El crítico (3)

  09 Noviembre 2022

El crepúsculo de los dioses

el-critico-0Por desgracia los ejercicios de metacrítica de cine son bastante escasos en nuestro país. Bien sea porque es un campo en el que muchos prefieren no asomar la cabeza porque deberían dar muchas explicaciones o bien porque nadie se lo ha planteado, pero lo cierto es que la actividad en peligro de extinción que es la crítica de cine no encuentra un análisis pormenorizado de sus activos.

Hace unas semanas, escuchando un podcast de un influyente crítico argentino que pulula por mil y un festivales a lo largo del año, afirmaba sin temor a equivocarse que el nivel de la crítica hispana a lo largo de los tiempos era y es bastante bajito, sobre todo comparándolo con las plumas eruditas de su país. No va a ser el que esto escribe el que le quite la razón, habida cuenta de que los pibes nos dan mil vueltas a la hora de sentarse y reflexionar sobre las imágenes fílmicas que van viendo.

Quizás entonces no se trate de un problema de ausencia de metacrítica sino de autocrítica. Yo he visto en multitud de certámenes profesionales de la materia autóctonos regalándose alabanzas, abrazos y demás zalamerías, pero me cuesta mucho recordar alguna discusión o encontronazo dialéctico en el que se pusiera en duda la calidad de alguno de sus trabajos.

Y ahí emerge la figura del personaje que nos ocupa y del que se ocupa este interesante documental: Carlos Boyero, amado por unos y odiado por otros, representante último de una época en la que crítica de cine importaba. Envidia sana. Qué tiempos aquellos en los que el pulgar arriba o abajo del escriba dictaminaba el éxito o fracaso de una obra.

Ahora no solo la crítica no sirve para nada, sino que encima los rotativos y demás medios se empeñan en minimizarla aún más. Los jóvenes utilizan medios como Filmaffinity, IMDB o Letterbox para informarse y solo los más viejos del lugar aún leen las columnas de los viernes para buscar pistas que les indiquen hacia qué cine dirigir sus pasos. Carlos Boyero y su crítica semanal en El país sigue siendo el estandarte en este segundo caso.

Pero la calidad de sus escritos, si nos atenemos a términos técnicos, es bastante dudosa, aunque nadie le negará el poder de atracción y el imán de la polémica del que sigue disfrutando aún a día de hoy. Aquí vamos a decir cosas buenas y cosas malas sobre él, mejor dicho, de su figura como crítico de cine.

Nadie puede negar que sus agrios enfrentamientos con la flor y nata de nuestra cinematografía ha atraído a multitud de público que en otro caso no hubiera comprado los periódicos donde escribía. En ocasiones tenía más razón que un santo, y fue el único que se atrevió a alzar la voz para desvelar las vergüenzas ajenas de quienes querían hacer pasar obras maestras auténticos bodrios, mientras que en otros se encabezonaba en nadar a contracorriente de peliculones a los que tan sólo él veía pegas.

En mi caso, odio cada vez que habla mal del cine asiático, porque generalizar siempre es un argumento muy pobre, y la pereza con la que aborda cinematografías lejanas es tal que siempre utiliza los mismos comentarios despectivos. Tampoco es de recibo que se vanagloriara y jactara de haberse largado del cine en multitud de festivales porque se estaba aburriendo, habida cuenta que le estaban pagando por ello.

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Yo mismo escribí enrabietado una carta a la dirección de El país pidiéndoles que me mandaran a mí en su lugar debido a una crónica de Cannes en la que reiteraba sus continuas espantadas. El tema no es que lo hiciera o dejara de hacerlo. Muchos críticos lo hacen, pero no lo cuentan. Lo sangrante es que tomara una actitud chulesca mientras otros profesionales por falta de medios no podían disfrutar del manjar que él rechazaba con sorna.

En el documental que nos ocupa, la voz más crítica, nunca mejor dicho, es la de Beatriz Martínez, alguien que ejerce de azote contra quien considera indigno del oficio. Ella da razones clarividentes que otros callan. He coincidido en alguna ocasión con ella en mesas redondas y debates y suele ser una persona que no elude los charcos y defiende y dignifica su trabajo, lo que normalmente se traduce en controversias por parte de quienes no están de acuerdo con algunos de sus planteamientos.

Otros prefieren nadar y guardar la ropa, deporte nacional que en lugar de enriquecer el debate lo pervierte porque se saben manejando los hilos desde atrás. En el valioso documento que se puede ver en TCM existen otras voces disonantes que también ponen en tela de juicio las formas del protagonista de la función, pero se tratan de críticas más tenues que enseguida son compensadas con halagos y valoraciones positivas.

Otro aspecto interesante del documental es la confrontación patente entre lo viejo y lo nuevo. El Festival de San Sebastián de 2021, lugar donde se grabó el documental, suponía el coletazo de ballena de Boyero en cuanto a su presencia en festivales se refiere. Y su aterrizaje en la sala de prensa fue como el de alguien que hubiera estado hibernado y se hubiera despertado en un futuro que ya no comprende (algo así como lo que le ocurre al García de la divertida serie recién estrenada en HBO Max).

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Suponemos que su inadaptación a la nueva tecnología está un poco exagerada para dar mayor verosimilitud al contraste que se quiere mostrar, pero lo cierto es que la apabullante burocracia fruto de la nueva normalidad postCOVID es para volver loco a más de uno. Para zafarse de tanta problemática qué mejor que refugiarse en una animada cena con uno de sus mejores amigos, Oti Rodríguez Marchante, crítico veterano como él con el que recordará para regocijo del respetable viejas batallas y vivencias (en el doble sentido de la palabra) de tiempos pasados que ya no volverán. Y nos da por pensar que ese elogio de la lentitud que se puede apreciar entre líneas de diálogo cómplice se debería tomar como ejemplo para reflexionar sobre el futuro inmediato de los festivales de cine.

Una cosa es que algunos los utilizaran en su tiempo para justificar sus correrías nocturnas, pero lo cierto es que la actividad frenética que fagocita cualquier posibilidad de sentarse a hablar sobre cualquier película vista en cualquier festival es un obstáculo insalvable para quienes poseen las herramientas necesarias para actuar de prescriptores, analistas e incluso correveidiles que ayuden a los legos en la materia a la hora de escoger cuáles son las propuestas más ricas que se derivan de las numerosas proyecciones a las que asisten.

Y para finalizar, tres apuntes más: el primero es que vale mucho la pena atender a la trayectoria vital y profesional de Carlos Boyero desmenuzada en imágenes con elegancia y concreción; la segunda es que ojalá más críticos o cineastas se atrevan a plasmar en sus obras ejercicios de metacrítica como el realizado por Juan Zavala en El crítico; y la tercera es que en nuestro país existen y han existido excelentes críticos de cine, algunos de los cuales aparecen en el documental y otros aún no tienen la cancha suficiente para visibilizar sus escritos.

Como diría aquél: la culpa es del gobierno, y es que la cultura española está tan denostada que las trabas no les dejan ver la luz del día. Habrá que seguir a pico a pala mientras los necios se llenan la boca con leyes políticamente correctas que no sirven para nada.

Escribe Francisco Nieto

  

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