Coletazos del Dogma
No es mala idea eso de organizar la programación repartiendo en cada jornada tres películas de distinto tono. Así que, de nuevo, nos encontramos con algo que vale la pena, la gran producción (que ya vienen al festival con la distribución bien asegurada), y una tercera, simplemente, por completar el cartel.
El manifiesto Dogma (que data de 1995) parece haber caducado con el tiempo. O será que el cine nórdico ya ha conseguido situarse en el mapa internacional. En cualquier caso, aquel famoso manifiesto (que también conllevaba repartir certificados acreditativos de “calidad”), ha acabado dando lugar a la productora Zentropa.
Fundada por el señorito Trier, el mismo que difundiera por el planeta los beneficios de filmar con la cámara al hombro, sin el ensayo previo de los actores, sin luz artificial, sin artificios como el maquillaje, sin… Lo que sonaba a una reformulación de neorrealismo ha dado lugar a una institucionalización profesional cuya impronta es palpable en los filmes producidos por la casa. A saber, una estructura similar en el desarrollo del guión, el enfoque del leit motiv y, por supuesto, la gelidez estética e interpretativa. Éste es el caso de En familie / Una familia, de la directora danesa Pernille Fischer Christense, que firma el guión junto a Kim Fupz Aakeson.
En familie encaja en el tipo de cine nórdico que destapa un gran drama a partir de las responsabilidades que se heredan con la dinastía. La historia se inicia como una fabula, contándonos el cuento de cómo el padre, del padre, del padre de Ditte, tiempo atrás, emigró de Alemania a Dinamarca para labrarse un futuro digno con el sudor de su frente. Su arduo trabajo seleccionando el grano, le ayudó a elaborar uno de los mejores panes del país. Empresa que luego heredaría su hijo, y posteriormente el hijo de su hijo, quien a si vez aumentaría aún más la distinción de calidad hasta conseguir que la saga de panaderos Rheinwald alcanzase la respetabilidad de ser quienes proporcionen el pan a la casa real danesa.
Pero, al margen de la distinción heredada de los Rheinwald, Pernille Fischer Christense nos los presenta como una familia común. Vater, el padre empresario sexagenario, se tizna de harina cuando va a vigilar que en la panadería todo funcione correctamente, y a su hija Ditte el jefe le acaba de ofrecer abrir su propia galería en Nueva York. Todo es maravilloso de partida. El sol brilla cada día en Dinamarca, Peter está ansioso por mudarse con su amada Ditte a Brooklyn y desarrollar su carrera de artista, los análisis clínicos del Vater son excelentes y hasta se plantea casarse con la mujer que le ha acompañado tras su divorcio y con la que ha tenido tres hijos más que se unen a dos sus hijas mayores.
Todo va sobre ruedas hasta que el infortunio irrumpe en la vida de los Rheinwald. Al igual que en Inheritance / La herencia (Per Fly, 2003), la crisis aparece en el momento en que hay que plantear la sucesión de la herencia familiar. Es el momento de tomar decisiones vitales y el linaje pesa demasiado.
Con cámara en mano, Christense capta la angustia que atenaza a los personajes. Encerrándolos en habitaciones, mantiene la distancia justa para observar cómo se flagelan. Aparece algún golpe, alguna subida de tono, algún plato roto, pero es la angustia psicológica la que tortura a todos los que rodean a Vater. Sobre todo, a su mujer que, cuando el viento sopla a contracorriente, arremeten contra su origen social; y su hija, que ha sufrido un aborto por la tensión respecto el futuro incierto de la panadería.

De risa
A algunos les sonaran los nombres de Benoit Delépine y Gustave de Kervern a raíz de su paso por el Festival de San Sebastian con Louise-Michel (2008). Ahora, en Berlín repiten su estilo grotesco con la comedia Mammuth, una road movie en moto.
Ambos coincidieron con Michael Winterbottom, no se pueden negar las evidencias. Gusten más o menos sus películas, el director inglés ha logrado hacerse un nombre en el olimpo de “los grandes”. Y, por tanto, que los festivales se peleen por conseguir su presencia en la alfombra roja. Pero hay “directores” y “directores”. Basta recordar lo que dijo Godard sobre Tarantino, esto es, que hay diferencia entre quienes viven el cine y quienes viven en el cine.
El caso es que había mucha gente ansiosa por ver The killer inside me, la nueva excentricidad de Winterbottom. Autodefinida como un nuevo tipo de cine negro, la película se basa en la novela homónima del escritor de Oklahoma Jim Thompson. El film, cuyo titulo viene a ser algo así como “el asesino que hay en mí”, narra la historia de Lou Ford (Casey Affleck) un sheriff corrupto, sádico y psicópata en
El experimento narrativo que hace Winterbottom es bastante cuestionable, por no decir indecente. Dando por evidente el carácter psicópata del protagonista, tomar a Ford como narrador del filme es adoptar una posición un tanto esquizofrénica. Sin embargo, si recordamos la magnifica Spider, en la que David Cronenberg se valía de la enfermedad mental para introducir la confusión en el relato, Winterbottom pone en boca de Ford argumentos autojustivicativos de sus acciones. Por lo que, tras verle machacar a puñetazos a su amante y, después, a su novia, es bastante irritante oír a Ford explicarnos sus motivos, su supuesto pasado tormentoso y, sobre todo, cómo se las ingeniará para salir airoso de la justicia.
