Un año más la calidad del documental español exhibe su mejor cara en
Cortometraje documental
Bucky and spaceship Earth / Bucky y la nave espacial tierra (2010)
Carlos Carcas. España, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos.
“Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él” (Jonathan Swift)
Esta frase extraída del libro La conjura de los necios de John Kennedy Toole es perfectamente compatible con la repercusión que la personalidad de Richard Buckminster Fuller y su obra tuvieron sobre la sociedad de la época que le tocó vivir.
El documental, según nos cuenta el propio realizador, surgió mientras trabajaba en un proyecto sobre el arquitecto Norman Foster (How much does you building weigh, Mr. Foster?, estrenado en 2010 en
Richard Buckminster, más conocido como “Bucky” Fuller (1895-1983), fue un ingeniero, arquitecto, inventor, diseñador, filósofo, matemático, escritor… y visionario norteamericano, muy adelantado a su tiempo. Un creador total, radical, revolucionario y transgresor que vestía impecablemente de traje con corbata o pajarita. Prolífico, incansable e impasible al desaliento combinaba originalidad extrema con una integridad absoluta en su intento por mejorar la condición humana sin supeditarse a las intromisiones de los poderosos.
Un hecho traumático en su vida personal le hizo replantearse la continuidad de su existencia que decidió dedicar a partir de entonces al servicio de la humanidad, desde un planteamiento individualista.
Fue un pionero de la defensa medioambiental, preocupado por la sostenibilidad y la escasez de los recursos naturales y defensor de las energías renovables (eólica, solar…) frente al petróleo. Durante toda su vida trató de buscar respuesta a la pregunta de si era posible que la humanidad pudiera sobrevivir en el planeta Tierra (al que él apodó “nave espacial Tierra”) y cómo.
Célebre por sus famosas cúpulas geodésicas, sus múltiples inventos, escritos y experimentos no consiguieron el reconocimiento que se merecían por su exacerbada modernidad y el resentimiento de sus coetáneos a admitir su superioridad natural. Considerado un utópico, muchas de sus ideas eran consideradas oscuras y muchos de sus inventos no llegaron a fabricarse.
Su figura es comparable con la de Howard Roark, el arquitecto independiente e individualista de la obra de Ayn Rand The fountainhead, llevada al cine por King Vidor en 1949 con el mismo título El manantial. El protagonista, interpretado por Gary Cooper arremete en su discurso final contra la mediocridad y los parásitos que intentan constreñir, anular y someter las mentes libres y lúcidas de los creadores singulares: “A lo largo de los siglos ha habido hombres que han recorrido nuevos caminos, armados solo con su clarividencia. Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos, inventores se enfrentaron a la gente de su época. Cada nuevo pensamiento encontraba oposición, cada nuevo invento era denostado, pero los hombres con visión de futuro siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron con ello, pero vencieron”.
El documental está concebido como homenaje y reivindicación de la memoria del creador americano, al que, según cuenta, muchos de sus propios compatriotas desconocen. Fabricado a base de fragmentos de noticias de la época, episodios significativos de su vida, inventos, pensamientos y declaraciones del propio Fuller complementadas con las opiniones de relevantes personalidades del ámbito científico, artístico y cultural actual (Calvin Tomkins, Norman Foster… e incluso su propia hija), que defienden la obra y figura del ínclito y eximio genio incomprendido y marginado en su época.
El cortometraje hace un repaso a sus ideas más curiosas (decía que con sólo treinta minutos de sueño cada seis horas era suficiente para sentirse descansado), inventos y proyectos más innovadores y respetuosos con el planeta, como las lightful houses, ligeras, luminosas y exquisitas, y posteriormente, ya bajo la marca Dymaxion (dinamyc, maximun tension) las casas circulares en completa oposición a la filosofía Bauhaus, sus amplios y ecológicos coches de la misma marca tipo aeronave, sin alas, con forma de gota de agua y tres ruedas de los que fabricó tres prototipos, que fueron denostados en su momento; y sus impresionantes y estéticas cúpulas geodésicas (combinación perfecta de arte y tecnología) construidas aplicando el principio estructural de tensegridad (integridad tensional) que él mismo acuñó.
