Secaderos (3)

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Lirismo y fábula sobre las hojas del tabaco

Secaderos, de Rocío Mesa.

En los años setenta, cuando aterricé en Granada, en el paisaje al pie de Sierra Nevada podían verse una gran cantidad de secaderos de tabaco. Peculiares construcciones de caña y madera e incluso de albañilería, con huecos y rendijas, siempre ventilados, edificaciones singulares de las que colgaban las hojas del tabaco para su secado.

Actualmente, cuando el cultivo del tabaco ha caído, continúan jalonando estas tierras, inspirando proyectos culturales, sociales, cinematográficos y perpetuando la memoria viva de este lugar que es la vega granadina, una fértil llanura con 41 municipios.

En el momento de mayor auge de este cultivo, llegó a haber 6.500 secaderos, hoy sólo se mantienen en pie varios centenares, más que nada por una cuestión sentimental y por el valor paisajístico de estas construcciones, puesto que la actividad tabaquera cesó hace ya unos veinte años. Actualmente es residual el número de agricultores del tabaco en la zona.

Como exponente está Cúllar Vega, un pueblo que da la bienvenida al visitante con un secadero de tabaco a escala en la rotonda de acceso, protegiendo estas típicas construcciones con subvenciones a sus propietarios, para que las mantengan como un elemento histórico, paisajístico y cultural.

Conscientes de este valor, la Junta de Andalucía ha dado pasos para su protección, y no hace mucho resolvió incluir los secaderos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como Bien de Catalogación General, el Palacete de Villaviciosa y el antiguo secadero de tabaco en Pago de los Montones, construcciones de finales de los años 40 y principios de los 50, la época dorada.

Los secaderos de la Vega de Granada fueron universalizados en la obra de Federico García Lorca y siguen inspirando iniciativas culturales y exposiciones como la casa-museo de Valderrubio, que lleva el nombre del poeta y fue domicilio rural de los Lorca.

Los secaderos han servido también de inspiración al cine y la directora granadina Rocío Mesa ha concluido recientemente el rodaje de su primer largometraje, Secaderos, que constituye un ejercicio antropológico y de reencuentro con estos lugares tabaqueros, y un homenaje a esos escenarios rurales y a quienes los habitan y habitaron.

Sobre ellos ha dicho la directora: «El paisaje de mi infancia, a los pies de las montañas de Sierra Nevada, estaba repleto de secaderos de tabaco: enormes construcciones vacías que reinaban sobre el paisaje. Ante mis ojos de niña, que poco sabía de historia o agricultura, estas casas gigantes eran misteriosas guaridas de monstruos que cuidaban de la tierra».

Sobre la directora y el drama de los tabaqueros

Mesa nació en el pueblo granadino de Las Gabias, de algo más de 20.000 habitantes, hace 40 años, que es lo que aborda parte de la historia. Tuvo una infancia parecida a la de cualquiera de los pobladores del lugar. Una vida infantil y adolescente que discurrió entre las plantaciones de tabaco, secaderos y paisajes de cultivo.

Cuatro décadas después Rocío Mesa dio el salto a Los Angeles y ha realizado un par de cortometrajes. Pero ha sido con esta historia ilusoria, fantástica y sorprendente en un medio rural olvidado, la que ha significado un antes y un después en su trayectoria como directora y como creativa.

Rocío Mesa lleva tiempo en los Estados Unidos abriéndose paso y le ha costado doce años sacar adelante su primera película. Según cuenta, antes hacía de todo. Pero tenía clara su vocación, el camino a seguir, y no dudó en sus capacidades ni imaginó abandonar en ningún momento. El resultado de tanto sudor, lágrimas y perseverancia ha sido Secaderos, un viaje intimista y conmovedor a las raíces del campo granadino. Y ha conseguido el Premio del Público en el Festival South By Southwest de Austin, su debut en tierras estadounidenses.

Para que nos hagamos una idea, el South by Southwest (con abreviatura SXSW y traducido al castellano como Al sur por el suroeste) es un evento que congrega diversas conferencias de películas, medios interactivos y música, que tienen lugar cada primavera en la ciudad de Austin, Texas.

Mesa es una especie extraña en tierras hollywoodienses pues ni le interesa el cine comercial ni tampoco se ve tentada para hacer grandes producciones. Más bien rema a contracorriente: «Yo voy navegando hacia el lugar opuesto. Lo mío es el cine desde las tripas», ha declarado.

Mesa es una especie extraña en tierras hollywoodienses pues ni le interesa el cine comercial ni tampoco se ve tentada para hacer grandes producciones.

