Versalles (1)

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Opulencia y pobreza

versailles00Versalles se realizó en 2008 y fue proyectada —y recibió el segundo premio— en la XXIX Mostra de Valencia (o sea hace la friolera de tres certámenes valencianos), cuando en la Mostra había jurados oficiales y aún no había perdido su etiqueta de mediterraneidad. Otra cosa es que los jurados premien las buenas películas, aún en el caso que las hubiese.

Versalles, en un año flojo en participación, no escapaba a la norma y el premio concedido sonó a una especie de reconocimiento a su protagonista  Guillaume Depardieu (1), hijo de Gérard Depardieu, que murió (tenía treinta y siete años) al poco de acabar el rodaje de este insignificante título, aunque intervino aún en otros cinco títulos.

Segundo filme realizado para el cine por Pierre Schoeller, nacido en 1961, aunque con larga experiencia con el mundo de la imagen, al menos como guionista televisivo. Con posterioridad a Versalles sólo ha realizado otra película, L’exercice de l’Etat (2011). La que comentamos va de miseria, de personajes que viven como pueden al lado de los jardines versallescos, en los bosques colindantes, convertidos en refugio de vagabundos.

Por si no queda clara la profundidad del título, su carácter denunciatorio, la película insiste en ello. Al lado del fastuoso Versalles vive gente en total pobreza. Y así el filme, sin progresar nunca, muestra la tragedia de un niño de cinco años, Enzo, y de su madre, hostigados por la vida. Hambrientos y vapuleados. Un niño gordito, guapetón, sonrosado, que desde luego no está en consonancia con el personaje famélico que quiere mostrársenos.

Cuando la ración de mísera angustia de la madre e hijo ya no da para más, entra en escena un conjunto de vagabundos de entre los cuales destacará Damien (interpretado por Guillaume Depardieu). La relación entre los tres personajes conduce a una especie de trato: el hombre se quedará con el niño mientras la mujer intentará incorporarse al mundo del trabajo para poder abandonar la vida de miseria.

La película sigue, desde ese instante, igual de reiterativa, sólo que ahora el dúo lo forman hombre y niño, pero ni por esas el niño (salvo que necesita un buen lavado) pierde sus mofletes. Cuando el filme nos ha lanzado otro conjunto de desgracias sin cuento, vuelve la película al personaje de la madre. Tiene trabajo. Ya, aunque aún con problemas, puede hacerse cargo del chico. Cuando acude al bosque, su hijo y Damien ya no están allí. Lloros sin fin.

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No termina ahí el filme, lo que viene es lo más (tristemente) divertido y ridículo de esta demencial historia. Damien enferma en el bosque. Pide ayuda. El niño, ni corto ni perezoso, acude a… el palacio de Versalles, donde entra como si tal cosa, para tirar de la manga de uno de los encargados del palacio que portan librea y (se supone) conducirle a Damien. Entonces se produce el milagro: la primera gran elipsis del filme. La película salta del plano del niño agarrando “una manga” a Damien saliendo curado del hospital.  A la puerta de entrada del hospital (sí, leen bien, a la puerta) espera Enzo. O sea que nadie se ha preocupado de llevar a tal niño a los servicios sociales. ¡Pero cómo está de mal la Francia de Sarkozy!

¿Fín? No que va. Damien cree que el niño necesita otra vida. Busca una habitación en una casa y se pone a trabajar. En la casa habita un matrimonio sin niños. ¿Se imaginan el inteligente e inesperado giro del guión? Pues sí, la película camina por ahí mismo: el solitario matrimonio se encariña con el niño. Y, obviando otras aventuras, digamos que el niño descubre lo bonito que es ir con otros niños al colegio.

Para no creérselo, pero sí, así se muestra la idea de “la integración del niño”. Lean: en el jardín de la casa donde viven alquilados Damien y Enzo (ahora bien vestido, peinado, con sus mofletes que parecen explotar), éste descubre una pelota. Se acerca a ella y poco a poco empieza a darle impulsos hasta que termina jugando con el balón. ¿Lo han entendido? Por si no queda claro, sale Damien con su mochila. Sin duda, se marcha. El niño le acompaña hasta la puerta del jardín, pero… se queda. ¿Se va a ir a la mala vida cuando ha descubierto la buena? ¿Es ese el bonito final?

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No, aún puede ser peor. Versalles, así, va a ofrecernos en los minutos finales (los que siguen a la escena de la pelotita) una de las más absurdas, convencionales y socorridas elipsis que el cine ha dado en los últimos tiempos.

Han pasado unos diez años. Enzo está integrado en la familia. Es un jovencito al estilo moderno. La familia “unida” se encuentra en el comedor familiar. De pronto la mujer (o el hombre, igual da) entrega una carta a Enzo, diciéndole que se la envía su verdadera madre (como lo oyen, se asegura que es la carta de la madre del niño).

¿Cómo explicar tal hecho? Da igual, el espectador debe ser lo suficientemente inteligente para crear toda la historia (triste) de la madre hasta llegar a ese (increíble) hallazgo. Estoy seguro que el propio Godard (si tiene la desdicha de ver este filme) quedará impresionado ante tal ruptura fílmica. Un hallazgo, sí señor… Pero, tranquilos, aún no ha terminado la cosa. Queda el remate: el abrazo de noche en la calle entre la madre (que le espera en un coche) y el niño.

No me gusta contar una película pero en este caso, y sin que sirva de precedente, no he podido sustraerme a ello.

El absurdo final no sé si trata de buscar la empatía de sentimientos con un espectador, sumido en la desesperación ante una historia tan quieta, sin progresión. Lo dudo. Resulta tan forzado como la inaguantable narración, que se supone crítica, sobre la pobreza y el desarraigo reflejada en la grandiosidad borbónica. Repetitiva y tópica. A ratos insoportable.

Pobre cine francés actual que sólo parece levantar medianamente la cabeza con algunos pocos títulos de cierto interés. De aquellas grandes ideas impulsadas por la Nouvelle vague ya no queda casi nada. Una pena.

Escribe Mister Arkadin

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NOTAS

(1) La película recibió también en la XXIX Mostra una mención especial del jurado (harto sospechosa) para Guillaume Depardieu (Damián) y Max Baissette (Enzo) por sus excelentes interpretaciones. Max Baissette desde entonces ha intervenido en otros tres filmes.

 Título  Versalles
 Título original  Versailles
 Director  Pierre Schöller
 País y año  Francia, 2008
 Duración  102 minutos
 Guión  Pierre Schöller
 Fotografía  Julien Hirsch
 Música  Philippe Schöller
 Distribución  Barton Films
 Intérpretes  Aure Atika, Max Baissete de Malglaive, Judith Chemla, Guillaume Depardieu, Patrick Descamp, Brigitte Sy
 Fecha estreno  20/05/2011
 Página web  http://www.avalonproductions.es/