En la habitación
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Lo que los (falsos) paraísos esconden

Todd Field ha huido del drama afectivo, intentando proponer una película objetiva... aunque no siempre lo consigue.Primera película de un actor, Todd Field, que alcanza sus mejores bazas en el trabajo de sus (excelentes) intérpretes. Probablemente para el aficionado Field no es (por lo demás) un actor conocido. Recordaré como llamada simplemente su papel en la película póstuma de Kubrick: es el pianista que trabaja (a destajo) en las oníricas orgías. Quizá de Kubrick aprendió a sacar partido de los ambientes (o de las atmósferas) y del tono opresivo del relato. Al menos es otro de los logros (y también de los errores) de este filme.

Curiosamente en marzo una televisión privada (Antena 3) se ha dignado pasar la serie televisiva de Benito Zambrano, Padre Coraje (se puede encontrar el comentario a esta serie en este mismo número de Encadenados y dentro de la sección “El bazar de las sorpresas”) que ha producido la misma cadena. Se trata de las mismas fechas elegidas para el estreno de este filme norteamericano. La casualidad (o no) ha hecho posible que se enfrenten (desde distintos medios) dos productos que poseen la misma línea argumental: el asesinato de un joven y la búsqueda del padre de la mejor forma para que se haga justicia.

De todas maneras, en uno y otro caso, habría que tomar como punto de referencia el filme de Moretti, La habitación del hijo. Las tres películas hablan, sin duda, de la muerte del hijo y de los problemas que tal hecho provoca en el ambiente familiar.

Field opta por evitar el drama afectivo. Se trata de una propuesta objetiva, reposada: una fría visión de un hecho que puede ocurrir a cualquier familia y en cualquier lugar. El ambiente sosegado, alegre, casi de cuento (en cuanto se transmite una aparente felicidad) de las primeras secuencias va dando paso a pequeños detalles que conducen al (previsible, a pesar de todo) drama.

Mediante fundidos y elipsis, el director intenta ofrecer una especie de crónica de sucesos, sin participar directamente en el drama.El logro del realizador es el intento de no “participar” de lo que ocurre. Se evita implicar al espectador afectivamente en la resolución de una situación. De ahí los (discutibles, por otra parte) fundidos ceremoniosos, las cortantes elipsis o las escenas esbozadas. Lo que ocurre es que de ese manera parece comunicarse un sentido de crónica de sucesos, de relación testifical (y no entrando en los acontecimientos) de los hechos. El final, en una elocuente planificación, parece cerrar la historia desde un sentido circular en el que casi todo es posible. En cada casa (todas parecen estar calcadas) y en cada habitación (receptáculo y tentáculo de la unidad familiar) puede explotar el drama. Lo externo no tiene que ver nada con lo interno. Detrás de las risas, de los besos, de las celebraciones existe una realidad muy distinta. Los seres no se encuentran tan unidos, ni viven felices. Sólo se espera algo (gran o pequeña tormenta) para que la feliz vida (¿norteamericana?) se vea abocada a la tragedia: detrás del ambiente (claro, soleado) de la zona costera de Maine hay “oscuridad”. No todo es como a primera vista parece.

Puede ser que Field trate de provocar el distanciamiento con el sistema empleado. Puede que las “cortantes” elipsis y los planos sin aparente importancia traten de comunicar tanto el sentido de crónica como el de reflejo de unas vivencias. Planos sin aparente importancia, sin uniones temporales, que van reflejando todo un mundo sin asideros. La familia ahogándose de resquemor y de odio en “habitaciones” acorazadas para los demás.

En ese sentido toda la película es como un borrador prometedor a través del cual se dibuje una hábil crónica sobre los amores, odios o fantasmas familiares. Un esbozo simplemente, y como tal, inacabado.

Eso sí, hay escenas bien elaboradas sobre el guión (lo mejor del filme) recreadas en si mismas, imposibilitadas de ir más allá de la pretendida necesidad de lo que ocurre. Es decir, sobre el guión hay muchas cosas que pasan. Los actores tratan de expresarla pero Field mira todo a distancia en su filmación de las diferentes situaciones. Ocurren porque es necesario que sucedan. El guión así lo exige. Pienso en la buena secuencia de las recriminaciones del matrimonio, de su explosión contenida durante años. O en la lenta cadencia de los planos (cortos) en los que se muestra la diaria (aburrida, cotidiana, con un paso eterno) sucesión de las acciones del matrimonio: la consulta, la televisión como droga, el insomnio... Pero, a veces, me pregunto la razón (o lo innecesario) de todo ello o su falta de “acabado”.

