Sentencia de muerte (Return to sender, 2004), de Bille August

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El horror de la pena de muerte

Charlotte Cory es una bonita estrella del deporte que ha sido condenada en Oklahoma por el supuesto secuestro y posterior asesinato de una niña. Se encuentra en el corredor de la muerte. Es una mujer condenada a morir por un crimen que puede que sí o puede que no haya cometido. Charlotte mantiene una relación por carta con un abogado en horas bajas, Frank Nitzche.

De otro lado, su abogada intenta por todos los medios apelar antes de que se cumplan los plazos y se ejecute la sentencia. A pocos días de cumplirse la misma, Frank siente que está muy enamorado de Charlotte. Además, se da cuenta también de que en la vida de la protagonista hay mucho más aspectos positivos que las deplorables situaciones que la han llevado a la cárcel. Convencido de que la vida de Charlotte depende de él, Frank se esmera al máximo en atar cabos sueltos y confeccionar la verdadera historia que exculpe a Charlotte, encajar todas las piezas del puzle y desvelar la verdad antes que sea demasiado tarde.

Sentencia de muerte es una correcta coproducción entre Dinamarca, Estados Unidos y Gran Bregaña, dirigida con oficio por el danés Bille August, con un interesante y bien trabado guion de Neal Purvis y Robert Wade. Música muy buena de Harry Gregson-Williams y una gran fotografía de Dirk Brüel.

El reparto es de calidad. Actuación convincente en el papel de la convicta Charlotte Cory, a cargo de una esmerada y eficiente Connie Nielsen. Frank Nitzche es interpretado con buenas trazas y nivel por Aidan Quinn. La tercera protagonista en liza, la abogada defensora encarnada por Kelly Preston, está igualmente espléndida. Tim Daly bien como Martin North.

Acompañan a estos cuatro protagonistas actores de gran profesionalidad como Mark Holton, Mark Ryan, Sara-Marie Maltha, Randy Colton, Robin Brooks Sullivan y Madison Mueller, que conforman un gran equipo. Película, pues, correctamente interpretada.

Es un thriller de suspense y psicológico, con momentos mejores y otros más aburridos, pero en general una cinta con el valor principal de denunciar, desde la óptica europea, el peliagudo tema de la pena de muerte en los EE. UU.; los errores que la justicia puede cometer y lo irreversible de tales injusticias cuando las sentencias se revelan erróneas y sin opción al retorno ni la reparación.

Finalmente, el rompecabezas complejo de la historia se reconstruye por el tesón del enamorado protagonista Nitzche. El director de la cinta, Bille August, vuelve a dar cuenta de lo viciada que es la jurisprudencia norteamericana y su facilidad para enviar al corredor de la muerte a cualquier condenado, especialmente si se trata de negros, latinos o asiáticos.

Como afirma Bille August, que viajó a Oklahoma para interiorizar el problema, Oklahoma es: «El Estado con penas más duras para los criminales porque era un lugar donde iban a esconderse». Y prosigue con su protagonista: «No es negra ni hispana, como el 95% de los condenados a muerte en Estados Unidos, que son los perdedores, los que no interesan a nadie». La protagonista Charlotte es una mujer blanca cuya mala fortuna hace que se encuentre a las puertas de la silla eléctrica.

Es una película intimista, sin estereotipos ni sensacionalismos, centrada eficazmente en el sentir y en las motivaciones de los protagonistas. Conforme avanza, el espectador empieza a desear comprender y entender la verdad, al igual que Frank Nitzche. El espectador, incluso comienza también a amar a la atractiva y comprometida joven a quien los enardecidos defensores de la pena capital quieren ver a toda costa en la silla eléctrica o recibiendo la inyección letal, episodio este que merecería todo un apartado para el análisis de barbarie humana. Pero lo dejo para quien quiera ver esta tremenda película, pues las imágenes cantan por sí mismas: masas enfurecidas a la puerta de la cárcel clamando sangre y venganza.

Por último, añade August: «Nosotros, desde Europa, no lo entendemos, tenemos un sistema penitenciario pensado para reinsertar al criminal, no para castigarlo sin salida. A los niños de ese estado los llevan al corredor y les dicen: Si os portáis mal podéis acabar ahí, y después les dan un paseo por la comisaría y les dejan coger armas».

Aunque, August quizá ni lo pretende, no es un severo juez de la América profunda, ni quiere apretar mucho las tuercas al país que le ha acogido para dirigir algunas de sus películas. «Siempre seré un extranjero para esa industria, como Milos Forman, que lleva décadas haciendo cine aquí, pero que sigue siendo extranjero».

Película cargada de sorpresas, que entretiene y mantiene el suspense, que habla sobre los sentimientos de culpa, el amor imposible y la redención. Además, posee el encanto suficiente y razones como para que quien la vea entienda muy bien que no se puede juzgar ligeramente a las personas.

Fue una obra que pasó sin pena ni gloria en su momento, lo cual no entiendo bien, habiendo tantas cintas taquilleras y tan horrorosas en los cines comerciales. Sé que sobre esta temática de la pena de muerte se han rodado innumerables filmes y que este no es de los mejores. Pero es otra obra sobre el tema, y nunca serán suficientes, para acabar con esta práctica horribilis de la intolerable pena capital.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

Fue una obra que pasó sin pena ni gloria en su momento, lo cual no entiendo bien, habiendo tantas cintas taquilleras horrorosas.