Benediction (4)

  20 Noviembre 2022

Mirando hacia atrás con dolor

benediction-0Cualquier nuevo título de Terence Davies es bien recibido. Sus (escasas) películas realizadas son profundos análisis sobre unos personajes y una época.

Distantes, por las dificultades que encuentra para producirlas, no son, como señala el título de su primer largometraje, Voces distantes, porque sean distantes sino cercanas, certeras reflexiones sobre los seres humanos y su relación con un mundo difícil, doloroso… en el que la muerte espera al final del camino. Dolor, angustia, insolidaridad, búsqueda de un amor nunca pleno… son temas que se encierran en una filmografía corta pero intensa, sugerente, admirable.

El director

Terence Davies es sin duda uno de los mejores directores del actual cine inglés. Nacido en Liverpool en 1945, dentro de una familia católica y trabajadora, fue el menor de sus diez hermanos. Al terminar la escuela trabajó durante unos diez años en una oficina de transportes, ejerciendo como contable.

En cuanto pudo salió de Liverpool para asistir a las clases de Conventry Drama School, donde comenzó a escribir guiones que se convertirían en sus primeros cortos autobiográficos, que agrupados pasarían a formar su filme, The Terence Davies Trilogy, formada por Niño (1976), Virgen con el niño (1980) y Muerte y transfiguración (1983).

Cuando rodó la tercera parte ya se encuentra estudiando en la escuela de cine. Su largo, formado por los tres cortos, es sin duda un reflejo inventado o transfigurado de su propia vida. De lo que sería como empleado de aquella oficina de transporte. Una vida gris que termina, como todas, con la muerte. El sentir, entonces, de su propia muerte. Un tema que le obsesiona y que de una manera u otra aparecerá en su obra posterior.

A partir de estos tres cortos, su relación con el cine es esporádica. No está dispuesto a realizar lo que le imponen. Sólo dirige aquellos filmes que le interesan por lo que su trabajo como realizador ha sido my limitado.

Su primer largometraje, como tal, es Voces distantes. El último, Benediction. Ambos están separados casi veinticinco años y en todo este tiempo no ha llegado a realizar más de una docena de filmes, a pesar de su enorme saber fílmico, la mayor parte de los cuales con un claro planteamiento autobiográfico.

Sus dos primeros títulos, tristes, se adscriben a esa historia personal de niño solitario, huidizo, apartado de sus compañeros que ignoraban —o apartaban— a quien no era como ellos en aquel Liverpool aparentemente libertario, ya que a su clase social unía el estigma de católico y lo que era aún peor, de homosexual. Su refugio, como proclama El largo día acaba, lo encuentra en el cine (1992).  Antes ha realizado Voces distantes (1988), en realidad como si fuera una primera parte del filme posterior.

Sus dos siguientes, La biblia de neón (1995) y el excelente (¿acaso no lo son todos los que ha realizado?) La casa de la alegría (2000), se basan respectivamente en novelas de John Kennedy Toole y Edith Wharton.

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A continuación intenta realizar Sunset Song, basada en la novela de Lewis Grassic Gibbon, pero los problemas se multiplican. Su idea era producir un filme internacional, pero no es posible, a los inversores las ideas de Davies no les interesan. El proyecto queda en eso cuando la BBC, Channel 4 y UK Film Council rechazan producir la película.

Mientras trata de lograr el dinero, produce dos obras para radio: A walk to the Paradise Garden, un guión original, que emite BBC Radio 3 en 2001, y la adaptación, en dos partes, de Las olas, de Virginia Woolf, que emite BBC Radio 4 en 2007.

No ve el momento de rodar un nuevo título, así que plantea un documental sobre la ciudad en la que nació, Liverpool. Se titula Of time and the City (2009). Para realizarla utiliza imágenes de noticiarios, música (¡cómo no, si Liverpool es la ciudad de Los Beatles!). Una película dominada por el ruido y por la furia que le produjo su ciudad, pero también, en ella se aúna la querencia por el lugar donde nació.

