La tentación vive arriba (The seven year itch, 1955), de Billy Wilder

  26 Diciembre 2022

Inolvidable comedia romántica de Wilder

la-tentacion-vive-arriba-0Hay comedias que se quedan en la retina y sobre todo en el frontal para toda la vida. Aunque no sea lo más de lo más, esta cinta es un ejemplo de ello: película simpática, animada, entrañable e incluso con su pizca de reflexión social.

A la genial dirección de Billy Wilder —¡cómo no!— se une guion del propio Wilder, junto a George Axelrod, adaptación a su vez de la obra de este escritor y dramaturgo neoyorquino, éxito de Broadway, The Seven Year Itch.

Richard Sherman (Tom Ewell) es el protagonista, un editor y publicista de libros de kiosco, de treinta y tantos años, casado y padre de un hijo. Ahora le toca hacer de «Rodríguez» en un caluroso verano tras enviar a la familia a Maine, a la playa para que pasen unos días de vacaciones, mientras él permanece en la ciudad por trabajo.

Tiene que revisar la obra a publicar por su editorial del Dr. Brubaker (Oskar Homolka), sobre las tentaciones reprimidas del hombre y su fatal tendencia libidinosa a partir del séptimo año de matrimonio. Entonces da rienda suelta a su florida imaginación, justificando mediante ensoñaciones con tintes cinéfilos y literarios la bondad y fidelidad de espíritu para con su mujer, a quien nunca ha engañado pese a haber gozado de múltiples ocasiones para hacerlo.

Richard pretende seguir las instrucciones de su esposa y está dispuesto a dejar de fumar, de beber, a acostarse pronto y, sobre todo, a no echar una cana al aire. Pero la tentación aparece cuando conoce a su despampanante vecina. A partir de entonces, ese tiempo lo pasará «fantaseando» con tener una aventura amorosa con la eventual señorita de arriba interpretada nada menos que por una joven y seductora Marilyn Monroe: pura tentación.

Esta película cuenta una historia sencilla pero picante, sugerente y que posee unos diálogos magníficos con crítica social incluida. Comedia romántica, rica en sutilezas irónicas y cómicas.

La narración, brillante y ocurrente, junto a las interpretaciones destacadas de una Monroe pletórica y Tom Ewell en el personaje gris de una América ávida de sexualidad hacen que junto a una historia muy reconocible por el público (masculino, sobre todo), esta cinta fuera no sólo un éxito de taquilla sino una de las mejores comedias de la historia del cine.

Este título encumbró definitivamente a Marilyn Monroe. Por ejemplo, la famosa escena cuya falda se eleva por el aire en una boca de metro, su ropa interior guardada en el frigorífico para mantenerla fresca o el bellísimo rostro y silueta de esta rutilante estrella, hizo que Marilyn quedara ya para siempre en los anales del Séptimo Arte. Es tan arrebatadora la presencia de la Monroe que, cuando no está en pantalla, la esperamos con impaciencia.

Tom Ewell era también el protagonista en la obra teatral y, la verdad, se queda algo corto sin llegar a las capas más profundas del guion. Es lamentable que el estudio no diera el visto bueno a la primera elección de Wilder para el papel protagonista, nada menos que el entonces joven Walter Matthau. La película habría ganado mucho con el emparejamiento Matthau-Monroe.

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Es una escena ya casi mítica y muy agradable de ver y contemplar la avalancha de sensualidad que acompaña a la «inocente» chica encarnada por la Monroe (momento ya para la leyenda) cuando caminando con Ewell por las calles de Nueva York, tras haber visto en un cine La mujer y el monstruo, de Jack Arnold (1954), Marilyn se refresca sobre una rendija de ventilación del metro. Su vestido blanco se eleva y nace una de las imágenes más mitológicas de la historia del cine.

Tiene la cinta una colorista fotografía en color y Cinemascope, de Milton Krasner,  que crea una narración visual brillante. Espléndida banda sonora a cargo de Alfred Newman con composiciones coloristas y alegres, con dos temas destacados: Main Tittle y The Girl Upstair. Añade fragmentos de Rachmaninov (concierto nº 2). Todo ello arropa la historia con gran acierto.

En fin, comedia romántica rica en perspicacias satíricas y divertidas. Wilder consigue con esta cinta hacer un retrato mordaz del típico marido que ha quedado solo en la ciudad con toda la libertad y la cancha libre, lo cual permite poner en evidencia el elevado nivel de represión sexual del ciudadano medio de aquellos años.

Todos los firmes y elevados propósitos del protagonista de dedicarse al trabajo de lleno, sin saborear un pitillo, sin ingerir alcohol y con frugales comidas, se ven afectados por una mezcla de factores diversos, pero sobre todo por la presencia en el piso de arriba de una muchacha muy atractiva y sobre todo sensual.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Artículo parcialmente publicado en FilmAffinity 

  

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