Radical (2)

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Docencia, pedagogía y contexto tóxico en Matamoros (México)

Esta obra está basada en una historia real investigada por el periodista Joshua Davis en su artículo Una forma radical de desatar una generación de genios (2013), publicado en la revista Wired. Davis (que también es productor de la cinta), habla sobre el profesor Sergio Juárez, su entusiasmo, su valentía pedagógica y humana, sus alumnos, entre los cuales estaba su alumna Paloma Noyola, quien es descrita en el artículo como «la próxima Steve Jobs».

La historia de un maestro de Matamoros, ciudad al norte de Tamaulipas, fronteriza y justo al otro lado de Brownsville, Texas, a las orillas del Río Bravo, población presidida por el abandono, la violencia y la corrupción; y niños librados a su suerte.

En ese opresivo y nada halagüeño contexto, los estudiantes de la escuela obtienen algunos de los peores resultados académicos de todo México. El poco convencional Sergio, personaje basado en el maestro Sergio Iván Juárez Correa de la vida real, acepta un trabajo que nadie quería: enseñar a estudiantes de sexto grado con algunos de los puntajes más bajos en exámenes del país.

El lugar: la Escuela Primaria José Urbina López, institución apodada «Escuela de Castigo» por sus deterioradas instalaciones, falta de equipación informática y, en general, bajas expectativas y escaso compromiso por parte de la mayoría de los docentes.

Además, como va viendo en el metraje, un centro donde los resultados de las pruebas estandarizadas tienen mayor prioridad que las repercusiones permanentes del abandono escolar o la vera atención al alumnado.

Película que busca emocionar

La película, dirigida y escrita con oficio y cierto alarde por Christopher Zalla, tiene los elementos de esa tendencia en el cine a hablar de educadores excéntricos que no se alinean con la autoridad, que incluso se oponen y rebelan e inventan sus propias reglas —podemos aquí recordar El club de los poetas muertos (1989)—, y que acaban erigiéndose en baluartes para sus alumnos, para su escuela y para la sociedad.

El elemento diferenciador es que esta obra se desenvuelve en un contexto de guerra contra el narcotráfico y la presencia de cierta mafia institucional anexa a la corrupción. Estamos en 2011, y allí, como oasis salvífico y lugar de esperanza, aunque a medias, pues también se las trae, una escuela primaria abre sus puertas cada día. Lo malo es que en esa escuela maestros y estudiantes están adormecidos y rendidos por las adversas circunstancias. Hasta la llegada del profesor que marcará la diferencia: Sergio.

Una de las primeras escenas que ilustra la normalización de los horrores muestra a dos niños imperturbables caminando junto a varios cadáveres apenas cubiertos con una sábana

Debo decir que no se esconde en ningún momento que la película busca conmover. De hecho, busca la lágrima del espectador. Se vale para ello de mecanismos evidentes que atañen al cómo se colocan a los niños protagonistas: condiciones misérrimas y penosas, niños zarandeados por circunstancias duras que lastran sus vidas, su ánimo y sus corazones. Paloma, con aptitudes científicas y que sueña con ser astronauta, vive sobre un basurero; Lupe, interesada en la Filosofía, es una precoz mamá de sus hermanitos; y Nico, próximo a una banda de narcomenudistas, anhela sacar la cabeza de su enrarecido mundo para respirar.

Los clichés sobre México son palmarios, pues está dirigida y confeccionada la cinta por personas que crecieron lejos del país: cuerpos ensangrentados, corrupción de las autoridades, traficantes escuchando reggaetón o jugando a la Play, etc. Los tópicos de siempre.

Es llamativo cómo Eugenio Derbez, con su carisma y sus teorías educativas, logra despertar el centro.

