Megamind (2)

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¿Qué sería de mí sin mis rivales?

Megamind, de Dreamworks AnimationHay veces en que me siento tentado de asentir a uno de los dogmas del libre mercado: la competencia nos hace mejores.

La irrupción de al menos tres largometrajes notables (sin llegar a la excelencia) no producidos por Pixar en el mundo de la animación digital de los últimos tiempos, hace que podamos disfrutar de una programación infantil de cada vez mayor calidad. Al caso de Gru, mi villano favorito, de la debutante  Ilumination entertainment, se unen dos de los últimos trabajos de Dreamworks, la hasta ahora impotente rival de Pixar: Cómo entrenar a tu dragón y Megamind, ambas de 2010.

En lo que respecta a las dos películas de la ex productora de Spielberg (ahora en exclusiva en manos de su ex socio Jeffrey Katzenberg, de ahí que Dreamworks Animation sea el nuevo nombre de la ex Dreamworks SKG), una de sus más destacables virtudes es la enorme habilidad con que utilizan las tres dimensiones: en concreto, en Megamind han conseguido dar otra vuelta de tuerca a la nueva tecnología, con unas escalofriantes secuencias de vuelo y caída libre que harán las delicias de los más atrevidos y pondrán de los nervios a los que padezcan vértigo.

Así mismo, introducen un nuevo tipo de escenografía para las secuencias de masas que dejan la sensación de hallarse en grandes espacios abiertos rodeados de gente (cuidado pues, con los agorafóbicos).

Pero Dreamworks siempre se ha caracterizado por ser efectiva en lo que a tecnología se refiere, nadie puede negar su calidad en este sentido, y quizá lo que no ha logrado hasta ahora es hacer buenas películas que compitan con el plus de emotividad de Pixar. Algunos de sus mejores logros en este aspecto quedan muy lejanos en el tiempo, como aquella primera entrega del ogro Shrek que ha quedado sepultada en la indigencia de las últimas secuelas, y quizá se han dado cuenta de que iba siendo hora de cambiar de estrategia y no fiarlo todo a los fuegos de artificio tridimensionales, para recuperar de nuevo el encanto de los personajes.

Megamind ha dado algunos pasos en esa dirección, y de seguir caminando es posible que Dreamworks pueda competir de igual a igual con Pixar en muy poco tiempo.

Lo que encontramos en Megamind es un proceso de complejización de sus personajes, que ahora cuentan con una “historia evolutiva” de cierto peso que ayuda a explicar su carácter; del mismo modo, se ha optado por profundizar en las relaciones humanas, alejándose un tanto de las reacciones primarias y planas: el gracioso no siempre es gracioso, el héroe no siempre es el héroe y el malo no siempre es malísimo.

Megamind ha dado algunos pasos en esa dirección, y de seguir caminando es posible que Dreamworks pueda competir de igual a igual con Pixar en muy poco tiempo

Ese juego de confusión de roles que observamos en Megamind no se limita a plasmar la dialéctica héroe/villano, que sería lo más fácil y lo más inmediato, puesto que parece evidente que no puede haber uno sin el otro y, además, es notorio que en ocasiones son la suerte, la educación y las circunstancias vitales las que nos conducen por unos u otros derroteros. No, en esta película se ha dado un pasito más y se ha mostrado cómo no cualquiera puede ser un héroe (o incluso un digno villano) a pesar de que se le otorguen poderes, y cómo precisamente desde este punto de vista, la genética no determina nuestro comportamiento.

En esa tesitura, Megamind parece haber alcanzado ciertas cotas de las que no está dispuesta a apearse; sin embargo, le quedan por recorrer algunos trechos en lo que respecta a otros roles: sus personajes femeninos siguen muchas veces anclados en el tópico, aunque sea el tópico complaciente de su mayor inteligencia indisolublemente unida a la belleza, y no llegan a abandonar el lastre que supone convertirse en el esperado “premio” del protagonista.

Quizá sea ese uno de los mayores “peros” que pueden objetarse que lo que por lo demás es un excelente entretenimiento: hay chistes visuales muy afortunados (como el cartel de Obama), hay retratos de crueldad infantil tan logrados que a uno se le saltan las lágrimas (no se sabe muy bien si de risa o de pena) cuando los sitúa sin dudar en su propia niñez, hay momentos brillantes que nos reconcilian con personajes odiosos (estoy pensando en el héroe Metroman en su secuencia final, magnífica a supervelocidad). Y hay, en fin, un torrente de acción trepidante, hábilmente dosificada entre enjundiosos interludios trufados de chistes para adultos e (inevitables) referencias cinematográficas y políticas (uno puede encontrar una hábil mezcla entre Bill Clinton y el padrino en el instructor de Titán).

Verdaderamente muy poco le falta ya a Dreamworks para conseguir el salto de calidad desde el (2) hasta el (3), y quizá no hubiera sido injusto atribuírselo en esta ocasión. Sin embargo, no podemos dejar de resaltar que acaso sus películas no acaban de perdurar en la memoria

Verdaderamente muy poco le falta ya a Dreamworks para conseguir el salto de calidad desde el (2) hasta el (3), y quizá no hubiera sido injusto atribuírselo en esta ocasión. Sin embargo, no podemos dejar de resaltar que acaso sus películas no acaban de perdurar en la memoria, y ello quizá se deba no tanto a la originalidad de sus historias, que sin duda la tienen, como a la falta de encanto de sus personajes: si algo resulta memorable en Pixar, es precisamente el carisma casi humano de los protagonistas, con sus pequeñas miserias y sus grandes defectos: que un personaje tan secundario como el Ken de Toy Story 3 resulte inolvidable debe atribuirse al cariño (y la mala leche, por qué no decirlo) que han puesto en su creación los guionistas.

Una manera de volver asumible y aceptable el mercado quizá sea la de respetar la inteligencia del consumidor proponiendo historias y personajes inteligentes, no intentando atontar al consumidor habituándolo a productos estúpidos.

Al parecer, en algunos aspectos del cine infantil podemos estar en el buen camino.        

Escribe Ángel Vallejo

 Título  Megamind
 Título original  Megamind
 Director  Tom McGrath
 País y año  Estados Unidos, 2010
 Duración  96 minutos
 Guión  Alan J. Schoolcraft, Brent Simon
 Fotografía  Película de animación en 3D
 Distribución  Paramount Pictures
 Doblaje original  Brad Pitt, Will Ferrell, Tina Fey, Jonah Hill
 Fecha estreno  03/12/2010
 Página web  www.megamind.com