Kingsman: Servicio secreto (3)

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Nueva patada en el culo

kingsman-1Matthew Vaughn fue el hombre más envidiado del planeta cuando se supo que era el marido de Claudia Schiffer y el padre de sus tres hijas… hasta que descubrimos cuál era su secreto: era capaz de darle la vuelta a cualquier situación convencional y salir airoso de la situación.

Incluida la alemana.

Eso lo demostró a la hora de darle una patada en el culo a los superhéroes sin poderes de Kick-ass, con los orígenes de los X-Men y ahora con esta historia original basada en un cómic (perdón, novela gráfica) creado al alimón con unos viejos colaboradores suyos, Mark Millar y Dave Gibbons. Juntos han retomado aquella idea, la han adaptado, han exprimido un poco más sus valores originales y aquí está…

Una revisión a fondo del cine de espías “a lo James Bond” servida con una buena dosis de las series de televisión británicas “en la línea de Los Vengadores” y algunas gotas del mejor Tim Burton, es decir, el de sus orígenes, aquel joven airado y gamberro.

El resultado no es una parodia, sino un título respetuoso con las convenciones del género: no abusa de los efectos, aunque los utiliza cuando procede, y no tiene inconveniente en darle una patada en el culo al mismísimo espectador cuando lo considera conveniente…

Y hablando de culos: la película tiene uno de los finales más “atrevidos” en el cine mainstream de los últimos años, toda una realeza escandinava poniendo sus partes al servicio del héroe de turno, pero no como en la serie Bond, donde todas caían rendidas a sus pies dispuestas a abrirse de piernas… aquí… digamos que la película da la espalda a lo políticamente correcto.

Todo ello por no hablar de la escena más gamberra de los últimos años: una invasión del mundo solventada con cabezas explotando al ritmo de Edward Elgar, que no había sido tan bien utilizado en cine desde los tiempos en que Stanley Kubrick se apoderaba de su Marcha de pompa y circunstancia nº 1 para ilustrar una de los inolvidables tours de force que se sucedían en La naranja mecánica (1971).

¿Y todos estos delirios más o menos optimistas a qué se deben?

A que Vaughn ha vuelto a hacerlo: puede considerarse que con sólo cinco películas en su haber ya es un autor consagrado… y no sólo el marido de la Schiffer.

Layer Cake, Stardust, Kick-ass, X-men: Primera generación y Kingsman comparten no pocos puntos en común, pero sobre todo cierto afán transgresor con el modelo del que se parte, algo que ya no se lleva en un cine cada vez más mimético consigo mismo, sobre todo cuando se trata de sagas y más si son superhéroes archiconocidos.

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Espías como nosotros

Un largo plano desde un radio-cassette hasta el interior de una mansión que es asaltada por los super agentes de turno sirve de prólogo a los créditos. Una bomba. Un sacrificio y ya tenemos la motivación. El superviviente querrá devolver el favor a la familia de un agente tan secreto que ni se puede divulgar su nombre, ni su trabajo, ni su sacrificio… sólo entregar un contacto que será decisivo.

Aunque eso sucederá 17 años después, tras la oportuna e impactante muerte de otro agente, esta vez en Argentina, tras haber dados muestras de ser más eficaz que el mismísimo Bond, James Bond, aunque no tanto como para evitar las mortales cuchillas de la malvada de turno.

Hablando de malvados. Aquí es un Samuel L. Jackson torpe, megamillonario, dado a la ropa deportiva y capaz de valorar los menús de McDonald’s como lo más de lo más… aunque para valor, el que concede a los mensajes ecologistas, a los que da la vuelta con un planteamiento irrefutable: sí, hay una forma de salvar el planeta… aunque no podemos desvelarla, digamos que no es muy políticamente correcta.

Como no lo es el trato que dispensa el film a los distintos gobiernos del mundo.