Cine educativo

Es llamativo cómo Eugenio Derbez, con su carisma y sus teorías educativas, que por cierto no son tan novedosas, ni tan revolucionarias, ni tan eficientes como se pretende en la cinta, transforma el clima «soporífero» del aula en un espacio lúdico y luminoso, en el que se puede estudiar el principio de Arquímedes metiendo al director gordinflón del centro en una pileta con agua para medir cómo sube el nivel, y compararlo con la misma operación, cuando el que se mete en el agua es el menudo Sergio.

Este episodio de la flotación de los cuerpos, el concepto de densidad y el teorema de Arquímedes me ha traído a la memoria una excelente película, también de jóvenes marginados, esta vez argelinos en la racista Francia, titulada El té del harén de Arquímedes (1985), de Mehdi Charef; el título responde a la respuesta que, a pregunta del maestro, se le ocurre a un niño sin idea, al que un compañero deletrea desde las bancas, por el movimiento de los labios «El te-o-re-ma-de-ar-quí-me-des”», que el pobre transcribe mentalmente de manera tan jocosa como: «Le thé au harem d’Archimède». Pero sigamos…

Derbez declaró que buscaba tanto hacer reír como suscitar los sentimientos, intenciones que son visibles en su interpretación de maestro como también en el rumbo que toma la historia de la mano de Zalla. Colabora a ello también el esmerado trabajo realizado con los pequeños Jennifer Trejo, Fernanda Solís y Danilo Guardiola.

Además de la evidente obsolescencia del sistema educativo que se denuncia, hay otro mensaje que Sergio transmite a sus alumnos: «Solo hay una cosa que puede detenerte si lo permites: tú mismo». O sea, que para salir adelante hay que esforzarse, ponerle ganas y agallas porque incluso escudriñando en la basura se puede construir un telescopio para mirar el cielo, si te lo propones como meta personal. Desde luego hay bastante de voluntarismo y de buenismo en estas afirmaciones del filme.

Pasa que por momentos los sentimientos se exceden, pues los diálogos carecen de naturalidad y claramente se ve que buscan la risa o la lágrima inmediata. Creo que hay un público que sí, que va a llorar un poquito con esta cinta. Se vio en el éxito que al parecer la película tuvo en Sundance. Pues claro, la vis cómico-dramática de Sergio y la ternura de los niños conquistan de seguro a muchos espectadores. Para mí, este extremo está excedido.


Debo decir que no se esconde en ningún momento que la película busca conmover.

El método de enseñanza

Sergio ha tomado la decisión de no enseñar expresamente para un examen nacional interesado para la escuela y para los docentes, sino en aras a permitir que la curiosidad y las preguntas divertidas de los estudiantes guíen el plan de estudio y su propio aprendizaje. Así, va probando un método «radical» para desbloquear la necesidad de indagación y conocimiento de sus alumnos, y poner en marcha el potencial de estos e incluso su brillantez larvada, que espera despertar. Apunto aquí que la innata curiosidad infantil fue denominada en psicoanálisis como «pulsión epistemofílica», por Melania Klein, variable que se subraya en la historia.

Del mismo modo, la manera que vemos en la pantalla de hacer que los niños descubran y construyan los conceptos académicos por medio de experiencias concretas, de la investigación personal práctica y el compromiso en su propio aprendizaje conforme a la experiencia, no son sino las ideas expuestas hace ya décadas por Jean Piaget, el sabio de Ginebra.

Y las propuestas de que el alumnado colabore interactuando, unos con otros en su formación y activando los potenciales de aprendizaje en forma colaborativa, son los presupuestos de la Escuela de Vygotsky sobre las zonas de desarrollo potencial, etc., todo ello bien puesto en imágenes, si bien con algo de ingenuidad.

Pero en aras a la verdad histórica, también reflejada en la historia, lo veramente importante es el hincapié y el esfuerzo que Sergio pone para que sus alumnos tengan un aula de informática, herramienta que, bien utilizada como camino de conocimiento, pondrá la base del genuino conocimiento guiado en sus alumnos. Pero en la escuela de Sergio, el dinero de las computadoras se lo come la corrupción.

