Medianeras (2010), coproducción hispano-argentina de Gustavo Taretto —Las insoladas, Cien pesos, Medianeras (2005), todos cortometrajes— está basada en el corto homónimo de su autoría, que contó con la interpretación de Javier Drolas, y en el rol de Mariana, Moro Anghileri.
Mariana (la actriz española Pilar López de Ayala) es una arquitecta que —según ella cuenta— nunca ha logrado construir nada sólido en su vida, tal vez por eso su edificio favorito sea el Planetario que está hecho de granito, acero y vidrio, y prefiera aferrarse a la rigidez de los maniquíes con los que pasa la mayor parte del tiempo, vistiéndolos y desvistiéndolos, dentro de la vidriera que decora, llevándolos y trayéndolos, y hasta compartiendo el desayuno en su dúplex: otra caja de zapatos en la que vive recluida.
Martín (Javier Drolas) es un diseñador de páginas web, fóbico y adicto a los videojuegos, cuya ingrávida vida transcurre en el ciberespacio, entre Astroboy y un astronauta que flota en el mismo espacio virtual que lo tiene suspendido y flotando hace muchos años, ya que vive enclaustrado en un mono ambiente con Susu, una caniche, fruto de su relación con su anterior pareja, porque es la única —después de haber sido abandonado— con la que ha sido capaz de establecer un lazo afectivo.
Estos comportamientos de ostracismo que han adoptado los protagonistas: agarofobia, ataques de pánico, fugarse y esconderse del mundo, no son sino modos de resistencia y de preservación, evitar el encuentro con el otro, la posibilidad de una relación amorosa que, como sabremos luego, han arrasado sus vidas.
La trilogía de Nueva York
Buenos Aires, al igual que los protagonistas, está sola y espera. Le da la espalda al río porque quizás no pueda darle la cara. Su arquitectura arbitraria, caprichosa, y caótica —donde conviven infinidad de edificios de diferentes estilos sin planificación ni criterio alguno—, conformará el espacio físico en donde los protagonistas se moverán en una lucha de lo vertical (edificios) contra lo horizontal (los personajes). No es casual que las despedidas y los encuentros se den desde picados y contrapicados.
Si la geometría del amor naciera de la necesidad de que dos líneas paralelas se unan en algún punto, este encuentro, según la geometría euclidiana, sería imposible. Pero, afortunadamente, los protagonistas trazarán diagonales y transversales, y alguna que otra vez coincidirán en una intersección, que sólo alcanzará a reunirlos aunque más no sea por unos breves instantes… Tanto Martín como Mariana viven en la misma cuadra, pero claro, ellos todavía no lo saben. Sólo una medianera los une, y al mismo tiempo los separa.
Todo pasa demasiado rápido en la ciudad. La gente y los autos. Incluso los perros. La rapidez impide ver, observar, mirar con atención. Fijar la vista. Las fotografías que saca Martín no logran detener el tiempo. Sólo congelar el espacio, pero por unos pocos segundos. Las calles no son más que un espacio por donde todo se desliza en caída libre. Un perro que sufre depresión se arrojará desde un balcón, unas décimas de segundos más tarde, un peatón será arrollado por un automóvil. El azar ya no se presentará como un cálculo de series y probabilidades. Tomará la forma más acabada de la predestinación. (Extraña coincidencia con el filme Serendipity). Pues bien, si de predestinación se trata, el que aseguró que el amor se encontraba a la vuelta de la esquina, olvidó mencionar cuál.

El amor en los tiempos cibernéticos
Medianeras, entre otras cosas, pone de manifiesto la influencia que las nuevas tecnologías ejercen en las relaciones entre personas dentro de un nuevo ámbito tecnológico entre lo real y el mundo virtual. El ciberespacio. Facebook. Twitter. El chat.
El problema surge a partir de que una vez que se entra en la red y se hace una conexión, así es como se conocerán los protagonistas, y cómo a su vez, los protagonistas conocerán a otros, en estas conexiones en red ya no habrá emisor ni receptor. Sencillamente, dos terminales. Dos terminales no son dos interlocutores.
Por eso, en sus respectivos encuentros con aquellos con los que podrían entablar relaciones, fracasan, justamente porque sus interlocutores no comunican, no dicen nada, nada al menos que a ellos les interese escuchar. Aunque como ocurre con la Peterson, no paren de hablar, incluso en distintas lenguas…
Por esa razón a Mariana no le quedará más remedio que salir de su caja de zapatos, e intentar conectarse sin la ayuda de la web. Deberá entonces re-mapearse. Es decir, trazar un itinerario que la lleve directo y sin escalas hacia su alma gemela. Pero, cómo podrá encontrarlo si ni siquiera sabe de quién se trata.

¿Dónde está Wally?
Wally, personaje de los libros infantiles de Martin Hardford, era un hombrecito delgado vestido con un abrigo blanco con rayas rojas y gorro de lana que había que encontrar perdido en medio de una multitud. Así pasa sus horas Mariana, buscando en el libro la figura del hombrecito de sus sueños: un ser perdido y apenas visible en medio de una multitud.
Entonces nada mejor que recurrir a MacLuhan que aseguró que así como el libro era la extensión del ojo, la ropa, la extensión de la piel, y el circuito eléctrico lo era del sistema nervioso central, quizá no se necesite más que de eso: del ojo, de la piel y de la electricidad para que se produzca un cortocircuito, y los protagonistas logren, al fin, hacer contacto…
¿Apocalípticos o des-integrados?
Cuando el director nos propone participar en el juego que él mismo ha creado a través de un mundo de signos del mundo publicitario y de la cultura de masas (superhéroes, personajes de historieta, referencias a música y películas que hemos consumido desde nuestra más tierna infancia) nosotros, los espectadores, con cierto sabor agridulce de nostalgia, nos ponemos a disfrutar, interpretar y decodificar.
Pero, cuando la narración abandona la sintaxis del espacio visual, y se pone a desandar los ya trillados caminos del chico conoce a chica, pierde la dinámica, el ritmo, esa levedad y evanescencia tan particular de burbuja, y se vuelve insoportablemente pesada e indigesta como un Big Mac recalentado.
Escribe Gabriela Mársico
| Título | Medianeras |
| Título original | Medianeras |
| Director | Gustavo Taretto |
| País y año | Argentina, España y Alemania, 2011 |
| Duración | 95 minutos |
| Guión | Gustavo Taretto |
| Fotografía | Leandro Martínez |
| Música | Gabriel Vildosola |
| Distribución | Karma Films |
| Intérpretes | Pilar López de Ayala, Javier Drolas, Inés Efrén, Carla Peterson, Adrián Navarro, Rafael Ferro, Miguel Dedovich |
| Fecha estreno | 17/12/2011 |
| Página web | http://www.medianeras.com/inicio.php?lang=es |