La gran escapada (3)

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La despedida de dos grandes de la pantalla

La historia de este filme es sencilla,presenciamos el crepúsculo de una pareja que ha estado toda la vida juntos y que ahora vive en una residencia donde les cuidan y atienden con eficiencia y prontitud.

Ella es una anciana que lo necesita más que él a ella, pero ambos son conscientes de que ya no pueden vivir en su casa y, conjuntamente, han decidido dar el paso hacia la integración residencial. La salud de ambos es frágil y su movilidad limitada.

El filme es una película biográfica tipo comedia dramática basada en la historia real de Bernard Jordan, un veterano de la Marina Real Británica que a sus 90 años escapó de su residencia geriátrica para asistir a las conmemoraciones del 70 aniversario del día D en Francia en junio de 2014.

En el filme nos situamos, así, en el verano de 2014. Bernard Jordan (Michael Caine), que combatiera en la Segunda Guerra Mundial, se dispone a celebrar el aniversario del Desembarco de Normandía, lo cual queda lejos de donde reside. Tras pensarlo bien y haciendo un poco de improvisación se marcha del centro donde vive junto a su mujer Rene (Glenda Jackson), para ir al encuentro de sus veteranos compañeros, allá en una playa de Normandía. Van a rendir honores a sus camaradas caídos, en el aniversario setenta del desembarco que frenó al ejército alemán.

Él, como veterano y superviviente de aquellos hechos, se empeña en asistir a la conmemoración, aunque no tenga billete ni dónde hospedarse. Rene, su esposa, no se negará porque sabe lo importante que es para su esposo, más bien le incita y Bernard terminará escapándose para emprender viaje pues tiene una cita ineludible.

Pero hete aquí que, aunque se trata de una decisión privada, la huida de Bernie, sin supervisión médica, para el tal evento, con sus veteranos colegas militares, cobra eco en la prensa donde los titulares aplauden la hazaña, divulgan su foto y se arma todo un jaleo mediático monumental, lejos de la intención de Bernie.

O sea, que nuestro protagonista, toda vez pasados unos días fuera, en la playa francesa, regresa a la tranquila Hove en Inglaterra donde lo apodaron «el gran evasor», en un guiño al clásico de título homónimo sobre la fuga de prisioneros de guerra en el filme de 1963 que filmara John Sturges.

Las claves del reparto

Esta cinta es protagonizada por un estupendo Michael Caine como Bernie, en un trabajo que el enorme oficio y magisterio de Caine lleva a la categoría de genial; y una anciana, Glenda Jackson, como su esposa Rene; Jackson es propiamente el dicho de que «quien tuvo retuvo y mantuvo para la vejez», pues siendo una actriz tan mayor y a la que se ve con delicada salud, acierta a conducir de la mano, no ya a su marido en la historia, sino a todos los espectadores, con una pericia y experiencia conmovedora a lo largo de los 96 minutos de metraje.

Así como Caine llena pantalla con su consagrada presencia de actor cumbre, en su último papel, la gran Jackson, que fallecería al poco de acabar el rodaje, se muestra como una mujer coqueta a pesar de su avanzada edad, haciendo travesuras como poner a todo su viejo tocadiscos y bailar swing, por un disco antiguo que tiene y que le recuerda su primer baile de novia; o sea, es dramático su rol, pero no olvida el humor y la vitalidad de quien sigue celebrando el amor que siente por su marido y por la vida.

Hay también un amable y alcohólico veterano de la RAF que interpreta John Standing y que se hace amigo de Bernie, siendo el mejor de un sólido reparto de secundarios, aunque el papel de Victor Oshin como un joven soldado que perdió su pierna en Helmand y que padece de neurosis de guerra impresiona, junto con la cuidadora Adele interpretada por Danielle Vitalis. Sin embargo, en lo sustancia es la película de Michael y Glenda, de Caine y Jackson.

Parece que Caine se sintió tentado a volver de su retiro como actor cuando leyó la conmovedora escena en la que Bernie conoce a algunos soldados alemanes en el encuentro en la costa francesa. En la película, podemos ver por qué. La conmovedora secuencia está escenificada e interpretada con un cuidado y una veracidad devastadores, momentos que hacen a la reflexión y a tomar cierto insight (o iluminación interior, o descubrimiento) sobre la sinrazón y la locura de la guerra: dos exsoldados ya muy mayores, uno británico y otro alemán, entrelazan sus manos y brotan las lágrimas de manera intensa y sugerente como queriendo gritar: «no más guerras».

