Todo queda en casa
Cuando su padre desaparece durante días, las hermanas Weston vuelven al domicilio familiar para estar con su madre. Allí se desatarán intrigas sembradas durante años.
Basada en la obra de teatro que ganara un Pulitzer allá por 2008 y triunfara en los escenarios de Chicago, Broadway y Londres, Agosto está escrita por la persona que comenzara aquella espiral, Tracy Letts, quien con esta sola obra ha recaudado suficiente para no necesitar realizar más. Un éxito merecido y que necesitaba de esta adaptación a la pantalla grande.
Sucede en ocasiones que se reúnen magnas estrellas pero la química, el guión u otras circunstancias no permiten que todo se desarrolle como debiera, produciéndose proyectos mediocres, grandes fracasos que quedan en el olvido. En este caso parece que se hubieran alineado los planetas, el orden natural se destruye para que en entre en escena una cantidad indescriptible de talento que, además, se encuentra rodeado por los elementos necesarios para provocar una película casi perfecta.
Si bien el comienzo es algo titubeante y puede llevar a formar opiniones equivocadas, en el momento en el que las piezas se engrasan y se unen, todo va sobre ruedas. En todo instante se deja ver claramente que se trata de una obra de teatro llevada al cine por la incesante inclusión de escenas largas sin cambios de escenario, pero esas son las que convierten a Agosto en una película brillante.
La cúspide se alcanza cuando la familia se sienta a la mesa para cenar unida, combinándose con maestría la comedia y el drama. Un discurso hilarante se torna en momentos de extrema agonía para concluir de un modo agridulce. Y esa a la palabra que mejor define a la cinta, agridulce: sus protagonistas se encuentran a años luz de la felicidad, aun cuando creen que la van a encontrar o ya lo han hecho han de desengañarse para descubrir que los Weston nunca lo han sido ni lo serán.
Demasiado es el rencor albergan las paredes de la vieja residencia, distintas las reacciones ante unos padres con problemas y duro el viaje que supone enterarse de que quizás, alguna de las hijas se parezca más a esos seres que tanto la molestaron y traumatizaron en su infancia.
John Wells no sorprende ni aporta nuevos recursos a la cinematografía pero hace uso de los que conoce, creando una película emocionante y realista. Tracy Letts, por su parte, pudiendo haberse preocupado de que los personajes cayeran bien al espectador, prefiere centrarse en aportar humanidad a los mismos, repletos de fallos no paran de cometer errores. Las relaciones familiares son como ella las retrata, ácidas, no siempre son entrañables y divertidas como muchos pretender hacer creer sino que se intercalan los buenos y malos momentos.
Puede parecer que carece de sentido estrenar un filme titulado Agosto y en el que la temperatura parece no ser nunca inferior a 40 grados en plano mes de Enero pero, aquel que diera con la idea merece crédito, y mucho. Tras la época navideña en la que millones de familias se reúnen para hacer el paripé propio de esta época, en la que hermanos que no se preocupan aparecen con alegría, o aquel primo al que no se recuerda reclama su regalo, viene muy bien una dosis de verdad, porque siempre hay algo que pulir hasta en las relaciones que parecen brillar con fuerza.
Escribe Sonia Molina
