Por arte de magia

A estas alturas, ya todo el mundo sabe, o debería saber, que Wicked es algo así como una precuela imaginada de lo que sucedió en la Tierra de Oz, antes de que llegaran por estos lares los personajes de Dorothy, el león cobarde, el hombre de hojalata y el espantapájaros. Wicked también es una especie de biografía de cómo la Bruja Mala del Oeste terminó como tal; y de cómo esta y la Bruja Buena se conocían desde su adolescencia, incluso llegando a ser amigas.
Wicked es la invención literaria de Gregory Maguire. Fue en 1995 que publicó esta suerte de spin-off de la historia original de El mago de Oz, dándole la vuelta a los acontecimientos que en aquella sucedían. Después de que la novela fuera una superventas absoluta, se adaptó su contenido para llevarlo a las tablas y surgió el musical, escrito por Stephen Schwartz, que ha encandilado a propio, extraños y a diversas generaciones. Sin ir más lejos, quien esto suscribe, lo ha visto dos veces.
Hay que decir que la historia que podemos descubrir en la novela y la historia que finalmente narra el musical tiene notabilísimas diferencias. La más sonada de ellas es que en el musical Glinda y Elphaba, las dos protagonistas terminan por forjar una unión insólita que, aunque la vida les depare caminos diferentes, su amistad estará guardada en sus corazones para siempre. En la novela, esto no era ni por asomo de este modo. Así que podemos decir que el musical ha hecho otra reinvención de la historia original que caló entre el público incluso más que la novela.
Por tanto, podemos pensar que tenemos tres historias diferentes, aunque complementarias a la vez: la de Dorothy y su odisea en Oz, la que nos explica Maguire en la novela y la relectura aún más fantasiosa que nos propone Stephen Schwartz. Además, y para quien no lo sepa, llegará un punto de la historia en que los destinos de una y de otra se cruzarán. No en vano, en uno de los primeros planos de Wicked, la película, han decidido incluir un fugaz fotograma en los que se puede ver a Dorothy y sus animados acompañantes dirigirse hacia Oz, anunciando así lo que está por venir.
Vamos a decir también que la producción de Wicked ha sido una de esas que pasan por mil y una fases. Se anunció hace casi diez años que se pretendía llevar el musical al celuloide y varios nombres de directores han ido sonando durante esta década, a la vez que el nombre de varias actrices. Y así fueron pasando los años porque parecía que nadie finalmente se atrevía con la adaptación. Finalmente, ha sido John M. Chu, quien ya tiene varias cintas musicales a sus espaldas y varios éxitos, quien ha firmado la traslación. Y lo hace en dos partes, una que se acaba de estrenar y ya está arrasando en medio mundo. Y la segunda parte, que será el desenlace, y que se podrá ver en un año exacto.
Chu empezó cogiendo las riendas de una de esas sagas que en Estados Unidos tuvo una gran acogida por parte del público (adolescente, especialmente). Hablamos de Step Up 2 y 3 para luego hacer un par de documentales a Justin Bieber. También dirigió G.I. Joe y Jem y las hologramas, ambas muy decepcionantes.
La cosa cambió cuando dirigió la segunda parte de una cinta de magia, Ahora me ves. Pero su destino de director de bodrios para la chavalada de turno cambió cuando primero rodó Crazy Rich Asians; y, después y último, cuando cogió el musical de Lin Manuel Miranda, In the Heights (En un barrio de Nueva York), para llevarlo al cine. Ambas fueron un taquillazo, más o menos, y tuvieron una respuesta de la crítica especializada más que positiva. Sin ir más lejos, si no han visto In the Heights y les gusta el género, véanla, porque es uno de los musicales más vitalistas y exuberantes de los últimos años. Y con estas dos obras, fue como Chu llegó, como por arte de magia, a poder dirigir Wicked.
Su visión
Chu parece que no ha querido jugársela demasiado optando por mantener todas las canciones originales del musical de Schwartz. También ha mantenido todas las secuencias, tramas y personajes. Incluso, alarga algunas secuencias para darle un punto de mayor narrativa a la traslación cinematográfica. Ya sabemos que, sobre las tablas, el desarrollo argumental tiende a tener muchas elipsis y licencias que en el cine no son bienvenidas por lo general. Por lo que Chu ha decidido dejar el musical tal cual lo conocemos, incluso elongando su duración. Sólo esta primera parte dura unos 160 minutos.
También el conservadurismo ha sido el elemento reinante en cuanto a los números musicales. El estilo que vemos es el de un musical clásico, como si nos hubiéramos trasladado a los musicales de la era dorada de Hollywood. Cierto es que hay un número que apuesta más por las nuevas tendencias del género, pero diríamos que sólo veremos un número de estas características más actuales. El resto es puro musical clásico.

Y tenemos la fotografía, el diseño de producción y el vestuario, que tanto han dado que hablar. Que si los colores son saturados (saturadísimos), que si hay un abuso de CGI (lo hay por doquier), que si tanto cromatismo marea (un poco, seguramente)… Sí, todas las decisiones estéticas de la obra son mínimamente discutibles.
Esto lo añade un servidor, el diseño de vestuario tiene una mezcla extrañísima de piezas muy acertadas y otras demasiado exageradas. Y con los personajes podríamos decir lo mismo. Fiyero es la caricatura de un príncipe, los compañeros de clase de Glinda parecen todos tontos y hay elecciones de casting que podrían haber sido francamente mejorables.
Pero eso sí, ellas dos —Glinda y Elphaba, o si lo preferimos, Ariana Grande y Cynthia Erivo— son lo mejor de la cinta con diferencia. Ellas, y que ya cuentan con un libreto que ha enamorado a millares de personas durante veinte años y con una historia imbatible que roba el corazón de todo el que la ve. Solo con esto, con estas dos actrices y un libreto excelso, Chu ha hecho un trabajo correcto que sorprende cómo se balancea alternativamente entre lo emocionante y lo tibio.
Toda la obra se mueve entre algunas secuencias exultantes, inspiradas, y otras a las que le falta brío, dinamismo. Con todo, Wicked, sea teatro musical, novela o película, es pura magia, de eso no tengan ninguna duda.
Escribe Ferran Ramírez | Fotos Universal Spain
Más información de John M. Chu:
En un barrio de Nueva York (In the Heights)