Criadas y señoras (2)

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Emotivo pastel racial de fácil digestión 

criadas_senyoras-1Taylor Tate ha encontrado en esta película su particular gallina de los huevos de oro. Tras el éxito, ya lejano, de su corto Chicken Party, y el paso por las pantallas de Pretty Ugly People sin pena ni gloria, la ambición del director por estrenar un éxito de taquilla se ha visto colmada con Criadas y señoras.

Porque eso no se pone en duda: el filme ha recaudado ciento sesenta millones de dólares (de momento) y ha permanecido en el primer puesto de las pantallas estadounidenses durante meses. Lo que ejemplifica con meridiana claridad el gusto del público masivo por las historias que sacan a la luz los conflictos raciales, y más si se presentan con una envoltura emocionalmente dulzona, muy adecuada para no perturbar con enfoques duramente comprometidos, las mentes de los asistentes.

La película es el resultado de la adaptación de The help (El servicio), novela  de Kathryn Stockett, que hace dos años fue un best-seller de éxito internacional. Según confiesa el propio director, su vieja amistad con la autora facilitó su acceso a la historia y su participación como coguionista y conductor del filme.

El argumento nos traslada a Jackson, en el estado sureño de Mississippi, durante la década de los 60, cuando están iniciándose las protestas populares por la discriminación racial, y comienza a plantearse la lucha por los derechos civiles de los negros.

En este contexto, Eugenia Skeeter Phelan vuelve desde la universidad a su ciudad natal con la pretensión de conseguir trabajo como periodista y la ilusión de convertirse en escritora.

La popular y cotizada Emma Stone da vida a este personaje, cuya rebelión ante las convenciones sociales de una sociedad provinciana, que relega a la mujer al papel de ama de casa y madre, le induce a comportamientos ligeramente feministas y precursores de la futura e inevitable emancipación femenina. Su trabajo periodístico le lleva a conocer a Aibeleen Clark (Viola Davis) y a Minny Jackson (Octavia Spencer), dos criadas negras que cuidan las casas y los hijos de los blancos.

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Las tres afrontarán el proyecto clandestino de documentar y escribir un libro que recoja las historias de las diferencias e injusticias sociales que suceden en las cocinas y los hogares de las mujeres blancas, dueñas de la felicidad, el futuro y las vidas de sus servidoras. Es por lo tanto una historia de mujeres, del poder femenino como pilar y sustento de la opresión política de unos hombres sobre otros cuya piel no es del mismo color.

La  película podría haber funcionado muy bien como denuncia de las injusticias históricas que padeció la sociedad norteamericana de aquellos tiempos y que aún perdura en otros lugares y circunstancias. Pero el director ha optado por un tratamiento blando y poco riguroso, más proclive al lagrimeo y a la sonrisa fácil que al respeto por la historia y por la profundidad del análisis.

Así que nos encontramos con un argumento que desarrolla una historia muy plana, con unos blancos malos (en este caso, malas) muy malos, y unos negros (o negras) muy buenas, oprimidas y sufrientes. Los tópicos están servidos y los arquetipos no se salen de los límites impuestos por su condición.

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Al final, como en los cuentos, las malas tienen su castigo y las buenas su premio. Todos, pues, contentos. Los espectadores salen del cine con la sonrisa puesta y la intención te tomar algo e irse a dormir, según la hora. No tardarán en olvidar esta película, que les entretuvo y emocionó durante más de dos horas.

Pero hemos de ser justos: no todo es intrascendente o detestable. Hay que reconocer al director su oficio para contar una historia con ritmo y amenidad, y su habilidad para configurar el tiempo e insertar las voces narradoras en una estructura circular y envolvente, que atrapa la atención del espectador en todo momento.

Formalmente el filme es más que aceptable, pero el fondo o el contenido se disuelven en la superficie de las emociones, que si no llegan a la sensibilería, ocultan y oscurecen la gravedad del tema al que remiten.

Una ocasión desperdiciada para acercar a los destinatarios un problema sin resolver y que tanto sufrimiento causó y causa aún. Pero —no lo olvidemos— un excelente negocio para Hollywood y sus mercaderes.

Escribe Gloria Benito

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Título Criadas y señoras
Título original The help
Director Tate Taylor
País y año Estados Unidos, 2011
Duración 138  minutos
Guión Tate Taylor, basado en la novela de Kathryn Stockett
Fotografía Stephen Goldblatt
Música Thomas Newman
Distribución Buena Vista International Spain
Intérpretes Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Ahna O’Reilly, Mike Vogel, Allison Janney, Mary Steenburgen
Fecha estreno 28/10/2011
Página web http://www.xn--criadasyseoras-znb.es/