La película que vemos y la otra
“Godard… si se ama su cine, es delirante; si no, es insultante”
(Jean Collet)
En Alphaville (Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution, 1965) existen dos películas bien diferenciadas. Una, la que vemos, y sería el relato propiamente dicho, dentro de la ciencia-ficción, por el que se nos narra la historia de un país dominado por una máquina. La otra película, ajena a gran parte de los espectadores, se asociaría a la vida del propio Godard, en el momento en que realizó el filme.
Un hecho este, el de unir película con la propia vida del autor, que acompaña a la filmografía de bastantes directores. Recordaré, como ejemplos, cinco: Alfred Hitchcock, Luis Buñuel, Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni y François Truffaut.
La segunda historia sugerida, la que no vemos, es interesante de analizar para comprender cómo se llevó a cabo este filme autobiográfico de anticipación y destrucción que se corresponde con el fantasmal mundo de la ciudad lógica encerrada en una sorprendente ilógica. Trata de mostrar Godard su amor hacia su mujer, de la que en el momento de la realización del filme está a punto de separarse: Anna Karina.
Todos los filmes, en los que la ha dirigido (Una mujer es una mujer, El soldadito, Vivir su vida, Pierrot le fou) son rendidos tributos de amor agradecido hacia la mujer que ha estado a su lado en sus primeras películas. Ahora le dice adiós. Pide el divorcio. El mundo personal de Godard se derrumba. Pierde a su musa (la rescatará como actriz un año después, en 1966, al protagonizar Made in USA.
¿Por qué ha decido Anna separarse? ¿Qué ha ocurrido? ¿Es que el amor no tiene fuerza para vencer cualquier obstáculo? ¿Acaso los sentimientos no existen? ¿Será él culpable de ello? Alphaville es la defensa del realizador dentro del ataque que el film supone a Anna en particular y a la mujer en general. En realidad, un ataque en interrogante o fácilmente convertido en defensa, al pasar del comienzo al final de la película.
A lo largo del film se presenta a la mujer como un simple objeto de placer, incluso en el momento en el que se muestra la ejecución de los prisioneros se nos hace saber de la eliminación del sentimiento por parte de la mujer (“Por cada cincuenta hombres muere una mujer”). En el momento final, en el coche donde se encuentran Lemmy (Eddie Constantine) y Natacha (Anna Karina), será el hombre el que pida a la mujer que pronuncie la palabra imposible (“No puedo ayudarte”… o lo que es lo mismo, tú puedes hacerlo) y que acabará diciendo (“Te quiero”). Una palabra para dar continuidad a una historia (personal) de amor, rota definitivamente.
Lo dicho hasta ahora sería una segunda historia, implícita en lo que vemos. La explicita, la dada en primer plano, lógicamente también habla de sentimientos fallidos, de mundos donde el amor ha desaparecido.
El filme nos habla del hombre y de la máquina, de la falta de libertad del ser humano, del Gran Hermano que domina a todos. Estamos en el terreno literario, entre otros, de autores como Orwell, Huxley, Bradbury y el cinematográfico de títulos como Metrópolis de Lang o el Truffaut de Fahrenheit 451.
Alphaville es una ciudad (la propia París) repleta de luces y sombras que en sus contrastes impiden la realidad, donde los sentimientos han desaparecido. Se nos presenta un mundo mecanizado dominado por la comodidad y la lógica (esa que tanto desprecia Hitchcock), donde ha desaparecido cualquier atisbo de sentimiento. El hombre ha creado la máquina y la máquina ha producido una mecánica propia, engendrando al hombre mecanizado como espejo de ella misma. Los seres humanos obedecerán ciegamente las órdenes de una máquina manejada por un cerebro en la sombra.

No hay razones por las cuales las cosas ocurren, no hay porqués sino una identidad total de asentimientos, de obediencias. Todo está controlado. Lemmy-Godard no se pone en contra de la máquina en cuanto tal. Sí en cuanto deshumaniza a los seres. Lo que ataca el realizador es un mundo en el que todo tiene que ser olvidado.
Una existencia lógicamente ilógica en la que sólo existen los actos y el presente y donde el dominio, negativo como cualquier dominio, procede por la lógica de una voz pensante: “Detrás del uno viene el dos, pero ¿quién nos ha dicho que el uno sea uno? ¿Cómo decir que uno más uno sean dos si no sabemos el significado de ese más?”. Es lo que enuncia la máquina que gobierna a los seres, una máquina que actúa lavando cerebros, inutilizándolos, aplicando su sonsonete, su voz monótona, cíclica.
Al final, cuando Lemmy destruye la máquina, los ciudadanos, habitantes de ese mundo no tan lejano de Alphaville, son incapaces de seguir existiendo, de poder seguir adelante bajo el dictado personal. La muerte física de los habitantes de la ciudad es el resultado de su sumisión. En realidad llevan muertos desde hace mucho tiempo.
La máquina razonadora, de todas formas, no tiene todo el poder. En un momento del filme Natacha llora (en la ciudad lógica está prohibido llorar). El ser que ha creado la máquina y reciclado a la mujer se ve superado. Algo no funciona en el sistema. Se ha producido un cortocircuito. Todo falla cuando Eddie contesta, en su interrogatorio, a la máquina con un lenguaje para el que no ha sido preparado. Godard, por ello, confía en el ser humano: la máquina nunca podrá sustituir a la poesía.