Desde estos principios, que ella considera irrenunciables, ha llevado a buen puerto su ópera prima, que es una mirada cocinada a fuego lento, un filme pausado, que cuenta la historia de una niña y de una adolescente en un pueblecito de Granada en el transcurso de un tórrido verano.

Mientras que para la niña es un regalo salir de Madrid e ir al pueblo con sus abuelos, la naturaleza y jugar con otros niños, para la adolescente el pueblo es una jaula de la que quiere liberarse como sea.

Latiendo bajo de este entramado aparentemente sencillo, está el drama de los agricultores de la zona que intentaron con poco éxito subsistir con el cultivo y los secaderos de tabaco. Ello se desenvuelve en un ecosistema salpicado por golpes de realismo mágico, que viene a revelar las fantasías que la directora debió tener ante aquellos antiguos secaderos hechos de una precaria madera o de ladrillos con huecos, lugares oscuros y aireados colmados de matas de tabaco colgando del techo que, puedo decir, no es difícil que provoque cierto desasosiego en una niña.

Para Mesa, de cuarenta años, esta cinta está centrada en su propio crecimiento psicológico y moral en aquellos años 80 y 90, propiamente un coming of age que aborda temas de calado. Uno de ellos tiene que ver con la especulación y la construcción, o sea, la recalificación de terrenos que eran rurales y de regadío, que no tardaron en pasar a ser urbanos.

Otro aspecto es que se fue produciendo, fruto de la urbanística descontrolada, un flujo de personas de clase media o alta que fue desplazando a los habitantes más pobres de esas áreas de intervención, un fenómeno conocido como gentrificación de lo rural, lo cual conlleva una pérdida de identidad del ámbito agrario.

Los monstruos infantiles de la memoria de la cineasta, vinculados a los secaderos que iban quedando en desuso, permiten a la directora, guionista (y creadora de monstruos junto a los oscarizados Martí y Ribé) reflexionar sobre lo bueno y lo malo del campo, sobre los aspectos idílicos y los tortuosos. Todo ello en una doble vía, que luego se multiplica como las raíces en su propia tierra: la de una niña de ciudad que pasa el verano feliz y la de una adolescente del pueblo que se rebela ante ese terrible pensamiento cargado de desazón y tedio: «aquí nunca pasa nada».

Todo esto es contado desde la mirada y la perspectiva de tres generaciones de mujeres, la abuela, las dos madres y las dos niñas que aparecen en pantalla, todas actrices no profesionales.

En su debut, Mesa habla de lo que vivió a través de los ojos de una niña y una muchacha que ansía volar y conocer otros mundos. Cuenta cómo es la vida en esa región de la Andalucía Oriental en la que creció: vida de pueblo, miras estrechas y climas extremos.

Antes de esta película ejerció de ayudante de montaje, montadora, productora de posproducción, programadora de cine, productora, ello en una ciudad que ha aprendido a valorar y en la que no le importaría pasar algunas décadas más. Ello con un cine cuya financiación es privada, sin ayudas públicas y donde hay que valer y buscarse la vida para sacar adelante los proyectos.

Sobre todo, lo que Mesa pretende es llevar el mejor cine contemporáneo y vanguardista de España a Los Angeles como directora de la distribuidora La Ola, una asociación que promueve el cine independiente, y entre esta tipología, el cine independiente español.

Hay una parte de cineastas jóvenes españoles, encabezada por mujeres, que mira al campo, al pueblo, al mundo rural de las tradiciones.

Cine rural-fantástico y ecología ambiental

Hay una parte de cineastas jóvenes españoles, encabezada por mujeres, que mira al campo, al pueblo, al mundo rural de las tradiciones y el enfrentamiento desigual entre lo tradicional, un presente que se plantea agrio y un futuro incierto y desasosegante. En el caso de esta película esta mirada está alejada del realismo social y se nutre de importantes porciones de surrealismo y onirismo.

Además, la directora-guionista inventa (aunque no sea algo nuevo) un universo de fábula a partir de la idiosincrasia de un lugar, el cruce entre lo sobrenatural y lo real, lo extraordinario y lo ordinario. Digamos que ese modelo, que es ya es seña de identidad algunas cineastas «ruralizadas» con ideas interesantes, hace elevar la historia y lo tiñe de un barniz grato y sorprendente. Hay una intención de contar lo rural desde la mimetización con lo fantástico, sin duda una estrategia arriesgada.

