Cine de género
Escribe Daniela T. Montoya
Parecía que el festival no iba a salir del reducto de lo autóctono. Con el glamour aportado exclusivamente por las estrellas nacionales, con premios y honores para representantes del cine español, y los ya conocidos problemas que ha lastrado el inicio de la semana, por fin parece que el cine (y exclusivamente el cine) logra hacer internacional a la Seminci.
Si ayer Amos Gitai y Doris Dörrie contribuyeron a dar entidad a este evento cinematográfico, hoy ha sido el turno del cine de género y el “documental creativo” los que justifican que, al menos por una semana, Valladolid sea el centro de las miradas.
Con Una cierta verdad, de García Roure, prosigue con la comunión entre ficción y documental, línea que postula el núcleo de cine la procedente de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona. Esta facultad, a través de su programa docente (con el máster en Documental de Creación), ha sido el germen de En construcción (José Luís Guerín, 2001), El cielo gira (Mercedes Álvarez, 2003) y La leyenda del tiempo (Isaki Lacuesta, 2005), por citar algunos ejemplos en los que el propio García Roure ha participado. Películas, a medio camino entre tesis y trabajo de investigación, entre otras cosas han contribuido a formar un colectivo de personas que, si bien se resisten a considerarse una nueva ola proveniente de Barcelona, sí muestran una concepción similar respecto al cine y cómo éste puede reflejar la realidad.
Mientras, desde las tierras gélidas de Finlandia, llegó Kolme Viissasta Miestä, una película firmada por Kaurismäki, aunque se trataba de Mika, el hermano del conocido Aki. Por su parte, distanciándose del llamado movimiento Dogma, el realizador danés Ole Christian Madsen se ha encargado de traer la dosis de cine de género, con espías y mujeres fatales ocultándose por el Copenhague de 1944. Flammen og Citronen, una inversión que consagra a Ole Christian Madsen, además de confirmar que desde Europa se pueden hacer grandes producciones de calidad.
Kolme Viissasta Miestä (Los Reyes Magos)
Dirigia por Mika Kaurismäki
Afirma Mika Kaurismäki que aún no ha encontrado un estilo propio. Y no hace falta que añadamos mucho más. Los Reyes Magos es una película común, que exprime las frustraciones de sus tres desgraciados protagonistas.
Con un encuentro casual, Matti, Erkki y Rauno se enclaustran en un karaoke para contarse, y a ratos cantar, sus penas. Poco más. Planos y contraplanos se suceden para captar todas las desgracias que van relatando por turno. Ni los fugaces movimientos de cámara, moviéndose sin apoyo fijo de un lado a otro, consiguen dar vida a un discurso que tiene poco que ofrecer. Y eso que prometía la caracterización inicial de cada uno de los personajes por separado. Pero, una vez aislados en el bar, pocas posibilidades quedan de escapar los monólogos.
Al contrario que su hermano, Mika no es capaz de inscribir a sus planos un toque irónico, ni su reflexión sobre las vidas de sus personajes trasciende lo común. Por ello, aunque su larga experiencia dirigiendo le permiten salvar los trastos, Los Reyes Magos no deja de ser una película más.
Aunque superior a la mayoría de producciones estadounidenses que aburren la cartelera, su condición de producción europea indudablemente determinará su destino.
Flammen og Citronen (Flame y Citron)
Dirigida por Ole Christian Madsen
Los inicios del director danés Ole Christian Madsen están marcados por su exitoso debut, con Pizza King (1999), y sus flirteo (como no podía ser de otra manera por el contexto en el que se encuentra) con el movimiento que lidera Lars von Trier.
Pero con Flammen og Citronen se embarca en un proyecto ambicioso que, seguramente, marcará un hito en la historia de su país, tanto por los resultados que (previsiblemente) obtendrá dicha película, como por el retrato verosímil de un período (el despliegue nazi por Europa) del que no se suele hablar.
Son Bent y Jürgen, respectivamente apodados “Flame” y “Citron” quienes protagonizan Flammen og Citronen. Miembros activos de la resistencia, se verán enfrascados en una serie de traiciones desleales y mentiras interesadas. Las informaciones serán confusas. La propia guerra así lo condiciona, pero también la estructura narrativa por la que opta Madsen, quien escribe el guión junto a Lars K. Andersen. Los puntos de vista se alternan sucesivamente, sin llegar a solaparse, generando la intriga que logra mantener en vilo al espectador durante las más de dos horas que dura el metraje. La pulcra ambientación y el goteo controlado de acción harán el resto.
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Una cierta verdad (Una cierta verdad)
Dirigida por Abel García Roure
El planteamiento de producción de Una cierta verdad sigue un patrón similar al de las películas de la UPF mencionadas en la introducción de este artículo: un tema que de alguna manera resulte próximo y, por tanto, que recoja con gran interés el director-guionista; planificar un programa de rodaje, concebido en sí mismo como una experiencia de contacto, que se prolonga en el tiempo; desechar las limitaciones formales tradicionalmente asociadas al género documental.
Así, García Roure se ha aferrado a la curiosidad que sentía por las enfermedades mentales para, concentrándose en el Hospital Parc Taulí (Sabadell), acercarse a la esquizofrenia. Y el resultado de su trabajo de aproximación, que se ha prolongado durante unos dos años, ha dado sus frutos. Una cierta verdad es un gran trabajo de análisis de dicha enfermedad que, además, tiene por objetivo combatir la estigmatización que padecen estos enfermos mentales.
Es inevitable ver en Una cierta verdad ciertas similitudes con Mones com la Becky / Monos como Becky (Joaquim Jordà, 1999). Por cierto, no olvidemos que precisamente Jordà, hasta su fallecimiento hace poco más de dos años, participó en la línea docente de la UPF que hemos mencionado. Tanto García Roure como Jordà se implican en el conocimiento de las enfermedades mentales, aunque el enfoque es diametralmente opuesto.
Si bien Jordà, movido en parte por motivos autobiográficos, se implica en sus películas, llegando incluso a ser él mismo material documental (véase, también, su película póstuma Más allá del espejo), además de interesarse por investigar el porqué de la enfermedad, García Roure adopta una posición más distante.
Una cierta verdad está narrada desde la cautela (o timidez). Sobre todo en la primera parte del metraje, en que la cámara rehuye traspasar las puertas de las habitaciones del hospital, se sitúa cual cámara oculta y los pacientes son retratados sin rostro (desde la espalda o directamente fuera de campo). Es el sonido el que recoge la acción de lo que intuimos ocurre al otro lado. Queda una impronta impersonal, como confirma el hecho de no identificar (nombre y algún dato informativo) a los sujetos.
El tema central es la enfermedad en sí misma y, aunque encuentre un filón de carisma en la persona de Javier, García Roure se ciñe al enfoque que pautan los especialistas. Médicos, enfermeros/as o auxiliares son quienes interpelan a los pacientes y, por tanto, quienes estipulan el discurrir de la película. Un discurso correcto, atento y, en último término, pedagógico, que explica con detalle en qué consiste la enfermedad.
Con Una cierta verdad, García Roure logra dar a conocer los efectos que tiene la esquizofrenia sobre quienes la padecen. Aunque se le podría achacar que faltan los testimonios de los familiares que les acompañan, o que tendría que ser más valiente a la hora de cortar metraje que, por ejemplo pudiendo ser enriquecedor de los extras en su distribución en DVD, no son imprescindibles para exponer el tema.