Cuando Bernie y Rene hablan sobre la vida, la culpa del superviviente y la proximidad de la muerte en la habitación de su residencia de mayores, los espectadores pueden sorprenderse al descubrir que tienen una mirada llena de amor, de intensidad e incluso de coraje.

Resulta refrescante y aleccionador que el británico Oliver Parker haya conseguido dar a luz un drama sencillo.

Dirección, guion y otros aspectos

Resulta refrescante y aleccionador que el británico Oliver Parker haya conseguido dar a luz un drama sencillo y relativamente carente de sentimentalismo, escrito por William Ivory, con una banda sonora intensa y nada sutil de Craig Armstrong y preciosa fotografía de Christopher Ross.

Bernie es un inglés orgulloso, pero su orgullo británico se mantiene al mínimo imprescindible. Hay una escena en la que nuestro protagonista se encuentra ante la tumba de un soldado con el que se hizo amigo en el barco que cruzó el Canal en junio de 1944. Todo lo que puede decir es: «Qué desperdicio», entonado por Caine con una ira triste y creíble.

Los flashbacks esporádicos detallan el angustioso viaje en una lancha de desembarco en aquellas lejanas fechas, ambos angustiados ante la posibilidad de morir en combate durante el desembarco y la sombría realidad de su amigo aniquilado dentro del tanque en el que se disponía a luchar. También están en esos recuerdos el tierno y floreciente romance que se había establecido entre Bernie y Rene en aquellos tiempos bélicos de despedidas y, para algunos como Bernie, de regreso y reencuentro.

Es una historia minimalista. Apenas sabemos qué hacían los protagonistas, en qué trabajaron, si tenían o no familia. Son seres que se Parker nos presenta en su mínima expresión socialmente hablando, pero plenos en su dimensión humana e incluso trágica.

Película minor-major

Podría decirse que esta película es una peli menor. Y a la vez, es filme mayor. Menor o mayor por diferentes razones.

Minor

Es evidente que es una cinta de bajo presupuesto que, seguramente, tiene limitados canales de distribución pues no la proyectan en cualquier sala. Sin duda tendrá una segunda vida en las plataformas.

Es igualmente un filme sencillo, con elementos de simplicidad palmarios, sin dobleces ni segundas componendas, sin entrar en elaborados entramados ni diálogos ensortijados y profundos, sin suspense o tensión acechando.

Glenda Jackson y Michael Caine, un homenaje que merece la pena ver.

Major

Sin embargo, es recomendable ver esta obra de Parker, porque, amén de contar una historia real, también habla del amor en el otoño avanzado de la vida, de recuerdos que hay que recuperar del olvido, también de la munificencia y grandeza de algunas personas cuando van llegando al final de sus días.

De cómo afrontar ese momento en el aguarda la muerte como hecho natural y consecuente, pero no en soledad, no en el yermo del aislamiento, sino al lado del ser al que se ha amado durante toda una vida. Muerte casi compartida pues ambos personajes fallecieron en la realidad, primero ella y en el plazo de una semana se marchó él: «muerte enamorada».

Un arbotante principal de esta película es que marca las actuaciones finales de los actores principales: Jackson murió en junio de 2023, nueve meses después de terminar su trabajo (estaba muy enferma); y Caine anunció su retirada como actor en octubre de 2023. Por lo tanto, es una ocasión única para ver una obra que es despedida de dos personajes muy importantes de la cinematografía británica y universal.

Para los que tenemos unos años, ambos, tanto el Sr. Caine como la Sra. Jackson han sido figuras muy conocidas por sus geniales películas desde los años 60 hasta la actualidad.

Cerrando

Quienes vayáis a ver esta cinta os encontraréis con unas interpretaciones sobrias e impresionantes, dos actores grandes que desde su sapiencia nos guían por un camino luminoso y de admiración.

Los espectadores, más aún, los que ya han cumplido algunos años, cuando salgan de la sala, no solo pensarán en la historia, no solo recordarán dos actuaciones superlativas, también pueden acertar a entender que la vejez avanzada puede tener una dimensión excelsa que vuela por encima de la biología y que la remonta impulsada por la generosidad.

Gracias, Michael. Gracias, Glenda.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Diamond Films