Una realidad pintada como un sueño
Una obra delicada y feroz, un documental que ha vuelto a despertar un sueño abandonado desde hace tiempo, una película que deja reflexiones importantes sobre una época que parece muy lejana, aunque en realidad repose en las raíces del tiempo actual.
Ken Loach ha realizado un documental sobre el aire que se respiraba en 1945 en el Reino Unido, recién acabada la segunda guerra mundial. Interponiendo imágenes de archivo con grabaciones actuales, ha ido componiendo una historia de cuentos y caras humanas, donde las personas entrevistadas explican el cambio vivido en aquella época con la ilusión que todo esto comportaba, hasta la formación del primer estado social, bajo el gobierno laborista.
El documental, entonces, trata de contar la historia del ascenso del partido laborista al poder en el Reino Unido a través de las historias de muchas personas que formaban parte de aquella época: obreros, médicos, enfermeros, en fin, gente común.
De allí, recurriendo la historia, paso a paso, Loach pinta una realidad desafortunadamente olvidada.
Lo que más captura desde la primera imagen del documental es la atmósfera de positividad y ganas de retomar la vida que la gente sentía después de la guerra, cuando todo parecía perdido en la desesperación. Pobreza, mala higiene y hambre: todo representado en un montaje dinámico, donde los personajes hablan como en un espejo de su propio pasado.
La construcción del Welfare State se basaba en la posibilidad de la creación de un sentimiento colectivo de trabajar “todos juntos” para mejorar las condiciones de los trabajadores y de la misma sociedad, nacionalizando todos los servicios.
Este labor fue evidentemente un éxito sin precedentes.
El espectador participa de la trasmisión de este entusiasmo y esta ilusión que avanza a través de las imágenes mismas en un crescendo de emociones. Loach ha sido hábil en mostrar antes los efectos desastrosos de la guerra y después su consecuente mejora: ha trabajado utilizando una selección de imágenes en base al estado de ánimo que quería representar, en un clímax continuo.
Sin duda, Loach no ha perdido ni un momento en decir la suya: nunca ha hecho misterio de sus ideas políticas, así que esta posibilidad de contar una época de oro no le ha faltado.
Creo que será una sorpresa para muchos descubrir la realidad de esa época en este país, el Reino Unido, que todos hemos visto siempre con tanto respeto en cuanto a bienestar social.
Lo que se le debe a Loach es no sólo esta manera “sentimental” de contar hechos reales, sino de volver a proponer una posibilidad social en una realidad política tan grave como la que estamos viviendo hoy en día con la crisis económica del mundo occidental.
La suya no se puede considerar propaganda, sino una delicada transposición de unos hechos que han cambiado la vida y la prospectiva de la misma para muchas personas.
No quiero contar más sobre este buen trabajo de Loach, sólo leer la clave de toda su obra.
Volver a proponer el cuadro social y político de esa época, no es sólo un acercamiento histórico y cultural del cine, sino una especie de advertencia sobre la degradación a la que estamos llegando en los últimos años a nivel social y político. El colapso del sistema del capitalismo y su engaño son también las consecuencias directas o indirectas del abandono de una posibilidad alternativa, que no tiene nada que ver con un color o un partido, sino con el bienestar de una sociedad que ha perdido completamente el sentido de la colectividad.
Que sea un sueño o la realidad, Loach lo ha pintado bien.
Escribe Serena Russo
