La oportunidad de mi vida (2)

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Mucho humor y pocas nueces

laoportunidaddemivida00El director y guionista francés Nicolas Cuche vuelve a la comedia con su segundo largometraje La oportunidad de mi vida/La chance de ma vie (2009), un género que tenía aparcado desde que estrenara Jojo La Frite (2001), una película basada en su cortometraje del mismo título, premiado en el Festival del Humor de Chamrousse en 1996.

Entre ambas producciones ha trabajado, sobre todo, para la televisión francesa donde ha dirigido el telefilm La bonne copine (2005), en coproducción con Bélgica; y las series David Nolande (2006) mezcla de drama y fantasía, Flics (2008) de género policíaco, Le Chasseur (2009), drama y thriller, y actualmente prepara Inquisitio (2011), que combina el género dramático con el romántico.

Premiada en el Festival de cine cómico de Montecarlo 2010 con los galardones a mejor película y mejor actriz, La oportunidad de mi vida narra la peripecia romántica de Joanna y Julien, dos jóvenes treintañeros de éxito en sus respectivas profesiones, aunque ninguno con una vida sentimental plena. Un día se conocen por casualidad, se atraen e inician una relación plagada de incidentes desagradables, curiosamente, para ella.

Joanna Sorini (Virginie Efira) es una mujer independiente, inteligente, atractiva y sexy aunque no inaccesible. Muy competente profesionalmente, es diseñadora gráfica en una famosa agencia de publicidad, a la espera de una verdadera oportunidad para demostrar su talento. Ésta llega el día que su jefe, un engreído y repelente megalómano, le pide su colaboración para diseñar un nuevo coche.

Julien Monnier (François-Xavier Demaison) es un brillante asesor matrimonial con un método infalible, aunque poco ortodoxo, para mantener la estabilidad de las parejas, de todas, menos de las suyas, que fracasan estrepitosamente una tras otra. El problema, que acarrea desde la infancia, es que es un auténtico gafe para todas las chicas que se interesan por él.

Cuando “una serie de catastróficas desdichas” se ceban con Joanna, hasta el punto de hacer que su sueño creativo fracase, decide abandonar a Julien y apostar por Martin (Raphaël Perssonnaz), una relación menos profunda pero más “segura” para su integridad física y emocional. Inmediatamente la buena suerte vuelve a su vida profesional, pero ella está convencida que es a consecuencia de la mala racha anterior.

Un argumento convencional de comedia romántica en la que chico conoce chica, se enamoran, se separan y al final triunfa el amor, pero a la que el tema del gafe, además de ser el motor de la historia, aporta ese plus de humor que genera todo tipo de situaciones disparatadas, algunas muy socorridas (confusión de enfermos a la hora de operar, efecto dominó…), otras sorprendentes (pasión sobre la vitrocerámica) y alguna realmente hilarante (mujer de los labios hinchados).

Un gafe es una persona que tiene o provoca mala suerte. Un tema muy propicio para la comedia que no es nuevo en el mundo del humor. Lo encontramos en la historieta francesa de los cincuenta con Gaston Lagaffe (1957), que en España se convirtió en Tomás el gafe (1965), en la televisión, Crused/El gafe (2000), serie americana protagonizada por Steven Weber, y en el cine español, con su correspondiente tono negro, en El gafe (1959), la disparatada comedia de Pedro L. Ramírez, protagonizada por José Luis Ozores, Antonio Garisa y Teresa del Río.

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En la película, tras el enfoque humorístico existe una intención desmitificadora de la figura del gafe como estereotipo de la mala suerte, resumida en una filosofía positiva con moraleja final que se concreta en “no hay mal que por bien no venga”, o que —como opina Virginie Efira, la actriz protagonista, que se confiesa nada supersticiosa— “algunas catástrofes en realidad son oportunidades”.

La película no tiene grandes pretensiones, es sencilla, ligera, ágil y poco psicológica, con influencias del modelo anglosajón y estadounidense, aunque con toque francés, con momentos muy slapstick (cagada de cigüeña en la cara, choque de Joanna contra el cristal, desgracias de las respectivas novias, especialmente el golpe de la botavara a Nadege…), y ocurrencias afortunadas (matrimonio de los padres, mediación de Julien en la discusión entre dos monjes…), pero a la vez con códigos tópicos del género, que juegan a la confusión, sobre todo de carácter sexual, que funcionan siempre (escena de supuesta felación en el ascensor, aparente relación homosexual entre Julien y su amigo cirujano, presentación fálica del prototipo de automóvil…).

Con una estructura narrativa de flash-backs y narrada en primera persona por el desafortunado protagonista, la película empieza con un ritmo muy fluido, tanto a nivel visual como de diálogo, que poco a poco va perdiendo dinamismo hasta conseguir que los escasos noventa minutos que dura lleguen a parecer más.

Lo mejor de la película es que altera uno de los convencionalismos típicos del género; la “princesa” no se casa con el “príncipe”, es decir, la chica guapa no elige al play-boy encantador y sincero, aunque desapasionado, sino al chico corriente, poco agraciado físicamente pero simpático y entrañable, que con resignación asume lo que cree su infausto destino.

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Lo inusual de la película no está en el argumento, ya que es evidente que el espectador prefiere a personajes (como Julien) en los que el amor se imponga sobre la seducción, sino en la elección del actor protagonista para encarnar ese papel. Es característico que el personaje que represente esas cualidades, cumpla las expectativas de la audiencia, es decir, que además de sincero, entrañable, gracioso, incluso torpe o desgraciado, además sea guapo o al menos atractivo (Cary Grant, por ejemplo, representó este prototipo a la perfección en el cine clásico).

Por eso en esta ocasión, la elección de François-Xavier Demaison es realmente la que da un toque diferente a la película, una acertada decisión del director que optó por aportar otra dimensión al papel de Julien, que “desprende un aura sincera, densa, muy alejada del estereotipo del género”, según sus palabras.

No obstante, esta opción no es totalmente original, son muchas las comedias románticas en las que se produce este desequilibrio entre chica estupenda y chico poco agraciado como Allison Scott (Katherine Heigl) y Ben Stone (Seth Rogen) en Lío embarazoso (2007), Amanda Beckett (Jennifer Love-Hewitt) y Preston Meyers (Ethan Embry) en Ya no puedo esperar (1998) o Teth Strohehmann (Ben Stiller) y Mary Jensen (Cameron Díaz) en Algo pasa con Mary (1998), por citar sólo algunos ejemplos, en los que la ficción se impone sobre la realidad, algo que en la vida cotidiana es igual de ficticio.

Una comedia romántica al uso, aunque su director no lo crea así, entretenida, simpática, bien interpretada, poco creativa y con final feliz, que incita poco a la reflexión e inspira menos, como queda patente.

Muy apropiada para esta época estival.

Escribe Purilia  

 Título  La oportunidad de mi vida
 Título original  La chance de ma vie
 Director  Nicolas Cuche
 País y año  Francia-Bélgica, 2010
 Duración  87 minutos
 Guión  Luc Bossi
 Fotografía  José Gerel
 Música  Christophe Lapinta
 Distribución  Golem Distribución
 Intérpretes  Virginie Efira, François-Xavier Demaison, Armelle Deutsch, Raphaël Personnaz
 Fecha estreno  05/08/2011
 Página web  http://www.golem.es/