El mayor error del filme está en su sentido metafórico, en contarlo todo mediante símbolos.Efectivas son algunas de las innumerables elipsis que evitan lo obvio, aunque en algunos casos su efectividad sea como mínimo inútil (a pesar de la forma de filmar). Entre lo logrado e insatisfactorio se encuentran momentos como el primer ataque que sufre el hijo a manos del marido de su amante o el instante en que el padre va a comunicar a su esposa la muerte del hijo.

El mayor error del filme estriba en su sentido metafórico, su ansia de contar todo desde el símbolo. La primera captura de las langostas con la inclusión de una “lesionada” sirve para que “se nos cuente ya la película”, lo que va a venir a continuación. Algo que también ocurrirá en el desconcertante final en que un subrayadísimo primer plano nos muestra cómo el dedo “herido” del padre se encuentra ya cicatrizado. ¿Quiere decir eso que el acto que acaba de provocar le ha liberado? Sorprendente en cuanto los hechos no confirmar lo planteado. Entonces ¿a qué viene ese plano? Y no digamos de la insistencia al comienzo de presentar (incidir sobre) carteles que anuncian peligro o precaución... Una pena, así como la imperiosa necesidad de insistir en lo obvio por medio de (primeros) planos enfáticos y demasiado elocuentes (el dedo “pillado” por la pinza de la langosta, por ejemplo). Algo que contrasta con una relación menos cargante: el ojo (visto en el ensayo) de una cantante inyectado en sangre. O, incluso, con algunos (excelentes) pequeños detalles que configuran (o definen) a los personajes: el infantilismo del joven asesinado.

Dispar y despistante por su ansia de ofrecer retazos sueltos, En la habitación no termina por adecuar su exacto sentido. ¿Cómo se entiende la relación (a todas luces imposible) entre la mujer y el chico joven? ¿Cómo admitir que los padres (sobre todo la madre) defiendan a la chica? ¿Por qué se dice en un instante que el chico piensa dejar la Universidad para dedicarse a la pesca de langosta si posteriormente le vemos charlando con una Universidad que le ha admitido? ¿Se quiere expresar así el infantilismo del joven? ¿Cómo admitir la reacción del marido asesino en las últimas escenas al ser “conducido” por el “padre”? ¿Por qué a los hijos de la amante no se les saca mayor partido?

La realización de Field, a pesar de su forzada brillantez, se estanca en largas escenas a cámara quieta que intentan transmitir la angustia y el encierro de unos personajes. Realmente se trata de una forma de dar juego a los actores, de mirar a distancia a unos seres estáticos. Algo que al repetirse termina por resultar mecánico y difícilmente admisible.

Grandes intérpretes, una atmósfera enrarecida y agobiante, una estupenda fotografia del español Antonio Calvache, un uso sobresaliente de una música (muy dosificada) hecha de silencios (algo admirable cuando hoy la música en cine, aparte de ser estrepitosa, suele llenar de arriba a abajo todo el filme) o una exposición casi científica de los sentimientos son los mayores logros de esta “habitación”. Su mayor defecto es doble: la sensación de que estamos sólo ante un borrador y la propensión hacía un cine (repelente y europeizante) de calidad. Parece que Field parece plantear planos para que el espectador tenga la sensación de encontrarse ante una obra importante. Y eso no es meritorio.

Mr. Arkadin

EN LA HABITACIÓN

Título Original:
In the bedroom
País y Año:
Estados Unidos, 2001
Género:
DRAMA
Dirección:
Todd Field
Guión:
Robert Festinger, Todd Field, Andre Dubus
Producción:
Good Machine, GreeneStreet Films Inc., Standard Film Company Inc.
Fotografía:
Antonio Calvache
Música:
Thomas Newman
Montaje:
Frank Reynolds
Intérpretes:
Sissy Spacek, Marisa Tomei, Tom Wilkinson, Nick Stahl
Distribuidora:
Lauren Films
Calificación:
No recomendado menores de 7 años

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