Dos madres y dos padres
De tanto en tanto, el llamado cine indie norteamericano nos suelta una (o varias) de sus perlas anuales. Su tendencia se sitúa en un terreno que tira hacia lo humano, lo social y lo sentimental y sus presupuestos suelen ser pequeños por no decir minúsculos y cuentan con unos actores de aquellos que con una mirada o un gesto transmiten a la perfección lo que dirían mil palabras.
¿Qué hacemos con Maisie? —título que adapta el original What Maisie knew, que se interroga acerca de lo que la protagonista sabe, desconoce o intuye— se inscribe perfectamente dentro de esta línea de vida cinematográfica con un quinteto excepcional: Julianne Moore, Steve Coogan, Alexander Skarsgård, Joanna Vanderham y Onata Aprile; estas dos últimas dos descubrimientos femeninos que prometen, y mucho, para un futuro inmediato.
La base literaria, que la tiene, es insólita: una de las novelas más desconocidas de Henry James que relata una historia de adulterio a través de los ojos de una niña. Pero claro, lo que esta niña percibe es un retrato desdibujado de la realidad puesto que tiene seis años y lo que ve, oye y siente es sólo un espejismo de lo que en realidad está pasando, o quizás no, pero desde nuestra perspectiva de adultos no podemos saber lo que Maisie sabe. De ahí su título primigenio, mucho más certero que su traducción.
Henry James pretendía hacernos ver que el universo de una niña de tan pocas primaveras sufre en silencio muchas de las situaciones que observa, entiende que no son buenas ni le serán buenas en el futuro. Pero en el fondo es una niña que no está capacitada para entender lo que tiene delante, que en este caso es una separación dolorosa y terriblemente dura.
Esta cinta también tiene otro lado insólito: tiene dos guionistas femeninas y dos directores masculinos, los cuatro con una sensibilidad muy especial que hacen de esta historia lo que finalmente resulta, con sus más y sus menos. La historia se sitúa en el Nueva York de nuestros días, y después de ver la cinta uno no se puede imaginar otro lugar donde pudiera ocurrir esta adaptación libre, aunque Henry James la imaginara hace un siglo en un tiempo y lugar completamente diferentes.
Nuestra Maisie
Maisie es una niña de seis años cuya historia arranca cuando sus padres están en proceso de separación y de repartición de la custodia de la pequeña. Mientras que el padre de Maisie es un hombre de negocios que viaja constantemente y que está agotado de la relación que ya ha terminado, la madre es una cantante de rock frenética y muy temperamental que también debe viajar para cumplir con su gira musical. Dos situaciones que se alejan de lo que deberían ser para cuidar de una niña alegre y jovial que se encuentra de repente en el epicentro de un fuego cruzado que no llega a entender.
Mientras que el padre se lía con la niñera, la madre se casa con uno de sus colegas. La niñera, Margo, pronto verá cómo su relación con el padre de Maisie se enfría hasta llegar al hielo mientras que su particular relación con la niña se va encendiendo poco a poco hasta llegar al vínculo quasi-materno.
Algo parecido le ocurre a Lincoln, el barman que se acaba de casar —en plan matrimonio relámpago— con la madre de Maisie. Si bien se empieza a comportar con ella como un verdadero padre, el que Maisie no tiene, su matrimonio durará lo que dura un suspiro.
Maisie creará con ellos dos —con Margo y Lincoln— una parentela ficticia que, por el contrario, será la más verdadera de todas. Ellos se convertirán en sus padres por sentimiento mientras que los padres biológicos de Maisie cada vez estarán más alejados de ella, situación por otro lado insostenible puesto que naturaleza manda y los sentimientos no pueden con la ley civil. Entonces, ¿Qué hacemos con Maisie?

Maisie, la mejor con imperfecciones
Si lo ponemos todo en una balanza, cierto es que todo lo que sucede en el transcurso de las dos horas de duración del filme huele a un tanto forzado y artificioso, a la par que reiterativo. Tenemos los cruces de parejas, los símiles obligados entre personajes que deben acabar juntos y las casualidades en la Gran Manzana que huelen a maniobras amateurs para hacer avanzar la acción.
También tenemos las constantes idas y venidas de Maisie con su padre, con su madre, con su padrastro, con su niñera y con algún que otro personaje más que se convierten en algo un pelín cansino como para que las dos horitas se sustenten en lo mismo todo el tiempo.
Hasta aquí, uno podría pensar que el 3 que luce (que incluso podría ser un 4, ojo) al lado del título de arriba ha sido un error tipográfico y que estamos delante de un telefilme barato de divorcios, custodias y romances huracanados con niña de por medio.
Pero el milagro del cine y del buen hacer pueden lograr cosas muy difíciles, y es que aquí dos directores que no conoce nadie —Scott McGehee y David Siegel— y sus dos guionistas —Nancy Doyne y Carroll Cartwright— convierten cada situación en un prodigio de elegancia, de sensibilidad, de emoción contenida y de diálogos inteligentes. Amén de ofrecer unas interpretaciones de 10 todas ellas.
El punto de vista siempre es el de Maisie, incluso la cámara se sitúa a la altura de sus ojos para observar su mundo —¡Dios mío, quién ha encontrado a esa maravilla llamada Onata Aprile!—, y Maisie intenta aparentar felicidad y buscar el amor paterno en cualquiera. Todo en la cinta sabe a gusto muy refinado, a una filmación pausada y pensada para que logre ser conmovedora y lo más importante, empática.
En todo momento, el espectador se pregunta hasta qué punto Maisie está viviendo los acontecimientos y cómo los está interiorizando, si es que lo está haciendo. No se trata de una película simple, sino que sus mecánicas sugieren lecturas a diferentes niveles y ofrecen diferentes géneros: pasamos de la comedia patética a la oscura, pasando por el drama familiar o el romance.
¿Qué hacemos con Maisie? es una cinta bella y atractiva, delicada y distinguida, de hermosa fotografía y partitura y superlativas interpretaciones que hace grato honor a la prosa escrita hace 115 años por Henry James. Con sus defectos y sus virtudes, es una pequeña gran muestra de lo que el talento puede lograr, y de lo que el cine independiente nos puede dar. No hace falta decir más.
Escribe Ferran Ramírez