Desconocemos la influencia que pudo tener en Winterbottom Match Point, pero si no le quedaron claras las intenciones que tenía Woody Allen al optar por no castigar al culpable por razones del azar, quizás el inglés debería revisarla. Ya que incorporar sin más música clásica a la banda sonora que acompaña al asesino ultimando hasta el más mínimo detalle de su próxima acción criminal, produce un efecto de enaltecimiento. Innecesario, además. Ya que la elección de Casey Affleck, con esa cara de inocente, y el tratamiento del personaje, haciéndolo tan encantador ―que ni la mujer apaleada puede dejar de amarle con locura―, es bastante demencial por parte del director (y no, como correspondería, del personaje).
Respecto al filme de los franceses Benoit Delépine y Gustave de Kervern, su título, Mammuth, hace referencia al apodo que recibe su protagonista. Interpretado por Gérard Depardieu, se trata de un obrero de las industrias cárnicas al que conocemos en su último día de trabajo. Es decir, por delante le quedan largas jornadas de tiempo libre para dedicarse a su jubilación. Pero antes deberá resolver su situación con la burocracia aportando toda la documentación necesaria para el cobro de una pensión. Cosa que no será nada fácil justificar ya que, además de que Mammuth aparece caracterizado como un bobo, inútil de los pies a la cabeza, su vida laboral ha consistido en un cúmulo de trabajillos en negro y sin cotizar.
Su mujer Catherine (Yolande Moreau), que repite similar papel de mujer ruda de Louise-Michel, anima a Mammuth a que dé algo de sentido a su vida, en lugar de matar el tiempo contando los coches que pasan por la calle. Y dado que es difícil contactar por carta con todos los jefes que ha tenido a lo largo de sus 40 años de trabajo, Mammuth saca la moto que justifica su apodo y, mochila con detector de metales a la espalda, se lanza a recorrer las carreteras secundarias que le llevan a su pasado.
Concatenación de situaciones absurdas, bizarras y de risa fácil, Mammuth no aporta mucho más que un instante distendido. Montado por acumulación de gags con escasa continuidad, la gracieta se consigue, bien explotando los tópicos, bien por las situaciones estrambóticas que componen. Por ejemplo, la afición de su sobrina a construir esculturas monstruosas con pedazos de muñecas de plástico, o la brutalidad con que Mammuth realiza (con 60 años) su primera compra en el supermercado, hasta la incorporación de los breves diálogos que surgen con espontáneos como el enterrador o el portero de discoteca.
Para colmo, acrecienta la falta de sentido de la película la incorporación de flashbacks, con estética de cámara doméstica de los setenta, sobre una antigua novia de Mammuth que murió en la carretera. Pero verla como un zombi con la sangre pegada en la frente, ni mucho menos consigue añadir “el toque” dramático deseado.
Llega el momento de las quinielas
Sería una desfachatez por parte del jurado que preside Werner Herzog que se olvidaran de mencionar Kak ya provel etim letom / Cómo acabé este verano, del ruso Alexei Popogrebsky, y Rompecabezas / Puzzle, de la argentina Natalia Smirnoff. Y, por supuesto, hay que ser consciente que, además de que el espíritu de Roman Polanski ha estado muy presente desde el mismo momento en que
Otro títulos que están ahí, pujando alto por tener alguna opción, son la rumana Eu cand vreau sa fluier, fluier / Si quiero silbar, silbo; Bal / Miel, cuyo actor infantil encandiló con su inocencia; y Shekjarchi, del iraní Rafi Pitts. Mientras que las danesas Submarino y En Familie / Una familia siempre tienen opciones con las dotes que muestran en el control de la tensión del drama que despliegan, respectivamente, Thomas Vinterberg y Pernille Fischer Christense.
Por otro lado, entre las que han tenido suficiente con haber estado presentes, podemos mencionar a Der Räauber / El ladrón, de Benjamin Heisenberg, y Na putu / On the path, de Jasmila Zbanic.
Y entre las prácticamente descartadas se encuentran las tres propuestas asiáticas, Caterpillar, de Koji Wakamatsu, Tuan Yuan, de Wang Quan’an, y San qiang pai an jing qi / Una mujer, una pistola y una tienda de tallarines decepcionante giro de Zhang Yimou a la parodia. La germana Shahada no sólo tiene pocas posibilidades de recoger algún premio “serio”, sino que su futuro comercial es muy crudo fuera de su país y del marco de la pequeña pantalla.
Finalmente, premiar a la comedia estadounidense Greenberg o la francesa Mammuth significaría añadir un chiste más a las películas. Mientras que rozaría lo grotesco oír en el palmarés títulos como Jud Sus, Film ohne Gewissen / Judio Suss, Ascenso y caida o The killer inside me, el muy cuestionable thriller de Winterbottom.
Para acabar, mañana queda por ver Otouto / Sobre su hermano, del japonés Yoki Yamada. Con esta película fuera de competición,
Para la posterirdad quedaran los premios de honor, barriendo para casa, y la cantidad de producciones autóctonas presentes en la competición. El palmarés, mañana sábado, a primera hora de la tarde.
Escribe: Daniela T. Montoya
