Intimidad

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Televisión y publicidad en Navidad

Por estas fechas la publicidad pone especial empeño en colmar de emociones nuestras vidas. La industria de la promoción ya no se limita a indicar qué hemos de vestir o comer, ahora nos dice cómo hemos de ser en la intimidad. Qué patrones de comportamiento tenemos que seguir con nosotros mismos y con nuestros semejantes. Las pequeñas historias que cuentan las producen para llevar a los espectadores hacia la piel de sus protagonistas o al territorio que habitan. Historias contadas siempre desde la vertiente íntima, que para folloneros ya están los políticos y los platós de televisión con sus gritonas tertulias.

Bajo estas coordenadas se ha de interpretar el anuncio navideño de una conocida marca de turrones. En medio de la reunión familiar, se inserta un primer plano del abuelo preguntando a su esposa: «¿Tú crees que lo hemos hecho bien?». Tras repasar los eventos familiares de sus vidas, la abuela concluye: «Sí, lo hemos hecho bien». El anciano matrimonio, mientras caen las hojas del calendario, considera que por lo menos han cumplido con el eslogan de la campaña publicitaria: «La vida es lo que pasa entre navidad y navidad». Expresión que parafrasea, sin duda, la respuesta dada por John Lennon en una entrevista.

El spot entra en la intimidad de la familia mostrando la mesa navideña con los turrones promocionados y la satisfacción de los abuelos por el deber cumplido. Ahora bien, ¿la satisfacción es por ver a la familia reunida o por el montón de turrones de la marca anunciada?

Los anuncios que nos incitan a participar en la cita con los juegos de azar movilizan también el palo de la intimidad, pero con matices. Mientras el de la ONCE insiste en el «extra de ilusión» y el de Repsol exhibe la intimidad de los encuentros, incluida la ducha. El más popular de la Lotería Nacional, que estos días les sonreirá a unos pocos, toca la fibra paternofilial.

Una hija se olvida de comprar el décimo que le había encargado su padre, pero cuando ella se da cuenta del despiste, sale en bicicleta por la noche a buscar una administración de lotería y poder comprar el popular décimo. A la mañana siguiente, la del sorteo, hija y padre en la cocina se funden en un abrazo al comprobar que sí tenían su participación. Y el abrazo da paso al eslogan de la campaña: «No hay mayor suerte que la de tenernos». ¿Alude a la suerte de la lotería o al cariño entre padre e hija?

Sin embargo, justo cuando la industria del storytelling audiovisual intensifica esfuerzos para aumentar la onda expansiva de sus mensajes, surge un contratiempo. Los telediarios de máxima audiencia dan cuenta que destacados especialistas y organismos de toda laya, piden una moratoria en el acceso de los menores a los dispositivos digitales. Incluso se habla de una iniciativa parlamentaria para regular la relación con estos poderosos micromedios.

Las noticias se refuerzan con otros formatos, como la entrevista en el Canal 24 h (TVE) a un grupo de padres y madres que promueven la idea de prohibir los móviles en los colegios. Gonzo, por su parte, habló en Salvados (La Sexta) con padres y estudiantes sobre la pertinencia de adoptar en estos momentos medidas restrictivas. Por supuesto, en las tertulias televisivas, matutinas y verpertinas, echan el resto posicionándose a favor o en contra con argumentos improvisados. ¿Se puede asumir que el fomento de la visualidad en los menores entorpece su desarrollo saludable?

La nada inocente campaña coincide en el tiempo con otras prohibiciones o cancelaciones como se dice ahora, de obras, libros y actividades consideradas «inapropiadas» desde las ideologías ultramontanas (Ayuso cambia las mayorías para controlar Telemadrid o el embargo de las imágenes en las televisiones israelíes sobre el genocidio). Pero es que todo esto coincide cuando las televisiones emiten más anuncios tomando a los menores como excusa para las promociones.