Efectivamente, una película de estas características no es una apuesta segura, sobre todo siendo el primer largometraje de la autora. La propia Mesa ha declarado que no es que ella fuera muy valiente: «He sido una inconsciente total y una ignorante. Me tiré a la piscina sin pensar en las consecuencias. No racionalicé nada y salió lo que salió, una cinta con 23 localizaciones, 17 exterioresun elenco coral con un montón de personajes y una criatura mágica. Una cosa muy loca para del que hemos salido vivas».

Pero en el festival de San Sebastián consiguió el premio Dunia Ayaso y en Gijón el DCP Deluxe. Junto con el mencionado reconocimiento en SXSW, cita indispensable anual con el cine indie en los Estados Unidos. Todo ello ha sido un espaldarazo para sus anhelos de continuar haciendo cine, que es su gran aspiración y su sueño.

Hay quienes la encuadran dentro de un movimiento formado por Alcarràs, de Carla Simón, y El agua, de Elena López Riera, añadiéndosele ahora su Secaderos. «Compartimos imaginarios colectivos por haber crecido en el mismo contexto», explica. «Somos hijas de la Transición, con contextos similares, como el acercamiento a actores no profesionales, con una verosimilitud que casi es tangible». Pero las anteriores no rodaron instaladas en Los Ángeles.

El filme es un claro y perspicaz ejercicio de recreación de lo que podemos llamar «memoria sentimental» o «memoria-experiencia», conducido por un interés central en las personas que, de manera activa y capaz, interpretan su vida y su mundo de experiencias rurales. Con momentos muy emocionantes que calan en el espectador. Película que logra hablar con verismo sobre el significado de la identidad.

El significado del lugar está asociado intrínseca­mente con signifi­cados vinculados a la vida, al Yo, al lugar donde se vive y a sucesos específicos. Y, a través de las imágenes y su poder simbólico, Mesa plantea interrogantes sobre el sentido de ser y vivir en un sitio concreto, en un pueblo, también sobre la búsqueda de la libertad y cuáles son las opciones para conseguirla. Sobre todo, de cómo llegamos a ser quienes somos y también el precio que pagamos por ello. Que se lo pregunten a Rocío, americana de adopción, que hasta el nombre lo tiene castizo y muy español.

De modo que esta película evidencia que las experiencias ambienta­les almacenadas sirven como constructos interiores que moderan la calidad de la transacción entre los individuos y sus contextos, al tiempo que afianzan la identidad «personal-contextual» de esos moradores, en este caso, en las zonas rurales granadinas.

La adaptación a esos entornos singulares e incluso atávicos se reflejan psíquicamente, y son una componente muy importante, como reconocen algunas teorías psico-ecológicas que ponen su mirada en el proceso personal continuo de equivalencia contextual e histórica.

Así, esta cinta recuerda a lo que en Psicología se denomina la ecología humana, con teorías de nivel medio (pero importantes) que subrayan los aspectos ambientales del espacio experiencial (G. D. Rowles), los modelos de la experiencia ambiental (S. C. Howell) o la ecología del significado del hogar de R. L. Rubinstein, enfoques todos ellos poco conocidos pero muy interesantes que, al modo de la película, consideran al ser humano con el producto de la relación recíproca con sus ambientes, incluidos los culturales. El diálogo entre los ambientes y las personas, la mutua interdependencia e interpenetración de ambos factores, lo que nos define como seres culturales.

Así es la obra, un relato que refleja las características, filias y fobias de un pequeño pueblo que es el paraíso de una niña de ciudad y un lastre para una adolescente que quiere volar.

Cuenta con una «criatura mágica» diseñada por los oscarizados Montse Ribé y David Martí a la cabeza del equipo de DDT Efectos Especiales (El laberinto del fauno).

La película

Esta original y alucinada cinta formó parte del programa del Festival Márgenes de cine independiente y de autor que se celebró en diferentes localizaciones de Madrid, en noviembre de 2022. «Es una historia rural-psicodélica que, sin ser autobiográfica, conecta con elementos con los que me es fácil empatizar. La imaginación de la niñez, el inconformismo de la adolescencia o la perspectiva política de la edad adulta», ha explicado la directora.

Mesa debuta mirando a la tradición, con juegos mágicos y por momentos monstruosos y llamativos, con esa especie de ser extraño y grande compuesto de hojas de tabaco, flores en los ojos y una boca vegetal que impresiona: «Aunque yo soy de un pueblo de la Vega granadina como el que vemos en la historia, he pasado la última década de mi vida en California, y probablemente sea de esta mezcla de elementos de donde nazca la necesidad de acercarme a mis raíces y revisitar mi tierra, en este caso con el objetivo o la excusa de la creación fílmica», comentó Rocío.

