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La vida también es fugaz en el paraíso
Escribe Eva Cortés
Al igual que las olas del tsunami en 2004 cubrieron las costas del océano Índico en Tailandia, así Wonderfull town, primera película de Aditya Assarat, está envuelta por referencias a la fugacidad de la vida, a la importancia de disfrutar cada momento, porque cuando menos lo esperamos, desaparecemos.
Quizás ésta fue una de las reflexiones que Aditya Assarat se trajo de su viaje a Tailandia y ha querido que quede expresada en su película, utilizando para ello una doble dimensión: la vida pasó igual de rápida para las victimas del tsunami como para el protagonista de la película, Tom (Anchalee Saisoontorn), en cuestión de segundos.
Tom representa el ejemplo de persona dispuesta a aprovechar su vida. De mentalidad libre y moderna, ahora se dedica a viajar todo lo que le permita su trabajo y en su juventud luchó contra su familia por intentar ser lo que más le gustaba en el mundo, músico.
Al llegar a un pueblecito de Tailandia, Takua Pa, para supervisar una obra, se enamora de Na (Supphasit Kansen). Na, propietaria del único hotel tras la catástrofe, tiene en cambio una mentalidad más conservadora y nunca ha salido del pueblo. Como todos sus habitantes, permanece sujeta a la opinión de los demás, principalmente a la de su familia.
Al conocerse, cada uno encuentra en el otro ese otro yo que le falta y complementa. El problema para que este amor fluya es el lugar, que no es precisamente el más adecuado. El tsunami se llevo todo, también la conciencia y alegría de la gente; ahora se limitan a dejar pasar sus vidas sin motivación alguna. Esto crea una atmósfera hostil, tensa y triste.
Además del carácter del personaje, Aditya Assarat recurre al agua como símbolo del tsunami y de la fugacidad. El tsunami se hace latente casi en cada escena sin necesidad de mostrarnos la tragedia, a través de los planos de la marea, las conversaciones sobre el tiempo, los planos del agua que beben los protagonistas… el agua, como símbolo de poder. El agua que pudo en su momento con Takua Pa y ahora con el amor entre los protagonistas.
La simbología, la doble dimensionalidad y la representación a través de los personajes dan forma, rozando lo poético, a este mensaje y envuelve las consecuencias trágicas de lo ocurrido desde un punto de vista muy interesante.
Acerca del estilo asiático
El problema de la opera prima de Aditya es la manera en que nos expone este punto de vista, siguiendo con la simbología acuática, lo que hay en la superficie del filme y en los tramos adyacentes.
Que algo tan importante como un tsunami, siendo esta la primera película que trata sobre él, quede reducido muy considerablemente a una historia de amor sin acción y casi sin pasión, que no engancha al público ni por sus diálogos ni por sus interpretaciones, perdiendo al espectador en el mensaje principal, no ha sido un acierto.
Se nota que nos son actores profesionales, porque no encuentran la química entre ellos, y porque ninguno convence. Anchalee Saisoontorn, principalmente, es el que resulta más inexpresivo; Supphasit Kansen da algún matiz más a su papel con su sonrisa a medias, queda más natural que su compañero, aunque tampoco llega a brillar.
Esto en cuanto a la superficie. De las subtramas, que tampoco es que haya muchas, hay una especialmente mal terminada. Existe una casa en ruinas, la de los padres de ella, cuya leyenda dice estar encantada. Tantas escenas transcurren en ella, que crea en el espectador una tensión que, sin embargo no le lleva a ninguna parte. Fallo de un guión, al que parece que le falte algo.
Con esta historia centrada casi completamente en el amor entre los protagonistas, con tan pocos acontecimientos, se crea un ritmo lento, alargando demasiado lo importante, unos protagonistas silenciosos intentando expresar con gestos donde no llegan las palabras, sin conseguirlo a veces, y un contexto demasiado gris.
Entiendo por qué la critica ha laureado tanto esta película, que hasta el momento ya ha ganado el Premio especial del jurado en el Festival internacional de cine de Las Palmas y ha sido premiada en el Festival internacional de cine de Rótterdam y en el de Pusán (New Currents Award). Lo entiendo porque la fotografía es bella, la música ayuda a la reconstrucción del ambiente, los contrastes entre el paisaje paradisíaco y los edificios en tan mal estado crean un efecto visual poético acorde al mensaje. En definitiva, por hacer un buen uso del característico estilo asiático; pero esto no impide que también comprenda a todos aquellos que la han tachado de aburrida.
De todo, me quedo con la reflexión con la que empezaba este texto: la fugacidad con la que pasa la vida, lo importante que es disfrutar de cada momento y lo bien que emana de esta película.
