Las fiestas (2)

  23 Enero 2023

Tema recurrente y un director que promete

las-fiestas-0Acabamos de salir de las fiestas navideñas y esta obra viene que ni pintiparada. Es una peli que toma como eje las tradicionales celebraciones que se producen en Navidad, fechas y punto de encuentro de muchas familias. En esas ocasiones suelen salir a relucir los asuntos y «facturas» guardadas largamente.

Ignacio Rogers acomete, tras su ópera prima El diablo blanco (2019), una tragicomedia familiar que toma su punto de partida en el reencuentro entre una madre y sus tres hijos en una casa campestre para celebrar las fiestas navideñas.

Una vez reunidos, entre comidas y bebidas, paseos, fiestas diversas, visitas al pueblo, mensajes cifrados compartidos, cosas que quedan a medio decir y discusiones a voz en grito, el resultado será que la tensión irá subiendo. A pesar de todo, se puede entrever que los hermanos, aunque no lo reconozcan palmariamente, están allí porque quieren estar juntos.

Película de reunión familiar

Esta premisa de familia reunida en una casona en medio de un entorno natural es casi un subgénero en sí mismo. Es un tema repetido en el cine norteamericano, europeo, oriental y también suramericano.

Desde luego es tentador poder rodar una cinta en una única localización, en un ambiente sin molestias, controlado, sin intromisiones, y supongo es igualmente una tentación para guionistas, directores y productores.

Con una amplia trayectoria como actor, Ignacio Rogers contó para la escritura del guion con las aportaciones de otros reconocidos intérpretes como Esteban Lamothe, Julieta Zylberberg, Ezequiel Díaz (también protagonista) y de Alberto Rojas Apel; un libreto bien escrito que subraya una vez más los tormentos, tensiones y distensiones de este género llamémosle familiar; o sea, un libreto escrito con una naturalidad que evita pontificar sobre la manera en que deberían funcionar las relaciones familiares.

Pero la trama es previsible, fluye en forma amable con un tono naturalista, a veces tedioso, lo cual no ayuda a que el filme sea ni muy cómico ni muy intenso, aunque posee un poco de ambos elementos, el mínimo exigido como para discurrir sin llegar a aburrir del todo.

En el lado no tan positivo está que presenta las situaciones de forma tan espontánea que resulta como si la cámara estuviera grabando en el interior de cualquier hogar de una familia contemporánea. Hay fluidez y diálogos a priori intrascendentes, que irán cobrando sentido a medida que cada uno vaya mostrando su auténtico rostro. Aunque no haya mucha miga en esta cinta.

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La historia

En los primeros compases vemos a Luz (Dolores Fonzi), Sergio (Daniel Hendler) y Mali (Ezequiel Díaz) yendo a visitar a su madre María Paz (Cecilia Roth), que está internada en un hospital por una dolencia cardíaca importante que la ha tenido al borde de la muerte.

La madre, tras sobrevivir de un paro cardíaco, tiene un comportamiento que oscila entre la piedad y el desvarío. Sus hijos tampoco están muy estables: la tensión física y psíquica del profesor de gimnasia, la bronca contenida de la madre divorciada, la hija trans que hace lo que puede para mantener su trabajo en un bar. Estas son las caracterizaciones orgánicas del relato. «Todos los personajes podrían haber sido reducidos a un estereotipo, pero se imponen como singularidades. Todos los personajes, además, son queridos por el cineasta» (Koza).

Tras una recuperación milagrosa e imprevista, la matriarca, al despertar en el hospital, después de tranquilizar a sus hijos dice sentirse diferente. «¿Diferente?», le preguntan los tres con cierta escama y desconcierto ante el calificativo elegido para explicar un momento tan decisivo y delicado como es despertar a la vida. O sea, los hijos cuestionan el término, como si no fuera posible que esa mujer, luego de la experiencia en la frontera con la otra vida, se pudiera sentir distinta.

En esos primeros compases, los personajes principales están reunidos en la habitación del hospital (en contraste con un final a cielo abierto) y ya se observa la desregulación familiar, además de por la intimación a la madre, por las miradas y la forma en la que se van acercando entre ellos: las dos hermanas en una relación más estrecha, el hermano conciliador y la madre que se presenta plan enigmático. 

Pero, claro, en el planteamiento que hemos hecho, como cabe suponer, no habrán de faltar situaciones, animadversiones y aconteceres que habitan en el pasado y que no están del todo resueltos ni explícitos. Uno de ellos es que no tardan en observar cómo la personalidad de la madre vuelve por sus fueros para tomar el control. El hecho de que no los deje aparcar dentro para no estropear el césped es el anuncio de una madre maniática y a veces insoportable, que puede haberse curado de su dolencia coronaria, pero no de sus mañas y manías.

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La cosa es que la protagonista delegó en su amiga Muñeca (Maitina de Marco), la crianza de sus hijos y aunque es una madre sensible, complaciente y afectuosa, a los ojos de sus vástagos no es así. Además, quiere vivir al ritmo de ellos y compite constantemente, dejando claro que tiene una sibilina manera de maniobrar, con tintes manipuladores.

