez en la obra de Austen. Ninguna de sus heroínas anteriores ofrece acceso a su intimidad como lo hace Anne Elliot. Quizás, porque ninguna de ellas tiene su madurez, su experiencia. Elizabeth Bennet, Elinor Dashwood, Emma Woodhouse… tienen entre dieciocho y veinte años cuando se desarrolla la historia de Orgullo y prejuicio, Sentido y Sensibilidad y Emma… respectivamente. Anne, en cambio, es una joven de veintisiete años, que ha tenido tiempo para reflexionar sobre sus decisiones. Su historia de amor ocurrió en el pasado, un verano luminoso de años atrás, cuando era joven e influenciable y renunció a su felicidad.

Persuasión se desarrolla durante el otoño y culmina en invierno en un marco melancólico ausente en sus obras precedentes, cuando sus heroínas eran jóvenes y entusiastas y sus sentimientos florecían en primavera.

La autora utiliza la naturaleza como espejo del estado emocional de Anne y de su propia voz interior como si presintiera el final de un ciclo literario y vital en el que dar rienda suelta a sus sentimientos más profundos. Jane Austen enfermó poco antes de acabar la novela y aunque aún le quedó tiempo para empezar la siguiente (Sandinton), los escasos capítulos que dejó están en otra órbita. 

La historia de Persuasión es contemporánea a la vida de la autora. La acción se sitúa en 1814. Se ofrecen todo tipo de datos para situarla con precisión (año de nacimiento de los personajes principales, fecha del compromiso entre Anne y Frederick, el tiempo transcurrido desde entonces…) porque quiere dejar claro que habla de la sociedad de su época, con su mentalidad, sus prejuicios, su idiosincrasia.

No le gustaba implicarse ideológicamente, pero, de alguna manera, lo hacía. En sus novelas no aparecen comentarios políticos, pero no está ausente la crítica social a través de la sátira. La inteligente utilización del humor, mediante la ridiculización de actitudes y personajes, la exposición de comportamientos convencionales y cierta defensa de la racionalidad y sensatez femenina (que el feminismo actual ha querido ver como una tímida vindicación de los derechos de la mujer en una época y entorno marcadamente conservadores), han equilibrado los juicios de valor sobre su obra desde posiciones encontradas.  

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Todas las heroínas de Austen son mujeres sinceras, inteligentes y sensatas, inmersas en familias más o menos imperfectas a cuyos miembros no duda en retratar con crudeza satírica. Como el inmisericorde retrato que hace del padre de Anne: «La vanidad era el comienzo y el final de la personalidad de Sir Walter Elliot», preocupado por su apariencia personal «más que la mayoría de las mujeres» y más satisfecho por su posición social «que el valet de cualquier lord recién nombrado»; de la mezquindad que muestra Elizabeth cuando sugiere ahorrar eliminando los donativos caritativos y el regalo de Anne o el egoísmo y estupidez que exhibe Mary cada vez que abre la boca.

Tampoco se corta cuando habla de la falta de modales, inteligencia y belleza de Lady Dalrymple y su hija Miss Carteret a quien todos soportan solo por pertenecer a la nobleza. Pero la crítica más cruda es la que hace de un personaje que no aparece en la película (Richard, el hijo muerto de los Musgrove) por su impiedad en la descripción: «…los Musgrove habían tenido la desgracia de tener un hijo difícil e incorregible y la suerte de perderlo antes de que cumpliera los veinte años».

Austen reflexiona, a través de Anne, sobre la vida, sobre asumir las decisiones que tomamos, sobre el papel de la mujer en la sociedad del momento, su rol y el del hombre dentro del matrimonio, sobre el cuidado de los hijos, la familia, la hipocresía social, la constancia de los sentimientos de las mujeres, etc.

Persuasión es su obra más madura y profunda, la más íntima y personal. Anne Elliot es su personaje más expresivo y moderno, pero no tanto como para convertir su vida en un show mediático.

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Persuasión por Carrie Cracknell

«Cómo sobreponerse a la pérdida del amor y no morir en el intento» podría titularse el programa donde la protagonista exhibe ante la audiencia sus penas y pesares actuales, consecuencia de una relación pasada.

Carrie Cracknell, la consagrada y reconocida directoria británica de teatro tiene experiencia en adaptar obras clásicas a una óptica contemporánea. Ha dirigido y colaborado en más de veinticinco obras de teatro (e incluso opera) entre las que hay títulos tan destacados como Casa de muñecas, Electra, Medea, Macbeth… o la recientemente aclamada Sea wall/A life (2019) con cuatro nominaciones a los premios Tony. Algunas de ellas disponibles como película.

