![]() |
|
En busca de su destino
Escribe Eva Cortés
Después de rodar varios cortos, la directora extremeña Irene Cardona ha dirigido su primer largometraje, Un novio para Yasmina.
No es ésta la primera película que trata el tema de la inmigración, recuerdo algunas como Amistad de Spielberg, El nuevo mundo de Terrence Malick o la reciente Cometas en el cielo de Marc Forster; sin embargo quizá sea de las pocas donde uno de los lugares de desarrollo de la acción, el más importante, sea una asociación para la integración.
Bajo el género de comedia romántica e inspirada en una asociación de acogida de emigrantes que hay en Navalmoral de la Mata, llamada Cáceres acoge, de la que su madre es presidenta, la historia presenta las relaciones entre diferentes personajes, todos con una vida desajustada, en un pueblo perdido del mapa, donde cada uno actúa a su manera con los inmigrantes.
El tono es en clave de humor, porque más que concienciar de una realidad, lo que Irene ha pretendido con esta película es dar esperanza argumentando que la integración es posible siempre que, tanto los que vienen como los que estamos, aportemos nuestro granito de arena, siendo el centro de esta encrucijada las asociaciones.
Para hablarnos de esta posible integración la directora ha optado por trabajar con actores tanto profesionales como no y por una coproducción con Marruecos. Según dice en una entrevista para el periódico La gran ilusión: “contar con el apoyo marroquí era necesario porque nos podían asesorar en muchas cosas, nos iban a ayudar en los diálogos, en los puntos de vista y a buscar actores, porque en España no había nadie que pudiera hacer el papel protagonista”.
Al final, la actriz marroquí Sanaa Alaqui es quien representa a Yasmina, un personaje modelo en comportamiento e ideas para su colectivo. Yasmina, que llega al pueblo por casualidad, cursó la carrera de filología en Marruecos y está decidida a impartir clases en España aunque para eso tenga que ir de nuevo a la universidad. Sin embargo, se encuentra con que nada es tan fácil, y que para seguir su camino deberá primero obtener los papeles de residencia.
El enredo, también protagonista
Es justo en este punto donde empieza la comedia veraniega de enredo. En la búsqueda de marido se cruzan en la vida de Yasmina varios personajes, cada uno con su historia y personalidad.
Por un lado, están las chicas de la asociación donde Yasmina acude a dar clases de español. Aunque realmente no le hacen falta porque habla muy bien, en realidad acude porque es el único sitio donde se siente como en casa.
Entre ellas, Lola (Maria Luisa Borruel), una mujer frágil, de mediana edad, muy implicada en su trabajo y casada con Jorge (Francisco del Olmo).
Jorge es todo lo contrario que Lola, mucho más escéptico ante la integración. Sin embargo su punto de vista cambia cuando conoce a la protagonista. Dentro de su rutina diaria acude todos los días a un bar para jubilados donde juega con Alfredo (José Luis García Pérez) una partida de ajedrez.
Este último no tiene trabajo, se dedica a deambular por el pueblo sin oficio ni beneficio. A medida que avanza la historia, se convierte en uno de los candidatos para contraer matrimonio con Yasmina. Los otros pretendientes son Javi (José Antonio Lucia), el policía, y el frutero (Fermín Núñez).
Por otro lado, están los actores no profesionales como las mujeres que asisten a las clases de español en la asociación y los que interpretan a la familia de Yasmina. Actuando como son ellos mismos dan realismo y sencillez al conjunto de la obra.
El arma de doble filo
Un punto a destacar dentro de los muchos temas que esconde este enredo de relaciones, (la vida en pareja, bodas por interés, cursos para extranjeros, amistad…) es que la película rompe con el tópico de la mujer árabe y nos presenta al personaje como una mujer que lucha por ser la dueña de su destino, en una sociedad que se está transformando ante el reto de la multiculturalidad.
Esto, en mi opinión me parece una apuesta buena, pero atrevida porque puede convertirse en un arma de doble filo, que hay que saber ver en su justa medida.
La culpa, el cartel. Es para mí un tanto engañoso el cartel de la película donde la protagonista aparece vestida con la pashmina. Su imagen puede sugerirnos un objetivo diferente al real de la película.
Y me explico. Creo que puede sorprendernos que en el cartel la protagonista se presente como una chica inmigrante marroquí conservadora y que luego en la película veamos que es todo lo contrario. Por ejemplo, en el filme sólo reza una vez. En todo el metraje esa escena es la única en que lleva pashmina. Es de mente tan abierta, que incluso el resto de mujeres de su comunidad, que sí la llevan siempre, la acusan de que más que integrarse parece que quiera renegar de sus orígenes.
Y no sólo el cartel hace engañoso al personaje, también el punto de vista de la película. Cuando yo la vi, me evocó toda una historia de superación de dificultades por la adaptación y me sorprendió encontrar una protagonista que hablase español a la perfección, con carrera, sin demasiados problemas económicos aparentemente y sin problemas para encontrar un sitio donde vivir cuando su familia la echa de casa.
Esto puede suponer o no una decepción al terminar el visionado. Por eso dependiendo como se vean estas dos cuestiones, la película puede gustar o no. Esta fábula, como dice su autora, puede resultar para muchos espectadores un cuento de hadas imposible y, para otros, un canto a la esperanza y un modelo a imitar. ¡Allá cada cual!