Hizo extensible a todos los campos de investigación y a todos los aspectos de la vida su principio de tratar de conseguir “más con menos” (efemeralización), optimizando recursos y materiales para lograr la máxima efectividad y eficiencia.
Fuller fue uno de tantos genios incomprendidos, perseguidos o ignorados por adelantarse a su tiempo, con una superioridad natural, tan aplastante, sobre la mediocridad de sus coetáneos, que éstos nunca le perdonaron su lucidez y generosidad.
“¿Cómo podemos hacer que el mundo trabaje para el cien por cien de la humanidad en el período más corto posible a través de la cooperación espontánea, sin daños ecológicos y sin perjudicar a nadie?” (Bucky Fuller).

Wellcome to Tsukiji / Bienvenido a Tsukiji (2010)
José Almena Redondo. España.
“Cine de observación” en el fondo pero no en la forma, en el que la cámara asiste a los acontecimientos como espectadora inquieta y curiosa, desestabilizando la mirada del observador.
Después de los abruptos momentos iniciales, con vaivenes continuos, movimientos de cámara abruptos y un montaje desquiciado, la acción se ralentiza y podemos observar el trasiego de un mercado de pescado en la capital japonesa. Asistimos a la llegada del producto congelado en grandes camiones frigoríficos, de los que es descargado y posteriormente clasificado, marcado y etiquetado antes de la llegada de los primeros compradores, que prueban el producto antes de asistir a la subasta y adjudicarse las mejores piezas.
Fundamental en la dieta japonesa, la frescura del pescado se mantiene con una técnica que lo conserva sin aditamentos hasta el momento de consumirlo, consistente en darle un corte en las agallas, otro en la cola y después introducirle un alambre que le atraviesa la espina dorsal. De esta forma el animal muere pero el músculo se mantiene vivo y fresco.
Es impactante, para espectadores poco expertos en cocina japonesa, ver cómo el animal se estremece aún en el plato cuando en el restaurante se le sirve al cliente.
Un documental muy sugerente y atractivo, sin apenas diálogos, que basa su impacto en el mensaje, ya que el interés de lo que cuenta está muy por encima de la calidad de sus imágenes.

El recolector de recuerdos (2010)
María Zafra Cortés. España.
Todos los años encontramos en los distintos festivales películas realizadas a partir de metraje encontrado y es que el cine found footage está de moda en sus múltiples versiones, desde las más ortodoxas, hasta las más radicales, poéticas y artísticas. Unas y otras componen sus películas, total o parcialmente, a base de material grabado por otros y recuperado para darle una nueva significación.
Usualmente aparece ligado al cine experimental y documental, pero el término se ha colado también en el cine de ficción comercial como un género más, dando lugar a películas en las cuales el material tiene el aspecto de encontrado (movimientos inestables y bruscos de cámara, imágenes de mala calidad, rodaje en primera persona…) aunque no lo es. Son ejemplos de este nuevo género El proyecto de la bruja de Blair (1999), Monstruoso (2008), Paranormal activity (2009), Rec (2007) o Redacted (2007) de Brian De Palma por citar alguna que no sea de terror.
La autora de este cortometraje reflexiona sobre la representación dentro del cine familiar, partiendo del material rodado por su abuelo con una cámara de
Un collage de recortes audiovisuales y fragmentos sonoros entrañables que remiten a una época feliz de la vida cotidiana y familiar, en la que el abuelo convertido en realizador aficionado juega con la cámara y sus posibilidades técnicas y creativas, sin desperdiciar los acontecimientos que la cotidianedidad le brinda, a la vez que interviene sobre la realidad recogiendo pasajes, de la vida familiar (bautizos, comuniones, vacaciones…).