Su primera experiencia cinematográfica pura fue el cortometraje Nora (2012) coguionizado junto a Nick Payne, una revisión contemporánea, muy aceptable, del personaje de Ibsen. Ahora filma esta penosa adaptación de Persuasión en la que de nuevo revisa un personaje clásico, modernizándolo, sin abandonar su época de referencia.

La directora ha confesado que se incorporó al proyecto ya con el guion terminado porque le pareció que equilibraba a la perfección el formalismo melancólico del texto original con una visión más accesible y directa de la protagonista. Debió entender por accesible transformar a Anne en una payasa frustrada, alcohólica y, en algunos casos, vulgar, con poses de mujer responsable y refinada en otros que da bandazos según la ocasión. Todo lo contrario a la Anne literaria cuya coherencia es una de sus señas de identidad.

El retrato de Anne que hace la película es frívolo y exhibicionista, una versión entre la protagonista de Fleabag y de Bridget Jones, en una retroalimentación prosaica del personaje inspirado en la propia Anne.

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Helen Fielding se inspiró en Orgullo y prejuicio y Persuasión para crear a la subversiva protagonista treintañera de El diario de Bridget Jones (1996) y Bridget Jones: The Edge of reason (1999), dos best sellers llevados a la pantalla como El diario de Bridges Jones (2001) y Bridget Jones: Sobreviviré (2004) respectivamente, con igual éxito de taquilla. 

Inspirada o no en Anne, Bridget no es Anne, es una mujer con identidad propia, divertida y moderna, en quien casi nadie hubiese adivinado sus referencias a Persuasión, sobre todo en la segunda película de la saga, con secuencias enteras versionadas de la novela.

Hoy en cambio, el camino de vuelta no funciona. Es como si Bridget, disfrazada de época, hiciese un viaje en el tiempo. El resultado es… que no encaja. Lo que en su momento fue una revisión original hoy es una adaptación lamentable.

Imprimir a Anne una pátina a lo Jones no es modernizar al personaje, como dice la directora, es un ejercicio de perversión metareferencial. La Anne austeniana nunca pierde la compostura, actúa siempre con educación, es discreta y amable y no por ello resulta aburrida. 

La exagerada vis cómica de la Anne fílmica dificulta al espectador empatizar con ella en su papel de «solterona liberada» que ahoga sus penas en baños calientes, vino, rabietas contenidas, o explosivas, y largos soliloquios que comparte con el espectador (o con su mascota, un conejo con el que habla y que es otra aportación poco afortunada de este guion) buscando su complicidad; en una ruptura constante de la cuarta pared, que utilizada con moderación habría sido narrativamente eficaz, pero que dado su abuso, molesta.

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La narración en primera persona, transformación del estilo libre indirecto del texto original con esa interpelación directa a la audiencia, es, además, de un elemento empatizador una excusa para su explotación como recurso cómico, como hacía Oliver Hardy en las películas de «El gordo y el flaco» cuando su compañero Laurel cometía alguna torpeza.  

Resulta ridículo ver a Anne comportarse de forma torpe y pueril (pintada con un bigote de mermelada y el cesto del pan en la cabeza para entretener a sus sobrinos), insensata (cuando grita «Frederick» desde la ventana de enfrente en Uppercross, y en una escena al más puro estilo slapstick, cae al suelo y se le derrama la salsa sobre la cabeza), vulgar (bebe a morro, se dispone a mear detrás de un árbol), con una manifiesta falta de modales (arrastra una silla sentada a la mesa en una cena formal), y de discreción (confiesa sin venir a cuento que el marido de su hermana la pretendió antes a ella), etc.

La película convierte la sátira austeniana en humor vacío, la melancolía en comicidad y cuando intenta ponerse seria, los anacronismos frustran el intento y la interpretación complementa el despropósito.

Dakota Johnson no puede hacer mucho por su personaje, se limita a ser fiel a un guion que la estereotipa. Es peor la suerte que le ha tocado al capitán Wendworth, la interpretación de Cosmo Jarvis es plana, insípida y gris. Sin personalidad, sin expresión. Además, no parece cómodo en el personaje. Descontando que la química entre ambos es nula. Como demostración la escena que ambos protagonizan en la plaza de Lyme (ausente en la novela), por el tono melancólico que adquiere la naturaleza como exaltación de los sentimientos de los personajes al más puro estilo del Romanticismo. 