Prohibiciones que llegan justo cuando vemos imágenes desgarradoras de niños y niñas palestinas descuartizadas por las bombas del ejército israelí. Justo cuando nos muestran los cuerpos de menores fallecidos en pateras cuando trataban de llegar a tierra firme. Justo cuando vemos reducidos a escombros hospitales y escuelas en suelo ucraniano o sirio, entre otros lugares. Muchos de estos edificios públicos se construyeron con fondos de la cooperación internacional, por lo cual habrá que volver a reconstruirlos. ¿Será esto un ejemplo de la emergente «economía circular»? Sería bueno preguntárselo al Gran Wyoming a tenor del sarcástico comentario en El Intermedio (La Sexta) a propósito del negocio que las grandes firmas de moda ponen en marcha con las prendas viejas.

Y es que el capitalismo avanza a toda máquina sin ocultar sus vergüenzas de injusticia. A lo que contribuyeron políticos sin escrúpulos como el recientemente fallecido Henrry Kissinger. La polivalencia moral de este político, como la del capitalismo, le permitía poner una vela a un golpe de estado y otra para apoyar con recursos del Estado la difusión de programas de televisión.

«Barrio Sésamo» un ejemplo perfecto de invasión cultural por parte de los Estados Unidos.

Un personaje de esta guisa no podía pasar desapercibido para los guionistas de Los Simpson (Antena 3), que le dedicaron varios capítulos muy críticos. Pero traigo a colación a este político y diplomático norteamericano porque propuso que el Sesame Street (Barrio Sésamo aquí en TVE y luego Antena 3), se debía vender previamente a establecer relaciones diplomáticas de EE. UU. con terceros estados. Pues el citado programa defendía pedagógicamente muy bien el American Way of Life. Idea y estrategia que tanto denunciaron analistas de reconocido prestigio como Noam Chomsky o Armand Mattelart, además de Los Simpson.

Me pregunto qué dirían estos observadores de la geopolítica si vieran que, al programa de variedades El hormiguero (Antena 3), van personajes tan rancios como Alfonso Guerra a rajar contra el partido por el que fue vicepresidente del Gobierno o escritores como Pérez Reverte a denigrar literariamente al actual presidente de Gobierno. También tiene mérito que Gonzo entreviste a Emiliano García Paje en Salvados (La Sexta) para sonsacarle su ya conocido parecer sobre la ley en trámite de amnistía. Tampoco se les escaparía a nuestros observadores que Pedro Sánchez, siguiendo el ejemplo de sus colegas, vaya a los platós de televisión (primero de TVE y después de las privadas) a contar lo que no dice en el Parlamento.

De todos modos, con el año nuevo tendremos algunas novedades importantes en las televisiones, como el bombazo de Mediaset llevándose a Carlos Franganillo al telediario del recién jubilado Pedro Piqueras. Y al telediario de la noche de TVE traen a su corresponsal en Bruselas, Marta Carazo. Con tanto cambio no debería sorprendernos ver a Boris Izaguirre presentar los informativos de La Sexta, ya que está libre de sus efímeros empleos en Más vale sábado y Desmontando la historia.

Quienes han vuelto del otro mundo por obra y gracia de TVE son el inefable Pedro Ruiz con Nada del otro mundo y la no menos estridente Mercedes Milá con su No sé de qué me hablas. Estos no dan noticias, pero juguetean con la intimidad propia y con la de sus invitados e invitadas, cosa que tiene su morbo en televisión.

Llegados a este punto, resumiríamos las intimidades televisivas del año que ahora termina, parafraseando a Eduardo Galeano con aquello de esto es el mundo del revés. Y si la televisión es así, no se justifica que les quieran restringir las pantallas a los menores. ¡Claro, lo que ha de cambiar es el mundo!

Mientras tanto, paz y salud para todas y todos.

Escribe Ángel San Martín  

Mercedes Milá con su No sé de qué me hablas.