En 2011, inspirada en una obra del dramaturgo Terence Ratigan (1911-1977) realiza The Deep Blue Sea, donde vuelve sobre una sociedad cerrada, opresiva, donde una mujer intenta encontrar el verdadero amor enfrentada al mundo que la encierra.

Su cine es demasiado personal, frío, dicen, para que pueda conectar con la comodidad de unos espectadores cada vez más perezosos, más lanzados hacia películas evasivas y, en muchos casos, tontorronas.

Y Davies que lucha contra un cine adocenado, deberá encargarse de dirigir una obra de teatro en el Teatro de Wyndham. Nada menos que Tío Vania, de Chejov, esa obra que ha seducido a todos realizadores y cuyo montaje ha dado lugar a esa gran película del importante director japonés Rysûsuke Hamaguchi, Drive mi car.

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Davies no cesa con su interés por rodar Sunset Song, ese proyecto que le viene obsesionando desde hace años. Al fin logra realizar el filme donde la guerra, uno de esos temas que le obsesiona, es el conductor de parte de su obra: el dolor de una contienda. Pero el filme realizado en 2015 es, a pesar de su paso por algunos festivales de cine, un fracaso comercial. Y la crítica no lo trata nada bien.

Pero en ese momento —al contrario que en ocasiones anteriores—, su siguiente película no se hace esperar, pues sólo un año después realiza Historia de una pasión, un biopic sobre Emily Dickinson (1830-1886), poeta y escritora americana, gran admiradora del gran escritor, y coetáneo, Henry James.

Una película que no sigue, ni mucho menos, la estructura clásica de un biopic. A Davies le interesa la historia de una mujer que ya desde niña es reconocida por su talento a la hora de escribir, pero a la que un problema emocional la llevó a dejar los estudios y aislarse de la sociedad para dedicarse a escribir sus poemas. En vida únicamente se publicaron aproximadamente una docena de los más de mil quinientos que escribió.

No es raro que a guerra de secesión —que duró desde 1861 a 1865— y la muerte posean una gran importancia, además de que por su duplicidad sexual fue condenada por la sociedad en la que le tocó vivir.

Davies, sabe de lo que habla, porque Emily vivió en una sociedad cerrada, puritana, y debido a sus pasiones amorosas, no siempre de acuerdo a la normalidad, intentó defenderse de aquel mundo opresivo, escribiendo y… encerrándose. Mucho que ver con el propio realizador, que sin duda expresa sus pesares y su vida bien directamente a través de su vida o de otras que toma como espejo. Las poesías de Emily, muchas de ellas dedicadas a su amante, antigua compañera de colegio, y casada con su hermano, fueron publicadas gracias a la hermana pequeña de la poeta, que encontró los originales que Emily había escondido.

Un poeta: una vida frustrada

benediction-000La última película de Terence Davies, realizada cinco años después de Historia de una pasión, es un nuevo biopic, Benediction, pero alejado de cualquier planteamiento tradicional. Una forma novedosa de narrar la vida de un artista, en este caso del poeta inglés Siegfried Sassoon (1886-1967) un personaje complejo, afín por tanto a los que pueblan todo su cine, y que se reflejan en la propia complejidad de Davies, compartiendo como ellos la soledad, la angustia de vivir, el rechazo de la sociedad, el ansia de amar, la angustia ante el paso del tiempo, la presencia de la muerte.

Un ser que, en la película, sufre el abandono de los amores que quiso mantener, el desgarro del sufrimiento por la guerra que todo lo trastoca, la rebeldía contra un tiempo que se va, contra la injusticia. El poeta inglés comparte con Davies algo importante: su orientación sexual, su homosexualidad, contra la que quiere incluso rebelarse como si de esa forma pudiera ser admitido por la sociedad en la que es despreciado.

