El santuario (0)

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Largo spot promocional de las 3D

el-santuario-0Esa’ala es una de las cuevas más recónditas del planeta. Está en la isla de Normanby, en el mar de Salomón, pertenece a Papúa Nueva Guinea, al norte de Australia. Y es un mito entre los espeleólogos: un santuario casi sagrado en el que es difícil entrar… y muy complicado salir, sobre todo si las condiciones climatológicas no son las más adecuadas.

James Cameron y sus amigos juegan con estos elementos reales, junto a otros dos inventados para dar emoción a la trama: una tormenta tropical y un drama familiar entre un padre obsesionado con la perfección en el mundo de la espeleología, lo que le ha llevado a descuidar la educación de su hijo, un adolescente obligado por las circunstancias a seguir el camino de su padre, aunque a él le atraigan más otras aventuras en tierra firme.

Cameron comenzó a mostrar su interés por el agua en Piraña 2 (película de la que hoy reniega, aunque fue su oportunidad de debutar en el cine de la mano del productor italiano Ovidio G. Assonitis, al que se le adjudica el montaje final y algunas secuencias añadidas), siguió demostrando sus afinidades con el elemento marino en Abyss (que también fue un campo de batalla para los efectos especiales y sus guiones estirados hasta las tres horas de metraje), dio en la diana con Titanic (donde todo confluyó: agua, éxito, reconocimientos, tres horas de metraje) y ahora, aprovechando que es propietario de una franquicia de cámaras 3D (las utilizadas con gran éxito en Avatar, pero que nadie quiere usar por ser más complicadas que el rodaje convencional en 2D… aunque luego se apliquen las 3D de forma digital), ahora, insistimos, quiere demostrar que cualquiera puede rodar una peli bajo el agua, en tres dimensiones y con poco presupuesto.

Bien, son tres objetivos ambiciosos, que no esconden un interés especial: el director de Terminator quiere que todo el mundo ruede en el 3D original, genuino, porque ofrece mayor calidad (algo que no dudamos), aunque suele resultar más incómodo y más caro… además, él cobra siempre que los equipos técnicos utilicen sus patentes. Y lleva años inmerso en una campaña contra los imitadores del 3D nativo, porque le resta calidad al resultado final.

O sea, que El santuario es simplemente una campaña publicitaria destinada a demostrar que las 3D se pueden usar en películas modestas y en complejas situaciones de rodaje (en cuevas auténticas, bajo el agua, aunque gran parte del rodaje se ha realizado en estudios debidamente preparados para ser inundados). En vez de hacer un spot, Cameron ha decidido producir una película… ¿o quizá estamos ante un spot alargado, dada la tendencia del director de Aliens a dilatar siempre el metraje de todo cuanto hace?

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Y como campaña publicitaria no dudamos de su eficacia… aunque este cronista ha visto la película en el formato convencional, sin las dichosas tres dimensiones.

Y se quedó helado.

No por el agua (fría, sin duda), ni por los paisajes (excelentes), ni por las imágenes (técnicamente impecables).

Sencillamente, por la propia película.

Empecemos por el final (ojo, en este párrafo desvelamos parte de la trama: el que no quiera conocer cómo acaba, ya sabe, que se salte el párrafo): una voz en off del jovencito de marras nos explica que ha aprendido, que ya es más adulto, que comprende a su padre, que ahora sabe por qué lo hacía todo… y otras zarandajas por el estilo. Estupendo. Estamos ante una película de maduración, un viaje a la madurez. Para que el joven crezca, su padre, ese cruel déspota, debe morir. ¿Y tienen que explicármelo? ¿De verdad hace falta la voz en off final mientras vemos las imágenes del joven llegando a salvo a la playa? ¿Somos tan tontos que no entendemos nada? Peor aún, si es una película basada en el punto de vista del personaje: ¿por qué vemos cosas en las que el joven no ha estado presente?

Adoptar un punto de vista conlleva unas obligaciones, respetar determinadas escenas y desechar otras, cosa que olvidan Cameron y sus guionistas. Así que como ejemplo de respeto al punto de vista la peli es un desastre.

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Aunque no es un caso aislado, hoy en día se puede disfrutar en los cines españoles de un film interesante —y eso que a priori no ofrecía garantías— como El origen del planeta de los simios. Y cae en un error parecido: innecesarias voces en off del científico protagonista (James Franco) para explicarnos los avances y retrocesos de los tratamientos experimentales: ¿tan mal nos consideran los ejecutivos de las multinacionales que nos tienen que explicar lo que ya estamos viendo con nuestros propios ojos?

Volviendo a El santuario: el objetivo de la trama (además del viaje a la madurez) parece ser demostrar que la espeleología es un campo muy duro, donde cualquier despiste se paga con la muerte. Hay una escena casi al principio donde asistimos a la muerte de una compañera submarinista experta que nos sirve de advertencia: los errores se pagan.

Luego, la trama circula por otros derroteros: la inundación de la cueva obliga a los submarinistas a buscar salidas alternativas. Un laberinto inundado, desconocido y con tiempo de vida limitado, donde los personajes van muriendo de la manera más variopinta (alguno incluso afectado por una locura transitoria por necesidades de guión… claro, es el ricachón, de ahí que haya que introducir cierto tono crítico cogido por los pelos). En vez de concentrarse, todo se dispersa, sin que parezca ir a ninguna parte la trama.

No parece ser la lógica el criterio manejado para construir el guión. Las amenazas de la madre naturaleza aparecen y desaparecen de forma harto caprichosa. Igual es así en la vida real (cualquiera sabe: no es una cueva inundada el lugar ideal para ponerse a investigar), pero en la película se hace sencillamente increíble.

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Con un escenario similar (una cueva desconocida), una amenaza algo más fantástica (quizá una tribu perdida en su interior durante milenios) y mucha más pericia, Neil Marshall rodó El descenso (The descent, 2005) que resulta mucho más lógica y da miedo. Mucho miedo. Un gran film en una cueva.

Cameron debería revisarla para ver cómo se construye un guión lógico.

Y olvidarse un poco de la tecnología. Puede ser útil para un proyecto megalómano como Titanic o como Avatar. Pero para un proyecto modesto, lo importante no son las cámaras en 3D, sino la historia.

Y aquí la historia interesa poco. Muy poco. Nos da igual quién se muera, es algo que nos deja más bien fríos.

Escribe Mr. Kaplan

 Título  El santuario (Sanctum)
 Título original  Sanctum
 Director  Alister Grierson
 País y año  USA – Australia, 2010
 Duración  105 minutos
 Guión  John Garvin y Andrew Wight
 Fotografía  Jules O’Loughlin
 Música  David Hirschfelder
 Distribución  Aurum
 Intérpretes  Richard Roxburgh, Rhys Wakefield, Alice Parkinson, Dan Wyllie
 Fecha estreno  11/02/2011
 Página web  http://www.elsantuariolapelicula.com/