Festival DocsBarcelona (4): La injusticia contra Paco Larrañaga y palmarés

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give-up-tomorrow-1Y llegó la hora de recoger velas, aplaudir a los premiados y emplazarnos a la próxima edición del DocsBarcelona 2013. En esta XV edición que acaba de echar el cierre ha quedado constatada de manera fehaciente la buena salud de la que gozan tanto el género documental en general, como el DocsBarcelona, en particular.

El público más heterogéneo ha acudido fiel a su cita con un cine diferente, que a veces provoca y otras conmueve, pero que se identifica y diferencia del resto de cine convencional en su innovación y originalidad.

Y para muestra un botón: la disparidad de temáticas de las tres películas visionadas en esta última jornada fue tal que quien escribe se vio involucrado en un huracán de sensaciones contrapuestas de las que todavía me estoy recuperando. Hubo sesiones en las que estuve a un paso de pillar las de Villadiego y abandonar la sala, y otras en las que no me hubieran sacado del cine ni a la fuerza.

Después de un par de días en los que los documentales que había tenido la oportunidad de disfrutar se caracterizaban por su convencionalidad, osé introducirme en el peligroso terreno del cine documental más experimental y extremo.

El film elegido para la ocasión fue el israelita Tse (Fuera), cuyo argumento ya invitaba a pasar de largo (una trama que se centra en las relaciones sadomasoquistas entre dos mujeres con elementos de crítica política incluidos) y que la presencia de tan sólo un puñado de valientes espectadores hacía presagiar algo parecido a una hecatombe.

Y a la hora de la verdad todo resultó bastante decepcionante. Si por provocación se entiende a una chica pegando con una raqueta de pádel a otra en el culo, en un ejercicio de exorcización donde la segunda aprovechaba cada latigazo de dolor para realizar proclamas políticas de carácter racistoide, pues sí que llegó a provocar, pero tan sólo algunas risas encubiertas y algún sincero bostezo.

Como colofón a tan inusitada estampa, un cuarto de hora de canciones tradicionales moldavas y un perro que nadie sabe qué pinta en la función. En definitiva, un despropósito que convencerá a intelectuales militantes de las derivas mentales de su director, un reconocido videogalerista de Israel.

how-i-filmed-warTodavía absorto por los reveses y los desvaríos pude deleitarme con otra auténtica rareza que, dudo mucho, tenga ocasión de repetir.

En esta ocasión se trataba de How I filmed the war, un film de hora y media de duración en el que durante tres cuartos del mismo no había imagen, sustituida por unos intertítulos que el atribulado público debía ir leyendo a modo de e-book colectivo.

La historia se centraba en el relato de uno de los primeros fotógrafos de guerra de la historia, Geoffrey Malins, quien armado de su cámara y su trípode se atrevió a filmar en directo una de las batallas más sangrientas que acaeció durante la Segunda Guerra Mundial, la conocida como batalla de Somme.

La gracia del documental, aparte de atisbar algunas de estas valiosísimas imágenes de lo que fue una contienda poco documentada visualmente, estriba en la labor de desmontaje que realiza el director canadiense Yubal Sagiv, quien, plano por plano, se da cuenta de que muchas de las secuencias que pasaron a la historia como las primeras rodadas en un campo de batalla se trataban de auténticos trucos de montaje.

Así pues, las loas que llevaron a Malins a ser condecorado y aplaudido por su valentía y pundonor esquivando las balas con el fin de documentar un hecho histórico, quedaban en entredicho un siglo después gracias a una tecnología que lograba desenmascarar a quien no había expuesto su vida lo más mínimo.

Trabajo con limitaciones que pasa por ejercicio de fin de carrera tan curioso como efectivo, es un film que, dentro de su dificultad para ser entendido por el gran público, está pulido y es francamente recomendable para aquellos cinéfilo-lectores más inquietos.

La tercera y última proyección de la jornada fue, sin lugar a dudas, la más emotiva y entrañable de todo el festival; y es que no puedes quedarte al margen cuando te explican de una forma tan explícita y coherente una injusticia tal como la producida sobre la figura del ciudadano hispano-filipino Paco Larrañaga. Y además, si parte de su sufrida familia ha acudido al pase del documental y los tienes al lado llorando como magdalenas durante gran parte del metraje pues ya me dirán.

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Si intentamos atenernos al hecho cinematográfico en sí mismo, y apartamos, aunque nos cueste Dios y ayuda, la realidad denunciada en el mismo, podemos afirmar que Give up tomorrow (Me rendiré mañana) es un ejercicio precioso y preciosista y una auténtica lección de cómo se debe rodar un documental.

Sus realizadores, uno de los cuales ejerce a su vez de productor y primo de Paco, han tenido la paciencia durante siete años de ir armando un rompecabezas laberíntico y repleto de obstáculos para, no sólo demostrar a todo el mundo la inocencia de un hombre condenado injustamente por un doble crimen que jamás cometió, sino que también operan unas subtramas tan increíbles que darían para realizar uno y mil documentales.

Aspectos como la corrupción en Filipinas y su infructuoso intento de erradicar una Mafia que hace y deshace a su antojo, el sufrimiento de la familia, la locura por no poder asumir la realidad de una madre que prefiere demonizar a un inocente aunque le pongan la evidencia de su no culpabilidad delante de la cara… todo ello explicado de manera tranquila y mediante un montaje virtuosista.

El guión no deja ni un solo cabo suelto de tan terrible historia, e incluso en su parte final, cuando las aguas parecen que han vuelto un poco a su cauce, se permite el lujo de mostrarnos escenas sentimentales sin caer nunca en el sensacionalismo gratuito.

Un documental que debería ser obligatorio en todas las escuelas de cine por su mezcla perfecta de estructura y compromiso.

Y por último, antes de despedirnos hasta una próxima edición, no está de más realizar un repaso a las películas que han recibido los parabienes de jurado y público.

El film documental que se ha alzado con el gran premio del Jurado ha sido At night, they dance, de los canadienses Isabelle Lavigne y Stephane Thibault, un trabajo presentado en el pasado Festival de Cannes sobre un grupo de mujeres que se dedican a bailar para ganarse la vida y cómo esta tradición se va transmitiendo de generación en generación.

También recibieron menciones especiales los ya comentados Give Up Tomorrow, How I filmed the war y Dimenche a Brazzaville, que nos cuenta la vida de tres peculiares personajes que viven en la capital del Congo. Este film fue agraciado también con el reconocimiento del público, al ser votado como mejor película del certamen por la mayoría de los espectadores asistentes.

Y hasta aquí un DocsBarcelona más. Tan sólo queda agradecer a la revista de cine Encadenados la oportunidad que me ha brindado de cubrir el festival para su medio, y al festival por su organización y el buen trato que me ha sido dispensado en todo momento.

Escribe Francisco Nieto

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