Linterna verde (0)

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El señorito del anillo 

linternaverde00Todo comienza con un largo, larguísimo, prólogo lleno de tediosas explicaciones para situar al espectador (innecesarias para los ya iniciados en el personaje, incomprensibles para los que se acercan a Linterna Verde por vez primera), con ecos evidentes del primer Superman cinematográfico (Richard Donner, 1977). Con ello se pretende dar empaque al comienzo de una presunta trilogía, porque hoy en día los estudios cinematográficos funcionan sólo por trilogías de superhéroes… y por plagios descarados de lo que caiga en sus manos.

Tras ese prólogo, la primera gran escena de acción nos permite conocer a los Guardianes del Espacio, una raza de defensores del Universo que cuenta con 3.600 superhéroes distribuidos estratégicamente por todos los confines (los green lanterns, que el doblaje en español se empeña en dejar en inglés, como si les diera vergüenza reconocer que son simples linternas verdes). Así ya sabemos que el Universo está a salvo.

Luego, la acción se traslada a la Tierra (porque aquí aún no estamos a salvo), para presentar la segunda gran trama del film, en este caso la historia de Hal Jordan, un señorito despreocupado y mujeriego, piloto de aviones, difícilmente comprometido con nada ni con nadie, con complejo a cuestas (su padre murió frente a él en un accidente de avión), con amigo confidente (para ayudar al público a entender las cosas), con ex novia inteligente (tanto que se presume que en la trilogía acabará siendo la villana de turno) y, sobre todo, capaz de vencer el miedo (que es a fin de cuentas lo que le otorga el don para ser un Linterna Verde).

Presentadas ambas tramas, la cosa decae lo suyo.

En la Tierra surgirá un villano accidental, Hector Hammond, al que se le hincha el cerebro (y tiene un aspecto igualito al de El hombre elefante de Lynch) al entrar en contacto con restos de una nave espacial en la que iba el Linterna Verde que ha elegido a Hal Jordan como su sucesor en la Tierra. También su padre, un ambicioso senador que interpreta Tim Robbins con no poca ironía y se ríe de todos hasta que acaba frito en una sartén de diseño. También el amigo del héroe, que aparece un par de veces para explicar las cosas una vez más al espectador… como si hubiera alguna duda.

Y, en fin, todos los personajes y situaciones que ayudan a fraguar el camino del héroe: sus dudas ante el poder que se le ha otorgado, la superación de su trauma de infancia, el regreso triunfal de su calvario…

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Una carrera sin fin

¿Cuál es el problema de la película si se ciñe escrupulosamente a los parámetros de los distintos superhéroes cinematográficos y al esquema narrativo tradicional de la forja del héroe?

Probablemente, la falta de decisión, las excesivas pruebas con distintos caminos y líneas temáticas para acabar tomando uno intermedio que, lógicamente, no conduce a ninguna parte.

Quizá el problema nace de las dificultades para poner en marcha la película. En 1997, la Warner Bros. intentó sin éxito que el guión lo escribiera Kevin Smith (por aquello de su libreto para Superman lives), luego decidió transformar la peli en una comedia con Jack Black (afortunadamente la fiebre se les pasó a los ejecutivos), más tarde hubo varios proyectos (Marvel seguía acumulando éxitos y DC Comics debía volver a levantar el vuelo, no en vano nació como una subsidiaria de Warner), hasta que finalmente Greg Berlanti logró poner en marcha la película como guionista y director en 2007. Pero hubo muchos más cambios y Berlanti ha terminado por ser uno de los múltiples coguionistas y un productor entre tantos.

Para la dirección se cedió las riendas a Martin Campbell, más experimentado en el cine de acción (como avala Límite vertical) y también en las superproducciones (como certifica alguna incursión en el universo Bond: Goldeneye y Casino Royale). Y la sensación general es que podría haber caído en manos de cualquier otro director sin que ello se notase especialmente: unas gotitas de ironía (muy Bond, eso sí), algo de machismo chulesco (¿hemos dicho Bond?), parecidos razonables con Superman (con alguna escena calcada, como el salvamento de la chica en su primera hazaña) y, en fin, un poco de aquí, otro de allá y el resto para los chicos de los efectos especiales.