Anne y el capitán, envueltos en la bruma marina, tienen un momento de intimidad en la playa y hablan de su pasado. Él reconoce que ha estado resentido con ella, pero ya no. Le pide perdón por intentar sobreprotegerla. Se halagan mutuamente. Se reconcilian, pero solo como amigos. La conversación se ha desarrollado en planos cortos que se abren cuando él se aleja y ella se queda sola mirando al mar. Anne de despoja del chal y se mete en el agua vestida. Flota haciendo el muerto. Él la mira desde lo alto de una roca y se aleja. Anne sale del agua. La secuencia termina con un plano general de dos gaviotas volando y alejándose en direcciones distintas al que sigue otro gran plano general de la playa desierta.

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Esta estética secuencia de tonalidades frías (grises, azules, morados), en la que incluso el vestuario de los personajes armoniza con la naturaleza, adquiere un significado metafórico sobre la fortaleza del personaje femenino, a pesar de su dolor interior.

La que tenía que haber sido la secuencia más ardiente de emociones contenidas en un paraje natural típicamente romántico es más un espejismo soñado que una realidad empírica. Su intensidad se evapora por la escasa emoción que proyectan los personajes, la ausencia de tensión sexual entre ellos, la falta de convicción de los diálogos y la inoportunidad narrativa por hacer partícipe al espectador de un momento tan íntimo cuando Anne mira a cámara antes de sumergirse en el mar y exclama: «Ahora somos peores que los ex. Somos amigos».

La otra secuencia de ambientación romántica que comparten los protagonistas es la del prólogo y cierre de la película. La pareja protagonista se abraza y besa bajo el cielo azul, recostada sobre un campo de trigo mecido por la brisa, al borde de un acantilado. De nuevo con la naturaleza como marco referencial de su amor, esta vez funciona algo mejor la sintonía entre ambos porque no hay diálogos que interrumpan la demostración de sus sentimientos.

Otros intérpretes, en cambio, dado el tono jocoso de la historia están brillantes en sus caricaturizados personajes, como el vanidoso Sir Walter, la egocéntrica Mary o la insulsa Elizabeth. También resulta muy graciosa la escena de la merienda en casa de Lady Dalrymple, precisamente por su tono absurdo, de parodia.

La falta de rigor no es solo argumental y narrativo, hay anacronismos de todo tipo. Además de los de vestuario y peluquería (no hace falta estar muy versado en moda estilo regencia o georgiana para apreciarlo: boinas, chaquetas modernas, pelo liso, suelto…), los más chirriantes son los de tipo histórico-cultural y lingüístico.

En un intento descarado por acercarse al lenguaje juvenil actual, a imitación de series como Los Bridgerton, el espectador no se sorprende cuando escucha a los personajes valorar a sus semejantes con una jerga tan simplista como: «Dicen que si eres un cinco en Londres, eres un diez en Bath. Así que, en mi opinión, usted y Elisabeth serán dos treces allí» (Mrs. Clay) o «Tú serás al menos un seis, Anne» (Elisabeth). 

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La propia Anne, para referirse a Mr. Elliot en un determinado momento, se expresa igual: «Él es un diez. Y no te fíes de un diez».  O la ya comentada referencia a los ex.

Otro anacronismo muy de moda actualmente es el del casting racial, en un intento por dar una pátina de inclusividad a momentos históricos en los que no existía.  El colmo de este postureo inclusivo se produce en la escena del concierto donde resulta caricaturesco ver representadas a todas las razas del mundo entre la aristocracia inglesa de comienzos del siglo XIX. El equilibrio conseguido por Los Bridgerton en este aspecto entre fidelidad histórico-cultural y licencias creativas y estéticas de todo tipo está ausente en esta adaptación que quiere parecerse a productos actuales obviando a su referente.

Todas las adaptaciones son admisibles si tienen la suficiente calidad para soportar las comparaciones con el original, o para eludirlas si es preciso. Pero la pereza nos invade cuando de analizar productos tan errados se trata, tanto que preferimos reservar energías para cuando la ocasión lo merezca. 

Dicen en el mundo del tenis que cuando un jugador bueno compite con otro menos bueno se contagia de su mal juego. No siempre es así, pero a veces ocurre. De igual forma, la calidad de una película puede contagiar la de su crítica. No es una excusa, pero a veces, ocurre.

Como ocurrirá con esta historia de orgullo y prejuicio, realizada con poco sentido y escasa sensibilidad. Dudamos que ejerza su poder de persuasión sobre espectadores cinematográficos mínimamente escrupulosos.

Escribe Leo Guzmán | Imágenes Netflix

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