En ese instante, en que la máquina se colapsa, la fotografía vira al negativo iniciando el desmoronamiento del mundo de Alphaville. Un mundo que está aquí con nosotros. Cuando realiza la película, Godard deja claro la identidad de Alphaville con París. Las imágenes nos hablan a nosotros, nos llevan a un diálogo concienciador sobre el mundo en el que vivimos, nos cerca.

Todo el filme se centra en el binomio libertad-amor. Es la razón por la que se mueve Godard a través de su personaje. Su contestación a la máquina es concluyente: “No soy un espía porque me considero un hombre libre”. Frente a la libertad de Eddie su ausencia se materializa en el sistema lógico de la máquina donde no hay razonamiento posible.
Godard, de todas formas, y en su proclama en favor de la libertad, deja traslucir una cierta desesperanza: “Todo da igual. Nada entendemos y al final morimos”.
Una vez al final del filme, en que muere la máquina y el cerebro, Lemmy (1) se cree un héroe, nada menos que el salvador de la Humanidad y pronuncia unas frases que se vuelven contra él. Su pesimismo sobre el castigo y la muerte no son más que pequeños apuntes satíricos sin explicación posible. Lo ilógico, en definitiva, venciendo a lo lógico.
Con todo el cinismo del director, su mirada pesimista y aparentemente extraña y distante, aparece su pensamiento sobre el amor con fuerza suficiente para cambiar a los seres y hacerlos humanos. Idea que aletea en el film y que recorre su obra desde su primer e importante largometraje, A bout de souffle Con toda la negrura que rodea la ciudad de Alphaville, el amor puede purificarla. No se ha podido eliminar de la ciudad. Por ello la escena de amor entre Natacha y Eddie, narrada como ensoñación, es de una gran belleza.
Se ha hablado mucho de la relación entre esta ciudad y los regímenes totalitarios y que de forma simbólica se centralizan en ese plano de un letrero luminoso con las letras SS. Como en toda la obra de Godard hay, en el filme, homenajes varios y diversos chistes privados, sin olvidar distintas referencias al cine de Welles, Hitch, Lang, Cocteau y tantos otros.
Referencias o juegos personales entre los que cabe citar el momento en que Lemmy visita los laboratorios de Alphaville en compañía de unos sabios que no son otros que los compañeros de Godard de la revista en la que era crítico, la mítica Cahiers du Cinema. Y un dicho de Lemmy: “No confío en la técnica”. Era, en ese instante, como una afirmación de Godard sobre su obra, a lo que los sabios (y amigos) contestan en un tono jaculatorio: “Por supuesto”.
Alphaville está divida en dos partes claramente diferenciadas. La primera tiene un carácter documental. Se presenta una ciudad extraña vista por los ojos de un recién llegado, un forastero. La presencia de un periodista llamado Ivan Jonhson (como si fuera otro juego en una unión de dos poderes, dos mundos), provoca el tono de descripción periodística de cuanto vemos. La segunda parte, centrada en los personajes, se inicia con el sollozo de Natacha.
¿El arte es lo único que puede dar un sentido al mundo, hacer a los hombres libres? En Alphaville, quizá por ello, los artistas son negados y arrojados a barrios prohibidos. ¿Es tal idea la del orgulloso y engreído Godard, que ve cómo su cine es ninguneado en su búsqueda constante de nuevas formas expresivas, adelantándose siempre a su tiempo? Godard, fiel a sí mismo, ajeno a los espectadores, sigue negándose a claudicar. Su último filme, Adiós al lenguaje rompía con el tradicional esquema del 3D. Pues bien, los exhibidores la estrenarán, al menos aquí, en 2D y reduciendo su exhibición a tres únicas salas en toda España.
Negándose a hacer un cine ordenado, enclaustrado en las normas del comercio, piensa en su libertad, sobre todo, como ser humano y como creador. Como dice en Alphaville una persona al ser ejecutada: “A pesar de que nos intentéis destruir hay algo que nunca desaparecerá de nosotros: la fe y la esperanza. Mientras ambas existan el ser humano no será destruido y seguirá luchando por su libertad”.
La propia fe y esperanza que Godard tiene en su obra realizada con una libertad absoluta, lanzada mucho más allá del tiempo y del efímero éxito,
Escribe Adolfo Bellido López
Nota
(1) Lemmy Caution es un detective privado creado por el escritor británico Peter Cheney (1896-1951). Publicó su primer libro en 1936. Sus libros alcanzaron gran éxito en Francia lo que hizo posible que tal personaje pasara al cine. La primera película con tal personaje la dirigió Bernard Borderie que encontró en el cantante Eddie Constantine, de nombre verdadero Israel Constantine (1913-1993), el actor ideal para encarnar al personaje. Interpretó ese papel en varias películas basadas en novelas de Cheney. El filme de Godard no se basa en ninguna. De Godard es el argumento y el guión. Eddie en cine interpretó otros varios papeles interviniendo en más de ciento veinte películas.
