En un mundo mejor (4)

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Aprendiendo a vivir

enunmundomejor00Y aunque no sea en el mejor de los mundos posibles, precisamente, siempre tenemos que estar dispuestos a ejercer la vida, esto es, a vivirla. Sino que se lo pregunten a los protagonistas de esta singular y espléndida película danesa, que buceando en la intimidad de los protagonistas, y sus problemas, nos trae el esfuerzo cotidiano para que realidad y evolución casi se tornen sinónimos, y desde escenarios tan distintos que de alguna manera se complementan.

En el film En un mundo mejor Susanne Bier nos lleva desde el corazón de África, en un campo de refugiados rodeado de aldeas primitivas, hasta una pequeña ciudad danesa donde la matonería está al orden del día, tanto en el colegio como en la sociedad, y al intentar relacionar ambos mundos, en apariencia tan distintos, no puede por menos de preguntarse —y la pregunta también es para los espectadores— si bajo la capa de la civilización no se esconde el abismo del desorden, el caos, al que parecemos inmunes; y diríamos que casi por necesidad.

Ahí enlazamos con el meollo del film, ese ir aprendiendo a vivir, que cotidianamente nos asalta y condiciona. Las imágenes nos muestran, enlazando con los diálogos, las diferentes etapas de nuestros protagonistas, desde el médico con su vida en ambos mundos, hasta el chico Christian, el recién llegado. En medio, Marianne, la mujer de Anton, el médico, que viven separados, aunque uniéndoles los dos críos. No olvidando a Claus, padre de Christian, que viene desde Londres al haber enviudado.

Precisamente la secuencia de la despedida de su mujer, leyendo Christian un poema, en la ceremonia fúnebre, es de una sensibilidad a toda prueba, porque Susanne Bier la enlaza con el campo de refugiados africanos. Y a partir de ese momento, con la historia de las dos familias, y el nexo de unión de Christian con el mayor de Anton, Elías, a quien libra de la matonería de los compañeros de colegio, En un mundo mejor nos muestra lo difícil que es controlar y conformar nuestros sentimientos con el entorno que nos obliga a comportamientos que tal vez no desearíamos.

Ahí está la decisión que debe tomar Anton para curar a Big Man, el cacique africano que tiene aterrorizados a los suyos, sobre todo a las mujeres embarazadas, dado que es médico y no puede eludir su deber. Como lo que le acontece a Christian, al comprobar que al padre de Elías no le gusta enfrentarse a los matones; y lleva a su amigo al alto del silo, desde donde se ve toda la ciudad, y el mar, para insinuarle cuál es el camino a seguir, que para Christian no es otro que atemorizar al matón.

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Con estos mimbres, sólidos, las historias fluyen, hasta conducirnos a la complejidad que tienen las relaciones cuando la educación está gestándose y algunos modelos a seguir pueden rastrearse en Internet, dándose cuenta que las emociones sí son del todo personales e insustituibles. En esto hay una cierta esperanza, que origina el título, incluido el original, Hævnen, y que nos sugiere el margen que siempre tenemos los seres humanos para enmendar nuestros desvaríos y errores, sobre todo si son de índole circunstancial, o que no estaban previstos.

Esto le acontece a Christian, dándonos la medida de sus sentimientos, intenciones y formas de enfrentarse al entorno y a los suyos. Lección ésta que nos lleva a considerar cómo una soledad no querida puede llevarnos al error de nuestras sensaciones, sentimientos incluidos, y que puede recapacitarse al borde del vacío. Es entonces cuando la figura del adulto consciente libera la fragilidad que se escondía en su conciencia: por muy joven que se sea, siempre hay que reflexionar el alcance de nuestros actos, sobre todo si están interrelacionados con las personas que queremos.

El juego de referencias a la educación, familia y escuela, lleva a la directora hacia los caminos del conocimiento. Y éste no siempre es adquirido, sino que va parejo a nuestros encuentros, actividades, sentimientos, prioridades, errores. Unos y otros, adultos y niños, tantean sus propias necesidades, eso que tiene que hacerse sin dilación, sin disimulos.

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Al final, cuando sus actos han generado hasta más allá de lo esperado, están en condiciones de asimilar que vivir es un continuo aprendizaje, sobre todo cuando se ha cumplido con su deber —en este caso ayudar como médico—, y las consecuencias posteriores sean la revancha.

Puede decirse otro tanto del chico huérfano, que en su deseo de ayudar viola la ley de forma involuntaria, sin saberlo. Pero cuando las derivaciones de sus actos le estallan en la cara, en el inconsciente sobre todo, tiene la necesidad de castigarse, porque se siente solo, desamparado en un mundo que él no controla, aunque lo intentaba. Sin embargo, ya sabemos que los sentimientos, casi tanto como las emociones, no bastan para cambiar el devenir de los acontecimientos. Al sentir, y ver, que sí cuenta con los adultos, su mirada vuelve a confiar, en sí y en su vida.

Las imágenes que nos han relatado estas tomas de conciencia, entre otras que nos propone En un mundo mejor —las que ocurren entre los padres separados—, logran que esta película vaya más lejos de nuestra curiosidad y se inmiscuya en nuestras conciencias para comprobar cómo el cine es capaz de interesarse por las vivencias que sabemos nos conciernen.

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El hecho de interesarnos por gentes que no son nuestros vecinos —en más de un sentido— dice mucho a favor de Susanne Bier y su equipo, del que merecen destacarse todos y cada uno de los actores, del todo creíbles y consecuentes en sus personajes, que nos los hacen tan próximos como reconocibles y legítimos, al margen de poder identificarnos con la mayoría.

En esta ocasión es de agradecer que los señores de la Academia de Hollywood hayan hecho lo más sensato y cinematográfico: darle el Óscar a la mejor película extranjera. Claro que antes ya hicieron otro tanto los del Globo de Oro, aunque éstos suelen ser casi siempre más acertados, tal vez porque están menos comercializados. Y es un decir, pero reconozcamos que queda bien.

Lo importante es que hayan destacado una película como En un mundo mejor, dado que es totalmente recomendable porque se trata de cine; vamos, que está contada, y hasta pensada, con imágenes. No se la pierdan.

Escribe Carlos Losada

 Título  En un mundo mejor
 Título original  Hævnen
 Director  Susanne Bier
 País y año  Suecia, Dinamarca, 2010
 Duración  119 minutos
 Guión  Anders Thomas Jensen, Susanne Bier
 Fotografía  Morten Søborg
 Música  Johan Söderqvist
 Distribución  Golem Distribución
 Intérpretes  Mikael Persbrandt, Trine Dyrholm, Ulrich Thomsen, William Jøhnk Nielsen
 Fecha estreno  01/04/2011
 Página web  www.sonyclassics.com/inabetterworld