A lo cual añade nuestra directora: «Me he sentido una privilegiada al haber recibido tanto durante el desarrollo del proyecto, especialmente en lo referente al trabajo con actores no profesionales (vecinos de la Vega de Granada), así como en la creación de comunidad con otros profesionales andaluces que se acabaron sumando al equipo».

Con Rocío Mesa al mando, tiene un reparto mayormente de actores y actrices no profesionales: Vera Centenera y Ada Mar Lupiañez encabezan un reparto compuesto por vecinos de la zona de la Vega de Granada donde se desarrolla esta historia: Tamara Arias, Cristina Eugenia Segura Molina o José Sáez Conejero.

Cuenta con una «criatura mágica» diseñada por los oscarizados Montse Ribé y David Martí a la cabeza del equipo de DDT Efectos Especiales (El laberinto del fauno). Como aclaró Mesa: «María ha sabido capturar la esencia de esta historia de una forma sutil y profunda. El detalle de las viñetas con las manos que sueltan los molinillos, por ejemplo, es un instante muy breve en la película que encapsula el enigma de esta historia. María supo verlo y plasmarlo con esta técnica tan peculiar suya que recuerda a veces a pequeños storyboards de animación».

Bonita música de Paloma Peñarrubia, buena la fotografía de Alana Mejía González y estupendo maquillaje y efectos especiales.

Fue rodada en diversas localizaciones de la Vega de Granada: Vegas del Genil, Las Gabias, Ambroz, Valderrubio, Fuente Vaqueros, El Jau, La Paz, Chauchina, Churriana y Purchil, y es «un homenaje a esos escenarios rurales y a quienes los habitan», señala Rocío. «Con esta película pretendo proponer un ejercicio de reencuentro entre el hombre y el paisaje, un enfrentamiento pacífico a la idea del pueblo, una historia de verano, un relato sobre el florecer humano y el cambio en la geografía».

Mesa debuta mirando a la tradición, con juegos mágicos y por momentos monstruosos y llamativos.

Olmo Figueredo conoció a Rocío hace apenas cinco años y explica cómo se lanzó a producir este proyecto: «Sabía poco de ella porque hacía mucho que había dejado atrás su Granada natal para estudiar y hacer carrera en EE. UU.; pero aquella primera impresión fue arrolladora. Me describió con pasión una historia, a medio camino entre la ficción y el documental, que mezclaba elementos de carácter autobiográfico con otros propios del género fantástico, y que además quería rodar en su tierra, la Vega de Granada. Este escenario, que forma parte del ADN de Rocío, pero que lamentablemente resulta del todo desconocido para muchos, es un paisaje natural de ensueño, tan maravillosamente bonito como melancólico, repleto de choperas, maizales, cultivos de tabaco, secaderos… y ahora también de cine».

Esta cinta acumula críticas favorables desde que se proyectó en el Festival de San Sebastián, con un público que la acogió con júbilo. Es un filme diferente y arriesgado. «Desde el caluroso recibimiento durante nuestro estreno en San Sebastián, hasta el emotivo recorrido por otros festivales, el encuentro con el público está siendo muy reconfortante», declara Mesa. « , añadió.

Verdaderamente es una obra lírica, con mucho encanto, su dosis de misterio y fantasía, también acertados apuntes psicosociales y culturales de los hombres y mujeres de la zona que bien conozco. Además, es un producto muy original del que no tengo duda agradará sobremanera a aficionados al cine, por su belleza, por un tempo muy adecuado, una historia con la que el espectador se puede identificar y por su lirismo.

Concluyendo

Película que se maneja en una dimensión fantástica, una especie de avatar de los lugareños, que nace y se alimenta de los secaderos de la vega granadina. Después de firmar el documental Oresanz (2013), Mesa, tras una carrera próxima a lo experimental, explora de manera poética y habla también de las dificultades enormes del mundo agrícola.

Hay en pantalla personas mayores, niñas y una joven que sueña con abandonar algún día el lugar para disfrutar de otra forma de vida. Todo ello en un juego de contrastes, pero también de espejos que reflejan distintas visiones del entorno: el de los mayores, el de la infancia, el de la adolescencia.

Hecha sobre figuras femeninas, Mesa construye una película sobre el misterio y la emoción, incluyendo pizcas de drama iniciático. Película en la que concurre el dolor por la pérdida de una infancia idílica, y las ganas y los sueños de libertad que asoman para marcar el camino.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Begin Again Films