Y ya que citamos la escena del salvamento de la chica (en Superman era un ascensor que caía, aquí un helicóptero, pero el planteamiento es el mismo), quizá responde al intento de crear una antesala de la Liga de la Justicia, una saga de la que se ha hablado en varias ocasiones, con todos los superhéroes de Warner reunidos en una nueva franquicia, y puede que la cosa no ande tan lejos: Capitán América, Thor, X-Men y, presumiblemente, Hulk ya calientan motores en la Marvel, por lo que DC Comics no debe bajar la guardia, mejor dicho, a sus guardianes del universo.

Y es que si en el campo del cine de animación existe una batalla no declarada entre Pixar y Dreamworks, donde la primera aporta innovaciones y guiones coherentes, mientras la segunda basa su éxito en las parodias y el saqueo de ideas de todas partes, en el campo de las adaptaciones de comics, más concretamente en el apartado superhéroes, también parece haber una guerra encubierta entre Marvel y DC Comics.

Una guerra que nos ha permitido este verano de 2011 “disfrutar” con un mínimo de cuatro adaptaciones de comics: X-Men 4, Thor, Linterna Verde y Capitán América, según el orden cronológico de su llegada a nuestros cines. Y, francamente, el listón comienza a estar muy, muy bajo. Ya ni las 3D sirven de reclamo para la espectacularidad y el filón amenaza con agotarse pronto… pese a que hay muchos proyectos de superhéroes en marcha.

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Una masa sin forma

Linterna Verde tiene problemas de todo, empezando por el guión.

Se mueve entre la fidelidad al personaje de su segunda etapa (Hal Jordan se incorporó como héroe en 1959, de la mano de John Broome y Gil Kane, aunque Linterna Verde había nacido en los años 40) y la necesidad de ser una superproducción de 200 millones de dólares adaptada al siglo XXI (de ahí la super naves espaciales con las que lucha Jordan en su escena de presentación).

Y el encaje de bolillos no siempre funciona.

Las secuencias en el planeta Oa, la sede de los Guardianes del Espacio, no pueden evitar sonar a plagio de la escena de la cantina en La guerra de las galaxias… y no creo que fuera esa su intención. La acumulación de bichos y razas dispuestas a morir por una buena causa sólo necesitarían de la musiquilla de John Williams para que nos echáramos a reír.

Quizá por ello su trama acaba interesándonos más bien poco: en los confines del Universo, el consejo de los diez sabios inmortales descubre pronto sus flaquezas, de hecho sólo quedan nueve columnas porque uno de ellos fue seducido por el lado oscuro de la Fuerza (uy, perdón, quise decir el lado amarillo del Miedo: ¿en qué estaría pensando?), ponen a prueba al héroe humano con distintas pruebas y, en definitiva, le preparan para el gran combate antes de que la Estrella de la Muerte (Parallax, quise decir Parallax) destruya su planeta y… uf, ¿de qué me suena este argumento?

James Newton Howard, que ya trabajó en el retorno de Superman a las pantallas, debió quedar prendado del estilo de Hans Zimmer, con el que compartió autoría de la banda sonora, de ahí que continúe en esta línea de música a medio camino entre la espectacularidad sonora y cierta zafiedad pachanguera (los créditos finales son un buen ejemplo de lo dicho), dejando la seriedad para sus trabajos con M. Night Shyamalan.

Y todos más o menos parecen contagiados de esa dualidad, de esas dudas sobre el camino a seguir. Eso explica algunos gags sueltos aquí y allá (¿herencia del proyecto pensado para Jack Black?), algunas salidas de tono del protagonista (con un aire a lo James Bond en sus orígenes, cuando lo políticamente correcto no lo había invadido todo), pero con un grave problema de casting: Ryan Reynolds llena la pantalla cuando está encerrado en un ataúd y puede moverse más bien poco (no se pierdan Buried para comprobarlo), pero se pierde entre tantos efectos especiales y, francamente, carece de carisma para sustituir a Christopher Reeve, que es, a nuestro parecer, el modelo que toma la película.

Eso sí, salvemos un momento genial. Es una copia, cómo no, del primer Superman: el héroe se acerca volando a la terraza de la chica, ésta ya está prendada de él porque le ha salvado la vida, se intercambian las miradas de deseo, se acercan… en Superman este momento dio lugar a la inolvidable escena del vuelo, con ella y la música de Williams subrayando sus pensamientos: “¿Puedes leer mi mente?”, se preguntaba la atónita periodista. Aquí, al acercarse, ella pega un brinco y grita: “¡Hal!”. Así, como suena, ha reconocido al héroe: ¿cómo no va a reconocerlo por una ridícula máscara cuando se conocen desde pequeños y ella lo ha visto desnudo? No son palabras de este cronista, lo grita ella. A la porra el mito de la doble identidad con una miserable máscara. Brillante, quizá ese camino hubiera dado pie a una buena comedia.

