Vidas pequeñas (3)

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Reales, frágiles, sinceras

vidaspequeas00Esto es lo que ofrece, con las mejores intenciones, Enrique Gabriel en esta su última película, y del que recordamos, y en más de un sentido dado el momento actual, su En la puta calle (1997), y que en cierto acontecer económico, es un posible antecedente de la que nos ocupa, aunque entonces no fueron sus intenciones, lógicamente.

¿Lo son ahora? Si bien no estamos seguros, algo le andaría en el magín al escribir, con Lucie Lipschutz, el guión de estas Vidas pequeñas, reales, frágiles, sinceras, de casi todos los días, las más, y que nos podemos encontrar a la vuelta de la esquina.

En este caso las ubica en un camping a la afueras de Madrid, con nombre tan pomposo como necesario, para impresionar, Vista Hermosa —del todo ideal, piensan los promotores, para bautizar una urbanización de apariencia y lujo, qué duda cabe—, donde conviven variedad de personas, de toda clase y condición, al que llega Bárbara Helguera, famosa diseñadora de modas, orgullosa y al borde de la ruina, que incorpora de forma desigual, a veces acertada, Ana Fernández, aunque en los primeros planos muestra demasiados mohines.

La ha llevado Andrés, el personaje más difícil, humanamente hablando, del guión y que comprendemos gracias a la incorporación que de él hace Roberto Enríquez, dúctil actor que pasa de la serie televisiva La señora, entre otras, a esta suerte de permanente buscavidas —nada sabemos de su pasado, ni nos importa— que se contenta con vivir en el presente, y si se enamora de Bárbara, pues mejor, y si tiene algún dinero, pues mejor también, sobre todo porque posee don de gentes, sabe estar y convive con naturalidad en el entorno. Bárbara aprende algo de su comportamiento, sobre todo al relacionarse con las vidas pequeñas que les rodean.

De éstas cabe destacar, por su credibilidad, a Celeste —magistralmente incorporada por Ángela Molina—, escritora de éxitos pasados de poesía y poemas, y que ahora se dedica a dar consejos que ayuden a no desesperar. Junto a ella su marido, autor teatral de éxito, hoy olvidado, y que se contenta con vivir y cuidarla. Lo hace del todo humano y vulnerable Emilio Gutiérrez Caba, siempre tan excelente actor desde la lejana —y tan cercana por otros motivos— La caza, de Carlos Saura.

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Sin olvidar a Alicia Borrachero, en una esteticista víctima de sí misma y de su hija adolescente, con naturalidad y sin alharacas. Ni a Francisco Boira, el que vende negocios sin porvenir de tan inverosímiles que son, haciéndolos ostentosos, por si así son creíbles, que resuelve con aplomo. Y otro tanto decir de Alicia Sánchez, la feriante, la que cuida de todos, como si fueran sus hijos, y que está llena de una naturalidad tan física como real. Y mención especial para Asunción Balaguer, la madre de Celeste, empeñada en ser ella misma, trascendiendo su humana sensibilidad.

Todo este entramado se sigue con atención, sobre todo por los actores citados —incluido el antiguo cantante de cabaret, amable extranjero que va a terminar allí sus días—, y que nos van envolviendo a medida que avanza el metraje, ya que nos interesamos por esos vericuetos que la cotidianidad nos depara, que en muchas ocasiones, sobre todo en la última media hora, está tratada con sensibilidad, importándole las criaturas que nos muestra, porque ya forman parte de Enrique Gabriel, y hasta del productor, Francisco Ramos, al que debemos obras tan dispares e interesantes como Kamchatka o la tan discutida Mentiras y gordas.

Al final llegamos a la conclusión, de la que otras veces hemos hablado, de que vivir es lo que importa. Ya se trate de vidas pequeñas, medianas, grandes, importantes, excelsas… Estas calificaciones son de un relativismo anacrónico y a la par consecuencia de la manía que tenemos de dividir todo en categorías, porque así pensamos que lo entenderemos mejor.

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Y no es así. Vivir no se adapta a ninguna clasificación; es solamente el resultado del encuentro que tenemos entre el tiempo y el espacio, del que forma parte tan indiscutible como fundamental el cine, que tantas veces nos hace posible conocer esas otras vidas, de ficción o realistas, a las que no tenemos acceso.

Por eso agradecemos que Enrique Gabriel haya rodado algún documental, como el de 2008 sobre el exilio argentino, con Javier Angulo, titulado La pérdida. Eso le ha servido para contarnos, como queda indicado, estas Vidas pequeñas con bastante acierto y sensibilidad. Su visionado sirve para reivindicar al cine español, que propios y extraños no paran de denostar, aunque no siempre tengan razón.

Ver Vidas pequeñas nos reconforta, y a los productores debe estimular para hacer obras cuyo interés vaya más allá de cumplir el expediente. Ánimo, las bases del cine están puestas y debemos, en consecuencia, hacer buenas películas.

Escribe Carlos Losada

 Título  Vidas pequeñas
 Título original  Vidas pequeñas
 Director  Enrique Gabriel
 País y año  España, 2010
 Duración  100 minutos
 Guión  Enrique Gabriel, Lucia Lipschutz
 Fotografía  David Carretero
 Música  Carlos P. Mántaras, Osvaldo Montes
 Distribución  Emon
 Intérpretes  Asunción Balaguer, Maite Blasco, Txema Blasco, Francisco Boira, Alicia Borrachero, Laura Domínguez, Roberto Enríquez, Ana Fernández, Manuel Garcia Merino
 Fecha estreno  18/03/2011
 Página web  http://www.savor.es/es/cine/ahora-en-cines/vidas-pequenas/c19r3378/