COME, REZA, AMA (2)

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De placeres, perversiones y culpas

Come, reza, amaPresupuestamente, la escritora estadounidense Elizabeth Gilbert estaba sumida en una crisis existencial de aquellas que te piden a gritos huir de todo y empezar una nueva vida. Dicho y hecho. Decidió pedir un adelanto a su editor para la concepción de la que iba a ser su próxima novela y, sorprendentemente, fue gratificada con un cheque más que suculento por un trabajo que aún no había realizado (ni tan siquiera empezado) y decidió viajar a Italia, la India e Indonesia para, por un lado, realizarse como persona, y por otra, cumplir con ese libro que tenía pendiente de escritura. Finalmente, ese libro se convirtió en uno de esos superventas que tan bien sientan a todos sus implicados y, por supuesto, los derechos fueron comprados para que algún director se hiciera cargo del asunto.

Ese director ha sido Ryan Murphy, quien había dirigido tan sólo un largometraje de cierto interés sobre la biografía envenenada de Augusten Burroughs, Recortes de mi vida,  aunque el gran público lo conoce por ser el creador de dos seriales de gran éxito, Nip/Tuck y la multipremiada y muy de moda, Glee. El objeto de deseo de la cámara de Murphy es, ni más ni menos, Julia Roberts. El concurso latino lo pone Javier Bardem en el último tramo de la película que, si bien no resulta la mejor elección para encarnar a un brasileño herido de amor desde hace diez años, encaja mejor de lo que a priori podría parecer con una superstar como Roberts.

Come, reza, ama es un ejercicio de estética amable cuyo resultado se salda con un discurso inconsistente e incombustiblemente vacío, como si se tratara de una exquisita copa de cristal puesta en una mesa perfectamente ornamentada aunque sin nada que ofrecer en su interior. Se trata de una bella odisea, rodada con todo tipo de aciertos estéticos para dotarla de una suerte de hermosa postal pero el propio discurso que contiene es pervertidamente inexistente. O no, mejor podríamos decir que sus divagaciones caen en una alarmante banalidad que precipitan el desfallecimiento del filme.

Todo apunta a que el guión, o bien hubiera necesitado mayor grosor de páginas para entrar en una psicología más certera que insuflara enjundia a la propuesta (y eso que su metraje roza las dos horas y media), o bien que las intenciones eran éstas desde un principio.

Come, reza, ama no es más que un producto liviano para el entretenimiento de un público que no pide demasiado

Así las cosas, Come, reza, ama no es más que un producto liviano para el entretenimiento de un público que no pide demasiado. Y sí, se trata de un filme de signo femenoide puesto que está escrito y dialogado desde el punto de vista de una mujer ególatra que necesita encontrarse a sí misma, pero ¿si una película está narrada desde el punto de vista de un varón es una película exclusiva para hombres?

Otra cosa es que dicha mujer, Elizabeth Gilbert/Julia Roberts, sea uno de aquellos modelos que necesitan una urgente revisión. Para empezar, estamos delante de una escritora que lo tiene todo en la vida (según se plantea la disyuntiva de la protagonista). Cuando decimos todo en la vida hablamos de fama por ser una escriba best-seller; dinero, precisamente por lo mismo; y un marido apuesto que está loco por ella y que está dispuesto a todo para recuperarla.

Sin embargo, la fémina en cuestión, no contenta con todo eso, decide dejarlo todo y embarcarse en una odisea espiritual durante todo un año. Claro, con doce meses sabáticos viajando a través del mundo, sin preocupaciones monetarias y conociendo a guapos galanes que la cortejan allá donde va, cualquiera no encuentra la paz existencial. Amén de una renovada autoestima.

Todo el packaging del filme está tan exquisitamente producido que resulta extremadamente difícil rebelarse contra él

El lector se estará preguntando, pues, ¿a qué se debe ese (2) como nota que luce al lado del título? Muy sencillo. Sí, el filme resulta ser toda una sucesión de tópicos y falacias en torno a los parajes que la protagonista visita. Y sí, partimos de una idea demasiado pija como para que el vulgo se sienta identificado con ella. Y también, todo resulta demasiado bienpensante, moralista y melindroso. Pero ocurre un insólito fenómeno. Todo el packaging del filme está tan exquisitamente producido que resulta extremadamente difícil rebelarse contra él. La música de Dario Marianelli, uno de los compositores cinematográficos más preciosistas de los últimos años; una espléndida fotografía y un divertido equipo artístico en su conjunto hacen que el filme, imperceptiblemente, se torne irresistible pese a estar delante de una pifia fílmica con tintes de autoayuda de libro de bolsillo.

Es como si, a sabiendas de que es una de esas producciones formuladas para mentes poco o nada despiertas, el espectador no pueda por menos que dejarse arrastrar por lo que se le está contando y acabe con cierta sonrisa en sus labios cuando acaba el visionado del entuerto. Lo cual no es poco a tenor de que todo lo demás es una fruslería non-stop. Estamos delante en un guilty pleasure en toda regla, uno de esos placeres individuales que nos da vergüenza reconocer, pero que ahí están para hacernos un poco más contentos. Hasta se puede pensar que las intenciones primigenias de Murphy eran precisamente éstas: la construcción de un bonito escenario que consigue el deleite aunque su base sea más que débil.

Julia Roberts está tan luminosa como siempre lo ha estado, pese a que los años ya empiecen a hacerle mella y quizás hubiera necesitado un rol de mayor profundidad para su regreso al protagonismo absoluto

Y por supuesto, luego tenemos al epicentro de todo esto, Julia Roberts, quien, después de pasear su palmito como actriz secundaria (casi de invitada de lujo) en algunas interesantes propuestas, vuelve a  asumir un liderazgo que ya se echaba en falta. Roberts está tan luminosa como siempre lo ha estado, pese a que los años ya empiecen a hacerle mella y quizás hubiera necesitado un rol de mayor profundidad para su regreso al protagonismo absoluto. Con todo, el personaje de Gilbert le va a la Roberts como anillo al dedo y, además, ella logra llevarse el carácter un tanto irritante de la escritora a su terreno y compensarlo con sus gráciles maneras.

¿Qué decir más de este filme que se pretende una revelación sobre la búsqueda de uno mismo y acaba siendo una maniobra de onanismo para el deleite visual? Ah, sí. Quien se sienta constantemente insultado por las producciones hollywoodienses mejor evite la presente. Quien tenga predisposición por aceptar las reglas inherentes de un filme que actúa como paliativo facilón, que pase por taquilla y se deje llevar por esta bonita excursión turística.

Escribe Ferran Ramírez

 Título  Come, reza, ama
 Título original  Eat, Pray, Love
 Director  Ryan Murphy
 País y año  Estados Unidos, 2010
 Duración  133 minutos
 Guión  Jennifer Salt, Ryan Murphy
 Fotografía  Robert Richardson
 Distribución  Sony Pictures
 Intérpretes  Julia Roberts, Billy Crudup, Javier Bardem, Richard Jenkins, James Franco
 Fecha estreno  24/09/2010
 Página web  www.comerezaama.com