La excelente película de Davies no sigue en orden cronológico la vida del poeta. Es como si sus recuerdos se amontonaran en su vejez y saltase de unos años a otros, como tratando de recuperar aquellos momentos que nunca más serán.

El furor de Sassoon por la guerra, la primera Mundial, en la que combatió con las tropas inglesas, es el gran estigma que siempre arrastra. Su intento de gloria, de luchar por la Patria, queda oscurecido al darse cuenta que, esa guerra, como todas, está movida por intereses varios, cuya verdad es difícil de poner en claro. Esa guerra en la que participó el poeta, marcará toda su vida, como una culpa de la que no puede liberarse, de ahí que gran parte de sus poemas estén dedicados a ese periodo, que una y otra vez vuelve a atormentarte.

Sassoon fue considerado un héroe ante las numerosas acciones que llevó a cabo en la guerra, pero en un momento, al darse cuenta de la insensatez que conlleva cualquier contienda —y después de haber visto caer a muchos soldados, entre ellos amigos suyos—, denuncia la continuación de la guerra por multitud de intereses, y lo hace a través de un escrito Declaración de un soldado, dirigido a su comandante en jefe, publicado en la prensa y leído en el propio Parlamento Británico. Era tal la fuerza de su actuación, que los mandos decidieron no juzgarlo sino declararlo no apto para el servicio militar y enviarlo a un hospital de guerra para que se curase. Más o menos fue tratado como un loco.

Nunca logró superar el trauma de la guerra. Davies lo muestra en algunos momentos posteriores de su vida, con su presencia en primer plano y de fondo escenas originales de aquel infierno vivido. Imágenes que le perseguirán a lo largo de su vida, mientras una voz en off desgrana algunos de sus poemas sobre aquella brutal experiencia.

Inteligentes saltos en el tiempo dados por brillantes elipsis nos conducen de un tiempo a otro, pero siempre con un centro, la guerra que le obsesiona. Todo es válido en estos saltos en el tiempo, producto de la problemática del poeta, desde saltos directos, hasta encadenados, saltos de imágenes que relacionan unos momentos con otros.

Dentro de este viacrucis que es su vida, vio cómo muchos de sus amores fueron traicionados o transformados en fugaces intentos de salvar su situación. Uno de sus amantes fue Ivor Novello, el actor que protagonizó la primera película importante de Alfred Hitchcock,  El enemigo de las rubias (The lodger, 1927).

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El dolor, la insatisfacción de un hombre desesperado, arruinado, moralmente desecho, plantea un intento de expiación dando vuelta a su vida, pensando que eso puede dar un sentido a una existencia dolorosa y razón de ser no encuentra. De ahí que el poeta decida casarse y hacerse católico, quizás para obtener un perdón que nunca encontrará. Una escena impresionante en la que muestra a Sasson ya mayor, en una iglesia solitaria, acuciado por la incomprensión de su hijo, el único presente junto al sacerdote, aceptando el paso a una religión que cree le salvará de su dolor. Algo imposible

Escenas memorables hay varias en este filme excelente, como aquella en la que sobre las imágenes de archivo de la guerra encadena una manada de ganado conducida por unos vaqueros, mientras se escucha la conocida canción country Riders un the sky.

Pero si de entre todos los momentos excelentes tuviera que destacar uno, ese es sin duda el plano final sostenido sobre el personaje central, cuyo rostro pasa de la ancianidad a la juventud en un lloro continuado después de haber imaginado —solo, abandonado por su hijo en el banco del parque en el que se encuentra sentado—, a un soldado de la guerra en la que combatió, sin piernas, que, desde su imaginación, no deja de mirarlo. Un plano del anciano, ya cercana su muerte, que comprende finalmente que, haga lo que haga, nunca jamás podrá liberarse de lo que para él supuso la guerra.

Un gran filme, importante para comprobar cómo puede, arremetiendo contra toda norma establecida, narrarse un biopic, al tiempo que se profundiza en una época y en un personaje.

Escribe Adolfo Bellido López

  

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