Los colegas de trabajo

Al principio, Sergio choca con el director de la escuela, el bonachón Chucho (excelente Daniel Haddad), quien duda de sus métodos supuestamente excéntricos, pero que cambia de opinión a medida en que ve que los niños se interesan en aprender y crecen en lo personal y en lo intelectivo. Este cambio y posterior amistad con Sergio proporciona una capa adicional divertida, algo parecido a una comedia de amigos.

Sergio se enfrenta igualmente con el corrupto gobierno local, que prometió a la escuela un laboratorio de ordenadores, pero desperdició el dinero de la subvención, o se quedó pegado en cualquier bolsillo, y todo quedó en agua de borrajas.

Están también los otros colegas profesores, quienes quieren instruir al alumnado en un examen de estado cuyas puntuaciones promedio deben subir entre los niños (con engaño, pues conocen las preguntas), lo cual redundará positivamente en lo económico y otras prebendas para el claustro. El rendimiento en ese examen está motivado en el claustro por subvenciones u otros regalitos institucionales, más que por el interés del alumnado.

El joven elenco sobresale en una actuación relativamente naturalista, lo que demuestra la destreza como director de Zalla.

Alumnado

El ejemplo más conmovedor es Nico, un pequeño y sensible niño de 12 años, cuyo hermano mayor lo tiene reclutado para que por su mediación entregue mochilas con contrabando ilegal para su pandilla. Nico es un muchachito que inicialmente se considera limitado y erróneamente un tonto sin futuro, imaginando que su salida natural es la violencia de las pandillas tóxicas. El actor Danilo Guardiola, manso y de suave voz, hace un interesante trabajo en su rol, y el espectador mira atentamente cómo intenta reparar una vieja barca en la playa, al lado de su casa. También, cómo aumenta su autoestima, reforzada por su maestro, todo lo cual podría romper el ciclo de la vida y de la muerte.

Entre las estudiantes más tímidas está la brillante aspirante a astronauta Paloma (Jennifer Trejo, muy bien), a quien la franqueza y los ejercicios estrafalarios de Sergio le dan una importante inyección confianza en sí misma, por lo que consigue prosperar, no faltando a clase y oponiéndose saludablemente a su fatal destino de muchacha pobre que debe cuidar de su padre enfermo buscando entre la basura amontonada de la ciudad. Paloma surgirá de entre sus cenizas como la brillante alumna que es.

Otra compañera de clase es Lupe (una precoz Mía Fernanda Solís), que da muestra de su interés por la Filosofía, la búsqueda de profundas verdades insondables, que lee cuanto libro cae en su mano y que comienza a soñar con ser ella misma profesora. Pero su madre, nuevamente embarazada, sus muchos hermanos y las cargas familiares la obligan prácticamente a quedarse en casa y a cuidar de los suyos.

Este joven elenco sobresale en una actuación relativamente naturalista, lo que demuestra la destreza como director de Zalla para lograrlo. Es de agradecer este trabajo con los intérpretes niños.

Otras variables

La paleta de colores apagados y sin aparentes pretensiones de la película y la fotografía de Mateo Londoro, son otro valor, a lo que cabe añadir la conmovedora banda sonora de Pascual Reyes y Juan Pablo Villa, que también la realzan y subrayan la sentimentalidad del filme.

Sin duda Derbez, Zalla y Davis se dieron cuenta del potencial que cara al cine tienen las extraordinarias hazañas de Juárez Correa y las mentes infantiles que colaboró a formar y a cultivar. Y creo que han acertado, pues estamos ante una nueva e interesante película de profesores-docentes, conseguida e interesante.

Al final, en los títulos, podemos ver a los protagonistas reales, aquellos que inspiraron esta cinta. Sin duda esta película habrá de colaborar para divulgar aquellos logros y, sobre todo, la necesidad de reparar en la importancia de una forma de educación diferente a la tradicional, más participativa, como vehículo de progreso humano y también social.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos A Contracorriente films