Las relaciones de los hijos también dejan que desear. Sergio atraviesa una crisis matrimonial pues ha descubierto que su mujer le engaña. Luz, separada del padre de su hija Carlita, tiene problemas para mantener una relación estable y cifra su vida de pareja en esporádicos encuentros con el hijo del jardinero, encuentros que no son muy gratificantes.

Maly, trabaja como camarera y debe soportar las groserías de los clientes y sortear las burlas cuando le gritan palabras horrorosas por la calle. De modo que ninguno de los tres hijos se las arregla bien en la vida.

Pero la maniobrera madre les ha pedido que vayan a la «quinta» familiar para compartir las fiestas. Sergio es el más sumiso, los demás no manifiestan demasiado interés. Pero poco a poco, se van solucionando las obligaciones y responsabilidades de cada cual y se van sumando al proyecto.

A regañadientes, Sergio, el mayor, quien en apariencia busca ser condescendiente con la atención de su madre; Luz, la hija rebelde y cuestionadora, y la hija trans Maly, con aspecto muy varonil a quien su hermana llama «el deforme». Todos acceden, pasados los momentos iniciales, a ir la reunión.

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Queda claro que a los tres les viene bien cambiar de aires y escapar de sus desgracias y naufragios. Está también la razón de una herencia que recibirán en un futuro que piensan no muy lejano. De modo que se trasladan al apacible campo donde todo parece fluir de la mejor manera. Mansión equidistante entre la Córdoba argentina y Catamarca.

Como suele ocurrir en este tipo de películas, cada personaje llega a la reunión con su mochila de secretos, culpas, remordimientos, afanes, traumas, filias y fobias, que animan el cuento. Esa marejada de tensiones latentes, conflictos no explicitados ni resueltos, problemas que acarrean cierta violencia larvada, todo ello será lo que pase y acabe estallando por causas inopinadas y de las formas más impensadas.

Hay miradas laterales (una infantil a cargo de Muñeca), pero el eje vertebrador de la historia pivota sobre las angustiosas relaciones de los hijos que en diversos momentos devienen virulentas, aunque en otros pasajes no evitan la comicidad y pueden llegar a ser hasta queribles; estos vínculos se van estableciendo entre los integrantes a medida que transcurre el tiempo, pues lo que inicialmente se suponía una visita breve, acaba prolongándose.

Así, Rogers evita por fortuna caer en la exageración, el estereotipo o el subrayado y va exponiendo los problemas y las cuentas pendientes por medio de ocurrentes diálogos, reflexiones, observaciones, curiosas pinceladas, gestos en apariencia triviales y ligeros, que luego van reorganizándose y tomando caracteres insospechados por momentos.

Como ocurre en tantas familias hay tendencia a la manipulación, códigos singulares, seducciones, uniones, enfados, rebeldías y vuelta a empezar la cosa tras diversos reacomodamientos.

En esa coreografía de sentimientos, en esa comunidad emocional, Rogers y los cuatro protagonistas nos ofrecen interesantes hallazgos con una sutileza que está por encima de la tentación de ser explícito o del mero golpe de efecto. Es importante el plano final, el más impactante, valioso y arriesgado de todo el relato, donde asoma la sensación de que Rogers tiene talento e incluso margen y recorrido para continuar creciendo como cineasta.

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Reparto y aspectos técnicos

Hay varios elementos que no me han gustado. Uno es la fotografía de Guillermo Saposnik, que es en exceso oscura y ofrece escenas e imágenes que a veces hasta se ven mal; tampoco es buena la música de Pedro Onetto ni la dirección artística de Luciana Arriaza. Además, en la parte central, el filme se hace tedioso y aburrido tras un comienzo y un final que sí entretienen.

En el reparto destaca la entrega absoluta de Cecilia Roth, una especie de imagen otoñal salida de una pintura campestre (gran trabajo de manifestaciones subrepticias); la espontánea rebeldía de Dolores Fonzi; la presencia eficiente de Daniel Hendler; y el compromiso actoral de Ezequiel Díaz, en un rol exigente; sin olvidar el buen trabajo de Margarita Israel Gurman.

Como apunta Amondaray: «Los actores aportan una naturalidad a personajes que se necesitan mutuamente para manejar conflictos y crisis existenciales de las que no hablan demasiado, pero cuyo peso cargan hasta la inevitable implosión. En el centro de esas rispideces de los hermanos está siempre esa madre a la que Rogers filma en penumbras a lo lejos o bien con la luz natural invadiendo un rostro de expresiones indescifrables».

En suma, Rogers demuestra su habilidad para fusionar los géneros, oscilando entre la comedia familiar costumbrista, pasajes de humor negro y algunos tramos dramáticos, con el añadido de un manejo de la tensión in crescendo, que sobrevuela la convivencia del cuarteto en el campo.

Un relato que orbita alrededor de los vínculos familiares, la disfuncionalidad, las fallas y errores del pasado, y la eventualidad de un futuro más armónico puertas adentro del clan.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Imágenes Star Distribution