A veces el fútbol es injusto
El mundo del fútbol se suele mover por unos parámetros establecidos en lo que todo parece remitirse a un patrón establecido donde se repiten una y otra vez las mismas filosofías: frases del tipo “Lo importante es sumar los tres puntos”, “fútbol es fútbol”, “el apoyo de la afición ha sido fundamental” o la que hemos escogido para titular la crítica que nos ocupa nos suenan a vademecum demasiado reiterativo.
Pues resulta que el fútbol no sólo se nutre de sentencias superficiales sino que existe un submundo de intereses creados que muy pocas veces salen a la luz. Ya lo dijo Guillermo Toledo, uno de los protagonistas que aparecen en Diamantes negros, en la presentación del film durante el pasado festival de cine de Málaga: “en este país existen tres instituciones intocables: la Iglesia, la Monarquía y la Real Federación de Fútbol”.
De entrada siempre es loable la intención de los cineastas que quieren sacar a la palestra a modo de denuncia social una situación abusiva y deleznable como por ejemplo la que aquí se explica: resulta que muchos listillos de turno que se hacen pasar por ojeadores deportivos se dedican a reclutar chavales africanos que apuntan maneras deportivas convenciéndolos con el sueño de que van a triunfar en algún club de alto nivel.
Los chicos, alucinados ante la posibilidad de ganarse bien la vida y de abandonar la penuria vital en la que sobreviven en el día a día, no dudan en picar el anzuelo y se dejan llevar sin cuestionar mucho la propuesta. Una vez en el país de las maravillas, tan sólo un tanto por ciento muy reducido consigue alcanzar su objetivo, mientras que el resto es maltratado por un tipo de gentuza que tan sólo se mueve por el beneficio económico y por sacar la mayor tajada posible del asunto.
Asistimos en primera persona a todo ese universo malsano creado con el beneplácito de las altas esferas, quienes permiten que se comercie con los jugadores africanos como si de esclavos del siglo XIX se trataran. Falsificación de fichas y permisos de residencia, maltrato físico y psíquico por parte de entrenadores y técnicos. nula asistencia médica cuando reproduce alguna lesión importante… son algunos de los problemas que este bienintencionado trabajo quiere poner en solfa para despertar las apoltronadas mentes de la gente que no conoce la podredumbre que rodea a este mundillo.
Y como el movimiento se demuestra andando, se nos explica las vicisitudes y penurias de dos de estos chicos, Amadou y Moussa, quienes después de ser captados en Mali por uno de estos desalmados disfrazado de oportunidad, abandonan Mali y llegan a Madrid con el firme propósito de triunfar. De ahí irán probando fortuna en diversos equipos nacionales hasta que sean trasladados a Portugal, donde correrán suerte dispersa.
El director de la cinta, el murciano Miguel Alcantud, quien actualmente conoce el éxito televisivo gracias a la serie Águila Roja y que hace once años había efectuado su debut en la gran pantalla con el olvidable thriller Impulsos, ha manifestado en varias entrevistas que su intención nunca fue la de filmar una crónica social al uso, sino que su objetivo principal era ofrecer un trabajo de personajes y situaciones que le alejaran del tono documental.
Pues bien, si esa era su pretensión inicial, podemos afirmar que el resultado final deja mucho que desear al respecto, ya que nos hallamos ante una denuncia pura y dura de las que podríamos leer en cualquier noticiario de sucesos. Como documento de ficción resulta incuestionable, pero si nos referimos a sus logros cinematográficos ya es otro cantar: los protagonistas escogidos se nota a la legua que no son actores, y el riesgo asumido a la hora de querer embadurnar la película de una patina de naturalidad no llega a buen puerto debido a unos no actores que recitan sus diálogos sin ninguna intensidad y entusiasmo.

La película se resiente en cuanto a su credibilidad se refiere de esa falta, digamos, de profesionalidad, extendible, por desgracia, al resto de personajes que pululan por la pantalla, estos sí profesionales, que dan la sensación en la mayoría de los casos de estar simplemente pasando por allí.
Es el caso por ejemplo de Carlos Bardem, en un rol de intermediario mafioso que le viene como anillo al dedo dado su corpulencia y su físico de boxeador, o del mismo Guillermo Toledo (uno de los actores más comprometidos con las injusticias sociales que podemos encontrar hoy en día), quien al menos tuvo la oportunidad de viajar a Mali y presenciar en primera persona la penosa situación en la que se hallan los habitantes de aquel país (sin ir más lejos, ninguno de los chavales protagonistas pudo acudir a la presentación de la película dado el cruento conflicto bélico que allí se vive desde hace ya algunos años.
En papeles casi anecdóticos también vale la pena destacar la presencia de Ana Risueño (La herencia Valdemar, Todo lo que tú quieras), Antonio Barroso (Rec 3, Besos de gato), Santiago Molero (Qué pelo más guay, Oviedo Express) y Diego Álvarez (La semana que viene sin falta, Los hombres de Paco).
En cuanto al apartado técnico se refiere, estamos ante una puesta en escena bastante funcional y un guión donde parece que se quiera justificar cada dos por tres la premisa de la que parte el film. No existe subtrama alguna que pueda servir como punto de fuga de un relato demasiado hierático y monocromo.
En ocasiones da la sensación de que el metraje avanza a empujones, como si la improvisación tomara ventaja y el libreto tan sólo fuera un punto de apoyo secundario. Eso hubiera estado bien si la disposición se hubiera traducido en escenas de mayor fuerza dramática, momentos que tan sólo se consiguen cuando los mismos protagonistas miran a cámara y dan la sensación de estar igual de perdidos en la película que sus personajes, extranjeros de sí mismos.
Pero bueno, tal como está el panorama de nuestro cine (nada esperanzador, por cierto, aunque se dé la paradoja de que la semana pasada coincidieran en cartelera el estreno de la friolera de siete películas nacionales, algo que no se acaba de entender, porque en pocos días la mayoría saltarán de los cines donde se proyectan) tampoco nos vamos a quejar de que existan cineastas en nuestro país que investiguen y se decidan a delatar asuntos tan abominables como el que aquí se nos explica.
Lo triste del tema es que la cosa tiene muy mala pinta, y nadie parece dispuesto a meterse de lleno en una indagación sesuda que pueda desnudar toda esta política de abuso que parece ser se lleva a cabo con la mayor de las impunidades. Así este film quedará como mera anécdota reivindicativa y el público se olvidará del empeño de sus hacedores por hacer visible algo tan opaco y evidenciable.
Escribe Francisco Nieto

| Título | Diamantes negros |
| Título original | Diamantes negros |
| Director | Miguel Alcantud |
| País y año | España y Portugal, 2013 |
| Duración | 94 minutos |
| Guión | Miguel Alcantud |
| Fotografía | Alberto Centeno |
| Producción | Carlo D’Ursi |
| Distribución | Splendor Films |
| Intérpretes | Setigui Diallo, Hamidou Samaké, Carlo D’Ursi, Carlos Bardem, Guillermo Toledo |
| Fecha estreno | 29/11/2013 |
| Página web | http://www.splendorfilms.com/ficha/e/272/0/497/diamantes-negros.html |