El abuelo argumenta su necesidad de dejar testimonio de su presente para que sus descendientes (hijas y nietas) puedan en el futuro recuperar su pasado a través de sus imágenes y sonidos, una realidad que él nunca les pudo contar porque el alzheimer se lo impidió.
Respetuosa con el legado recibido, la intervención de la autora se concentra en la voz en off que contextualiza los hechos para dotarles de cierta coherencia que tampoco necesitan.

Eric likes chicken / A Eric le gusta el pollo (2010)
Carlos Polo Menárguez. España,
La película es la historia del fracaso de un rodaje en el que realizador y actores se vieron involucrados. Intentando rodar una película de ficción, que mostraba la convivencia de una joven pareja americana, Lyndon y Leslie, bastante desquiciada, la realidad se entrometió en ella dando lugar a un producto híbrido con apariencia final de making-of, aunque hecho sin esa intención.
Eric Smith, de Tulsa, Oklahoma era la persona perfecta para encarnar a Lyndon, pero cuando comenzó el rodaje, a Eric se le olvidó que estaba interpretando a Lyndon y al director que estaba filmando una ficción.
Los actores y personajes principales Eric/Lyndon y Liz/Leslie se revelan mucho más cuerdos y críticos con el sistema americano que los personajes que interpretan en la ficción, una parodia de la marginalidad de dos jóvenes trastornados por el sexo y la droga, con un lenguaje procaz extenuante y sin diálogos coherentes.
Por suerte el cruce fortuito de olvidos impuso la cordura de la realidad sobre el desafortunado guión inicial, construyendo un documento alternativo de situaciones convergentes poco complacientes para el espectador, pero consecuentes.

Largometraje Documental
Los amores difíciles (2010)
Isabel Lucina Gil. España.
La película cuenta diferentes y curiosas historias de amor, a lo largo de un verano, protagonizadas por personas de distintas edades, culturas y sexos. Todas ellas tienen en común la complejidad de las mismas y el empeño de los amantes en luchar por su amor.
En ella hay amores maduros, vividos con inmadurez, infantiles vividos con ilusión adulta, imaginarios, comprometidos, persistentes, platónicos… pero todos reales para sus protagonistas.
La idea surge como contraposición a la historia de un corto anterior, llamado El hombre feliz, que a diferencia de estos personajes, si tenía lo que quería. Aunque en esta película ningún personaje tiene plenamente lo que desea, el enfoque es positivo y todas las historias están contadas sin dramatismo, algunas incluso en clave de comedia, intentando despertar en el espectador empatía y complicidad.
María es una mujer soltera, alegre y decidida, profesora de primaria, que vive una relación libre de prejuicios y ataduras con un joven musulmán al que ha conocido por Internet. No duda en viajar a Tánger para conocerle y pasar el verano juntos. Sus amigas le reprochan su falta de compromiso serio, pero ella prefiere vivir la relación en presente sin complicaciones de convivencias futuras.
Mariló, también madura, a diferencia de María es pesimista, seria y contenida, desde su separación ha perdido la confianza en sí misma y en su capacidad para volver a enamorarse, pero decide darse una oportunidad.
Ángel es un joven que aunque sigue viviendo en pareja siente que su relación está terminada, y que no tiene sentido prolongarla más, no obstante, se da de margen el verano para comprobarlo.
Amanda es una anciana que vive sola y convive en su imaginación con una pareja invisible, a la que habla como si fuera real. Algo muy diferente a lo que les ocurre a otra pareja real de ancianos, que con paciencia y cariño tratan de mantener su unión a flote, después que la mujer se ha quedado sorda y la comunicación entre ellos se resiente.
Enamorarse en la adolescencia, de un actor de cine, es bastante frecuente. Eso le ocurre a Marta, una joven andaluza muy graciosa, que no duda en grabar un video confesándole sus sentimientos al protagonista de Las crónicas de Narnia. Lo que quizás ya no lo sea tanto es que se persista en el empeño treinta años después, que es lo que le ocurre a otra de las protagonistas.