Pero no hay más gags de ese nivel. Sólo uno.

El resto queda en manos de los efectos especiales.

Y ahí está, esa masa sin forma que se va adueñando de la ciudad, alimentándose de los miedos de los terrícolas y creciendo. Una imagen brillante. Lástima que sea calcada: ¿alguien recuerda todavía Cazafantasmas 2? Allí la ciudad era invadida por una masa formada a partir de los odios de los ciudadanos (¡ah, aquellos ochenta con su imaginación y sus denuncias!), aquí son los miedos. Pero la idea e incluso algunos de los planos son idénticos. Otro plagio. Y van…

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Técnicos de primera, guión de tercera

Salva en parte la función un montaje dinámico, obra del veterano Stuart Baird (felizmente de regreso a su campo, tras coquetear con la dirección en títulos como Decisión crítica o US Marshalls), aunque nada puede hacer para sortear un guión lleno de agujeros y plagios, en el que se cuelan interrogantes de difícil solución.

Acompañan a Baird otros técnicos de primer nivel (doscientos millones dan para mucho), como el oscarizado director de fotografía Dion Beebe (Chicago, Memorias de una geisha), el ya citado James Newton Howard y, curiosamente, multitud de técnicos en efectos especiales… aunque éstos no acaban de resultar convincentes y en algunos momentos las pantallas verdes cantan por soleares.

O sencillamente, lo que puede quedar bien en un cómic en papel no siempre funciona en una pantalla, por más que se añadan las tres dimensiones.

Y también en su aspecto final acaba resultando una película pobre, con momentos más bien cursis, con soluciones visuales decididamente feas, incoherentes. Quizá en un cómic algunas ideas visuales funcionen, pero en la pantalla definitivamente quedan ridículas.

Aunque no tanto como su guión, un auténtico queso gruyere.

Como botones de muestra, os lanzo algunas dudas razonables:

—¿Por qué el Linterna Verde que viene a la Tierra a morir lo hace en una nave espacial? ¿No se supone que ellos vuelan sin más? ¿O es que hacía falta una nave para llevar al héroe a un lugar reconocible y por eso se añadió?

—¿Por qué el héroe puede crear lo que quiera para salvar al mundo y no puede imaginar nada para acabar con Parallax?

—¿Cómo puede volar hasta el Sol y no quemarse? ¿Por qué Parallax sí se quema en el sol y Linterna Verde, como es más pequeño, ni siquiera se broncea un poquito?

—¿Por qué todos sabemos que habrá un epílogo —ojo, camuflado entre los créditos, así que no os levantéis antes de tiempo— en el que descubriremos al nuevo enemigo de Linterna Verde y todos sabemos desde el principio quién va a ser el nuevo guardián seducido por el lado amarillo del Mal?

—¿Es todo ese juego con los amarillos una advertencia velada sobre la invasión de los chinos que vivimos en occidente? ¿Estamos en realidad ante una película política donde la amenaza roja de los años cincuenta ha pasado a ser la amenaza amarilla del siglo XXI?

Dudas razonables.

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Pese a los pobres resultados previos al estreno, la segunda parte ya está en marcha. Ryan Reynolds, que ha firmado por la trilogía, promete pasar a la historia como el héroe más soso que este cronista recuerda. Martin Campbell, por el contrario, se ha largado tras la primera experiencia, quizá contraten en su lugar a un técnico en efectos especiales y así la cosa será aún más manejable.

En fin, que tenemos franquicia a la vista: el señorito del anillo verde volverá.

Aunque francamente, ¿a quién puede interesar un producto tan vulgar, trillado e innecesario?

Escribe Mr. Kaplan

 Título  Linterna Verde
 Título original  Green Lantern
 Director  Martin Campbell
 País y año  Estados Unidos, 2011
 Duración  111 minutos
 Guión  Michael Goldenberg, Greg Berlanti, Marc Guggenheim, Michael Green
 Fotografía  Dion Beebe
 Música  James Newton Howard
 Distribución  Warner Bros.
 Intérpretes  Ryan Reynolds, Blake Lively, Peter Sarsgaard, Mark Strong, Temuera Morrison
 Fecha estreno  29/07/2011
 Página web  http://wwws.warnerbros.es/greenlantern/index.html#/home