Como tampoco lo es su servilismo a las tramas habituales de los films de espías. Y más cuando son series. De hecho, aquí un personaje clave acaba acribillado. Sí, muerto. Sin más. Y sin los tópicos habituales de contar en el último minuto el porqué de las cosas… porque eso casi siempre conduce a dar tiempo a otros para que lo rescaten.

Aquí no hay rescate. Sólo un trabajo silencioso. Oscuro. Eso sí, con uniforme impecable y discreción absoluta. Como corresponde a un auténtico caballero.

A ello contribuye un actor como Colin Firth, asociado habitualmente a la comedia. Impecable en su papel, mezcla de Bond y el hierático Ipcress de Michael Caine. Fino. Elegante. Impecable. Con un toque irónico ideal para desmontar mitos.

Por cierto, en un juego de rol más allá de lo que parece a primera vista, el mismísimo Michael Caine aparece también aquí como protagonista. Y créanme si les digo que su personaje también tiene gracia.

Pero sin llegar a la parodia, que es lo fácil en estos casos.

Y es que Kingsman es una organización secreta a la que debemos la propia existencia del mundo, como corroboran muchas portadas del periódico británico The Sun, dedicadas a encumbrar la miseria humana, cuando en esas fechas un auténtico Kingsman había salvado al mundo de quedar reducido a la nada.

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Si algo puede reprochársele a Vaughn es cierto abuso de las canciones para subrayar algunas escenas. Aunque ese uso potente de la banda sonora dé como resultado una de las escenas más ingeniosas del último cine: la matanza en la iglesia, vista como si de un videojuego se tratase. Y no sólo por nosotros, también por varios personajes del film.

Un apunte que habla de la adicción de determinados tipos de diversión hoy en día.

Pero también de la adicción de un cine cada vez más similar a sí mismo.

Sólo por la planificación de esta brutal escena en la que todos los asistentes a una misa (digamos, un tanto especial) se aniquilan entre sí ya deberíamos ver este film a contracorriente.

O también por la citada explosión de cabezas. Un auténtico fuego de artificio salvado con una elegancia exquisita. Imposible ver la escena sin una sonrisa en los labios.

Incluso por ese epílogo en el que la historia se repite… en el que también la sonrisa es obligada. Ya tenemos nuevo caballero a la altura de las circunstancias.

Por cierto, un caballero de origen humilde. Porque también la lucha de clases tiene una presencia oblicua en el film. Un tema poco habitual en un mundo de smoking, pajarita y martinis. Aquí la miseria de una madre obligada a prostituirse, de unos matones de barrio y de un barrio de mierda, literalmente, forma parte de la trama sin forzar. De forma natural.

Al igual que sucedía con Billy Elliot y su afición a la danza, aquí es otro jovenzuelo el que compite por entrar en un círculo muy exquisito. Sólo reservado a los mejores.

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Aunque en ese mundo también se esconden vulgares traperos. Arribistas que piensan en salvar su culo antes que salvar el mundo. Con algún giro sorprendente. Porque el film no deja títere con cabeza… literalmente.

Y es que quizá esa es la mayor virtud de Kingsman: Servicio secreto: parte de elementos que todos conocemos, pero los devora en algún momento de la función, los fagocita, nos deja sin elementos cómodos a los que agarrarnos.

Y pese a todo mantiene una coherencia impecable.

Combina la frialdad y la precisión alemanas con el sentido del humor más British.

Ya lo decíamos al principio: ha sabido cómo llevar a su terreno a la alemana más universal. Que no es desde luego la Merkel. Sino la Schiffer.

Y con ella de apoyo moral (y probablemente financiero) ha montado un cóctel realmente explosivo.

Una película para ver sin prejuicios. Y para disfrutar como una sana y perversa patada (o lo que sea) en el culo a las producciones más convencionales del cine de superhéroes que hoy cocina Marvel y toda una tropa de imitadores.

No os la perdáis.

Escribe Mr. Kaplan

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