Chary es bibliotecaria, está felizmente casada y tiene dos hijas, pero tiene desde la adolescencia, un amor platónico: el actor Paul Michael Glaser, uno de los protagonistas de la serie de los setenta Starsky y Hutch. Con gracia y desinhibición consigue conocerle, fotografiarse con él y después mantener el contacto vía Internet, sin logarlo del todo.
Su hija pequeña Marina también tiene un amor imposible, su profesor de gimnasia Enrique, un joven simpático pero ajeno a los sentimientos que despierta en la niña. Ella se azora cuando lo ve, se le caen las cosas, se le traba la lengua… y en su ingenuidad infantil incluso cree que su amor puede prosperar.
A partir de un guión imaginario escrito por ella misma, la directora ensambla las diferentes historias, recopiladas de personajes reales (no actores), que se interpretan a sí mismos, a veces, con evidente falta de naturalidad al saberse filmados. Hay estructura de ficción dice, pero las historias son de verdad, y son los propios personajes los que construyen su diálogo al actuar.
La cámara se comporta como un catalizador del acontecimiento que filma, provocando la acción de los sujetos e interactuando con ellos durante la filmación, si es preciso. La autora ha confesado “intento no dirigir mucho, pero intentaba provocar a algunos personajes para conseguir determinados resultados”.
Esta posición entronca directamente con la metodología del director francés Jean Rouch (1917-2004) por cuanto que no capta la realidad tal cual es sino que la provoca para conseguir una realidad diferente, la realidad cinematográfica, más ficcional.
La gran diferencia entre uno y otra es que el director francés defiende abiertamente la subjetividad de la narración cinematográfica como hilo conductor del relato mientras que Lucinda Gil intenta disimularla, sin conseguirlo del todo.

El torero de los Andes (2010)
Ignasi Rodríguez Batlle. España,
David Gil Ochoa es un torero español de treinta y cinco años que vive en Linares (Jaén) trabajando en el cortijo de su padre. Se confiesa con hombre feliz, pero le hubiera gustado ser una figura del toreo en su tierra, y como no ha sido posible (aunque cualidades no le faltan) no ha renunciado a serlo en otro país.
Durante varios meses al año marcha a torear a Perú, un país en el que es todo un ídolo de multitudes, un premio para su ego al que le cuesta renunciar a pesar del sacrificio que cada temporada le supone alejarse de su familia. Allí coincide con otros jóvenes toreros españoles que como él buscan una oportunidad de cumplir su sueño.
Siente que su amor al toreo está por encima de cualquier otro y aunque la singladura americana está exenta del glamour que la profesión tiene en España, le compensa a nivel emocional.
Contratado por un apoderado de allí, recorre los pueblos de Perú en viejas camionetas, escondido en la bodega de los autobuses de línea y en el mejor de los casos en coches alquilados (viajes cortos), transitando por carreteras polvorientas e inseguras, soportando trayectos de 18 ó 20 horas, alojándose en míseras pensiones y toreando en la mayoría de los casos en plazas portátiles, sin medidas de seguridad ni enfermería y con toros muy peligrosos. Todo por apenas 300 euros por corrida.
David desafía a la muerte no sólo en la plaza, también en las carreteras, pero cuando la temporada termina vuelve feliz y realizado a casa. Sabe que un torero tiene que tener ilusión, fortaleza y juventud y aunque, como él dice, las dos primeras no le faltan, ya no es joven y sabe que en España no tiene ninguna posibilidad. Mientras pueda no renunciará a su sueño de ser un torero querido, aunque sea fuera de su tierra.
Road movie torera muy interesante, de realización clásica, con buena calidad de imagen, encuadres cuidados y meticuloso montaje, algo que actualmente parece estar reñido con la modernidad documental.
Escribe: Purilia