LA CUESTIÓN HUMANA (4)

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Título original: La question humaine
País, año: Francia, 2007
Dirección: Nicolas Klotz
Producción: Sophie Dulac y Michel Zana
Guión: Elisabeth Perceval, basado en un argumento de François Emmanuel
Fotografía: Josée Deshaies
Música: Syd Matters
Montaje: Rose-Marie Lausson
Intérpretes:

Mathieu Amalric, Michael Lonsdale, Edith Scob, Lou Castel, Jean-Pierre Kalfon, Valérie Dréville, Laetitia Spigarelli

Duración: 143 minutos
Distribuidora: Intermedio
Estreno: 14 noviembre 2008
Página web:  http://www.intermedio.net/
web/novedades.html

Evaluación del desempeño de la humanidad
Escribe Daniela T. Montoya

lacuestionhumana1.jpgMundo líquido, post-neocapitalismo, generación web, ocio hedonista, referentes fashion. Sin duda, en los escasos años transcurridos de este siglo XXI los cambios sociales han sido vertiginosos. Estamos hablando de transformaciones profundas, de esas que afectan a la manera de representar(nos) el mundo, de las que alteran la forma de concebirnos a nosotros mismos e interactuar con el prójimo. Son modificaciones, en la forma en que se articula la sociedad, que alteran la relación de valores éticos que, en último término, nos definen como personas.

Así, impecable, meticuloso o eficiente son calificativos que definen a Simon (Mathieu Amalric). Pero también rapaz, distante o miserable son otros planos que completan la descripción del responsable de los recursos humanos en La cuestión humana (2007), de Nicolas Klotz.

En este filme (que, aunque con retraso, por fin se estrena), el director de La Blessure (2004) apunta a los eufemismos del capitalismo contemporáneo que, teniendo por meta la competitividad en (y para) la empresa, sustrae de las personas ―los empleados― cualquier ápice de humanidad.

lacuestionhumana2.jpgPelícula densa sin aparentarlo, La cuestión humana se distancia del habitual cine reivindicativo de izquierdas. Ni adopta el estilo irascible implícito, por ejemplo, en Z (Costa-Gavras, 1969), en el que la opresión fanática es el mismo alimento que empuja a defender con orgullo las libertades y derechos sociales; ni se posiciona cómplice con quienes son ninguneados por “las leyes del mercado”, caso de Laurent Cantet en Recursos humanos (Ressources Humaine, 1999). Klotz se mueve en el ámbito de las ideas, del discurrir paciente de argumentos de peso.

Con una exposición más serena y sensitiva que el apabullante Godard, La cuestión humana es un ensayo visual que nos induce a reflexionar sobre cómo el uso maniqueo del lenguaje puede servir para modificar la concepción que tenemos de acciones, en sí mismas, deleznables.

El sujeto vehiculante, a través del cual experimentamos la revelación de la tesis de Klotz, es Simon. Máximo responsable de la gestión de los recursos humanos de una empresa petroquímica germana, con sede en un polígono industrial de París, se le encargará la misión de analizar el «rendimiento productivo» de Mathias Jüst (Michael Lonsdale), miembro de la dirección de dicha empresa. El fin encubierto de la tarea evaluativa que se le encomiendan a Simon es, en última instancia, averiguar el pasado alemán que oculta Mathias, muy probablemente vinculado al nazismo, para justificar su cese en el órgano de dirección de la empresa. Así, las luchas internas de poder serán sólo la excusa para conectar ambos individuos, distantes en apariencia pero que, a medida que se vayan entrevistando, se vislumbrará una similitud terrorífica.

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Simon, soltero de camino a la cuarentena, al salir de la oficina cuelga su escrupulosa frialdad (con la que ha ascendido a jefe del departamento de recursos humanos) cuando, literalmente, se desparrama en los bares nocturnos en los que desconecta de la realidad. Por el contrario, Mathias, septuagenario casado y felizmente acomodado, da rienda suelta a su educación clásica formando un grupo secreto de música de cámara. Sin embargo, a pesar de las diferencias de edad, posición social, trabajo o aficiones, el zorro viejo que es Mathias le hará ver a Simon hasta qué punto guardan parecidos en el pulcro ejercicio de sus funciones.

Mathias será el catalizador del definitivo hundimiento en los infiernos del personaje que interpreta soberbiamente Mathieu Amalric. Ejecutivo-zombi, Simon acelerará el bucle autodestructivo provocado por una vida que, a pesar de la posición de poder que detenta, resulta miserable y frustrante por el desafecto que debe cultivar para ejercer sus funciones. Esto es, evaluar a las personas estrictamente por valores de rentabilidad económica. Cálculo de horas, productividad o eficiencia del “capital humano”. Inmerso en un sistema en el que la «evaluación de plantillas» se limita a las variables que pueden ser computadas, entonces ¿dónde queda la “cuestión humana”?

lacuestionhumana3.jpgLa visión del futuro hecho presente de La cuestión humana no está teñida de la sensación de cataclismo que caracteriza a los filmes de de ciencia ficción que especulan sobre la humanidad más allá del siglo XX. Ni tampoco anda por los trillados caminos paranoides que asocian el desarrollo de las tecnologías con la hipervigilancia y el control.

En el mundo aséptico de las corporaciones transnacionales, donde las aficiones personales (sean lúdicas o culturales) se esconden para que no perjudiquen la imagen de competitividad, lo que se está abordando es de la desintegración del ser. ¿Puede el liberalismo contemporáneo ser fruto directo del nazismo? Esta es la tesis que se desprende del libro de François Emmanuel, La question humaine, en que se inspira la película de Klotz.

Los «procesos sustractivos» mediante los que se reduce el número de empleados de una empresa son, en último término, una práctica de supresión de personas. Si bien habrá quien estime que el exterminio (de personas) y los despidos (de trabajadores) son acciones inconmensurables, dadas los distintos efectos que producen (la muerte e inflar las listas del paro, respectivamente), hay que tener presente que sí coinciden en las consecuencias y el planteamiento de estas prácticas.

Porque, tan sólo cuando se despersonaliza al individuo, convirtiéndolo en un número más, se puede tolerar que las chimeneas de los hornos o las fábricas humeen ennegreciendo el paisaje humano. Poco importa que el lenguaje técnico («planificación de plantillas», «objetivos estratégicos», «análisis del rendimiento», etc.) se articule como herramienta para restar de carga emotiva la criba de personas, seleccionando entre “útiles” y “desechables”.

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