SuperPitt
Cuando una pandemia se extiende por todo el planeta, las Naciones Unidas recurren a Gerry Lane, experto investigador que se había retirado para estar con su mujer y dos hijas, pero que se ve obligado a regresar a la acción ante la gran amenaza que supone esta epidemia de lo que parecen ser zombis.
La premisa es lo que se puede esperar de un buen blockbuster, una guerra que se inicia en la que tienen que salvarnos los Estados Unidos y sus grandes hombres, en este caso Brad Pitt. Y los primeros minutos dan lo que prometen, escenas en las que Pitt resulta imprescindible, inteligente, sagaz y entrañable, pero en cuanto empiezan a sucederse hechos ya vistos, Guerra mundial Z se estrella como el avión en el que Pitt intenta salvar al planeta.
No importa tanto el hecho de que sean escenas ya trilladas sino su uso aleatorio e inconexo, no era de esperar nada novedoso pero sí un poco de respeto por el espectador, respeto que no encontramos en ningún momento.
Damos por hecho que este tipo de filme está diseñado para la mera diversión, pero si algo se está comprobando en este 2013 es que no es algo tan fácil de conseguir como pudiera parecer, siendo ya varios los fracasos en estas labores como el caso de El hombre de acero. Aunque nos dejemos llevar por lo estipulado por director y guionistas no podemos evitar sentirnos agredidos por la estupidez de la trama.
Sabemos y aceptamos de buen grado que Brad Pitt va a ser un superhombre, lo que no podemos aceptar es que todo el metraje no sirva para absolutamente nada. Cada personaje es más inverosímil y simple que el anterior, los grandes peligros a los que se enfrentan no son tales y si se pretende que el espectador empatice con la familia del protagonista quizás se debiera haber trabajar en ello, la sensación de peligro tanto de Gerry como de sus allegados es nula.
Cuando se cuenta una historia sobre una amenaza contra la raza humana, se ha de conseguir la implicación emocional del espectador para que de este modo, por muy absurda que pueda resultar ésta, exista la posibilidad de que aquel que se sienta con sus palomitas a disfrutar del espectáculo no desconecte en los primeros minutos como consigue esta Guerra mundial Z.
Marc Foster dirige de un modo completamente aséptico e impersonal, las escenas de acción son atropelladas y no es hasta muy avanzado el metraje que se ve a uno de los zombis de cerca. Foster falla a la hora de crear un ambiente apocalíptico y sombrío, muy a pesar suyo, oscuro no significa sombrío. Rodar escenas casi en total penumbra no tiene necesariamente que devenir en miedo sino en mareo y pérdida de atención.
La actuación de Pitt como siempre es impecable, pero parece ser que en este caso estaba más atento a los números de taquilla que a leer el guión con atención dado que si lo hubiera revisado hubiera elegido otro proyecto menos vacío.
Lo que comienza como un entretenimiento veraniego acaba por resultar pesado, aburrido e insultante.
Escribe Sonia Molina
