Berlín cosmopolita

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División-unión, espacio-tiempo, política-cultura

berlin-cielo-sobre-berlinDesgarrada, rota, dividida y luego unida, mezclada, acoplada. La ciudad del oxímoron por excelencia, donde lo que separa también une. Donde las diferencias se hunden en un único gran escenario cinematográfico. El lugar donde la política sobrepasa la fantasía y la realidad. Donde todo es un desafío y un descubrimiento a la vez.

Berlín: cosmopolita y patria de la historia moderna, esconde secretos y realidades que cualquier cineasta sería capaz de capturar, porque a lo largo de su época, de sus acontecimientos y de su desarrollo cultural ha sido marcada por los cambios que inevitablemente han revolucionado y definido su “personalidad” tan diversa cuanto cautivadora.

División-unión

Las relaciones contradictorias que se refieren a la condición política en la que ha vivido la ciudad de Berlín hasta hace unos años se reflejan inevitablemente en las películas allí ambientadas.

Es el caso de Goodbye Lenin! (2003), una pequeña joya del cine alemán que se desarrolla entre un momento de pasaje desde la división a la unión y la posibilidad de evitar que esto pase con un juego de mentiras y recitales para que todo parezca separado como era antes.

Entre muchas, La vida de los otros (2006) representa este sutil hilo de separación entre lo que la vida de una sola persona puede cambiar si se sumerge en la de otras sin que sean directamente conectadas. Esta peli en particular, que ganó el Oscar como mejor película extranjera en 2006, es la representación de esta separación en la que ha vivido la ciudad de Berlín durante años, división que encontramos en los muros de las casas que separan al protagonista, espía de las personas de las que pretende conocer vidas. Una introspección política y personal, que hace de este filme un estupendo cuadro de la sociedad alemana de los años ochenta.

Una película revelación de 2012, Oh boy, también es el espejo de un aislamiento que el protagonista siente respecto a todo lo que le rodea, una separación de su realidad diaria, desde su novia hasta la Universidad, aspectos que no consigue alcanzar, que se quedan separados de sí mismo con el resto del mundo del que solo le gustaría recibir algo verdadero y simple como un café. La búsqueda de un propio lugar es la dificultad más grande que intenta superar el protagonista de esta película, en una Berlín en blanco y negro de la que se siente separado y a la que debe todo para volver a encontrar su dimensión y unidad con lo que le rodea.

Espacio-tiempo

berlin-la-vida-de-otrosBerlín ha sido, cinematográficamente hablando, un punto de sutura entre las dimensiones espacio-temporales humanas en muchas películas, metáfora de lo que se puede definir como experimento artístico en el que se intenta juntar la temporalidad y espacialidad de lo real.

En Cielo sobre Berlín (1987) de Wim Wenders, el concepto del espacio-tiempo asume un significado poético que se define dentro de los magníficos versos de la poesía, expediente artístico que junto a la fotografía impecable, establece el contacto entre seres humanos y ángeles, metáfora de una búsqueda de los sentimientos humanos más puros. Los mismos hombres y mujeres de esta película parecen ya no estar capaces de sentirlos si no fuera gracias a la ayuda de una parte escondida, que va más allá del espacio y que es representada por los ángeles que deciden probar, finalmente, “las debilidades humanas” tan misteriosas para ellos.

Los espacios paralelos de las dos dimensiones, humana y celestial, son perfectamente contemporáneos en el tiempo en el que se realizan las acciones y la trama de la historia.

Esta película representa no sólo la posibilidad de definir el espacio y el tiempo como los límites más grandes de la naturaleza humana, sino más bien la posibilidad de superar estos mismos límites a través del arte y, en particular, de la poesía en una ciudad como Berlín, que ha sufrido cambios espaciales muy drásticos a lo largo de la historia.

Otra película que se desarrolla en una acción que parece superar el espacio y el tiempo, es la original Corre, Lola, corre (1998), una historia que tiene como protagonista una chica que intenta desafiar el poco tiempo que tiene para salvar a su novio de unos problemas gordos en los que se ha metido.

La carrera de Lola se cumple por las calles de Berlín, a través de las más alucinantes aventuras y encuentros, donde las coincidencias y los cruces condicionarán completamente el final de su trayecto, en tres formas distintas con una mínima diferencia de tiempo y de lugares.

Metáfora de una Berlín post-muro que aún no reconoce sus raíces y que aún no sabe definirse en términos espaciales y temporales. Una Berlín que necesita empezar otra vez, desde cero y volver a experimentarse continuamente hasta encontrar su identidad y su lugar en el mundo.

Sociedad-cultura-transgresión

Una de las películas símbolo de una Berlín separada y dividida es Yo Cristina F. (1981), un filme realizado en plena separación de la ciudad donde se afronta un aspecto cultural que en la parte occidental estaba recibiendo siempre más respuesta por parte de los adolescentes de la Berlín capitalista, abiertos a las nuevas sustancias estupefacientes que venían de toda Europa, como la heroína.

Este filme cuenta el viaje insidioso y terrible en el mundo de la droga de la protagonista Cristina y de su novio, en una ciudad política y culturalmente dormida y apagada, donde la degradación de los ambientes y de los personajes refleja lo que históricamente estaba pasando en aquellos años. Una película impactante a nivel físico y psicológico que no se preocupa de esconder nada, al contrario, intenta mostrar lo que la sociedad quería omitir.

Desde otro punto de vista cultural, no se puede olvidar el musical Cabaret (1972), película ambientada en la República de Weimar en Berlín donde una brillante Sally (Liza Minnelli) afronta las situaciones más delicadas, entre ellas: un aborto, un amante que comparte con un hombre homosexual y los peligros del antisemitismo que empezaba a hacerse sentir en aquellos años.

Un filme que declara una Berlín “libre” donde se sienten las síntomas de lo que pasará en breve. Una ciudad que en realidad está perdiendo cualquier tipo de euforia porque de allí a algunos años se transformará en el escenario de una terrible dictadura.

Escribe Serena Russo

berlin-cabaret