Una delicada y vigorosa historia familiar

Maura Delpero (Bolzano, Italia, 1975) es una directora, guionista y productora que desde el principio de su actividad profesional ha sido reconocida con diferentes premios, en Italia y Argentina, donde desarrolla su actividad docente y creativa.
Después de dirigir con éxito varios documentales, en su primer largometraje, Hogar (2019), que rodó con un guion propio, desarrolló una historia que tiene como tema la convivencia en un centro religioso de acogida para madres solteras. Filmada en Argentina, obtuvo un reconocimiento refrendado con premios obtenidos en los festivales internacionales de cine de Locarno (2019) y Mar del Plata (2019).
Su segundo largometraje, Vermiglio (2024), tras pasar por diferentes certámenes, como el de Venecia, donde ha ganado el Gran Premio del Jurado, la Seminci de Valladolid o el Festival de Cine de Sevilla, ahora se estrena en las salas comerciales españolas. Es la designada para representar a Italia como mejor película internacional en los 97 premios Oscar.
La película propone una «historia pequeña» que transcurre en un aislado pueblo de los Alpes italianos, Vermiglio, que existe realmente y en el que la directora tiene vínculos familiares. La narración se centra en la vida del maestro local y su numerosa familia durante el año 1944. En ese entorno se vive al margen de la tragedia que supone la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la llegada a esa pequeña comunidad de un soldado italiano desertor trastocará la pausada vida de los habitantes del pueblo.
Como ha declarado la directora, la película propone una reflexión sobre temas como la maternidad, el patriarcado o el paso del tiempo. Se da testimonio de una saga familiar y de cómo esta queda afectada por un mundo que comienza a cambiar por las consecuencias de la guerra. La crítica ha señalado como influencias explícitas en el filme los trabajos de cineastas como los hermanos Taviani y Ermanno Olmi.
La película está rodada con un gran sentido estético. Aquí cabe resaltar el trabajo del director de fotografía Mikhail Krichman (colaborador habitual de Andrey Zvyagintsev).
Ha sido interpretada por una mezcla de actores profesionales y no profesionales y hablada mayoritariamente en dialecto, lo que aporta una gran autenticidad a la historia.
La llegada del soldado desertor al pueblo, que viene acompañado del hijo mayor de la familia protagonista, que también ha desertado, desconcertará a los miembros de la pequeña comunidad, especialmente al maestro del pueblo (Tommaso Ragno) un personaje clave de la historia, ya que la situación sobrevenida le afectará tanto a nivel familiar como institucional.
Respecto a su motivación parar rodar una película de época, la realizadora ha declarado: «Me interesaba, en concreto, el último año de la guerra porque siento que allí hay un pasaje entre lo antiguo y lo moderno. Es un pasado que todavía dialoga mucho con nosotros, que parece lejanísimo, pero que todavía nos puede mostrar cosas».

Delpero también ha señalado: «Me interesaban las relaciones entre personas, lo humano. Es una película atravesada por casamientos, fiestas, duelos… Son los temas de la vida. Me interesa entender quién es el individuo dentro de una comunidad, sus límites dentro de ella, y cómo dialogan ambas cosas».
Otro aspecto a destacar es que se trata de una obra que pone el foco sobre la realidad de las mujeres en el contexto del espacio y del tiempo presentados. En palabras de la directora: «Los personajes femeninos en la película son mujeres de su época, que están bajo las decisiones de un paterfamilias, con unas posibilidades limitadas en la vida. Pero, a la vez, siento que estos son años en los que empieza a haber un deseo de autodeterminación, una sensación oculta de querer desear, obviamente en algunas mujeres más que en otras».
Sobre el paisaje, tan importante en esta película, la directora ha declarado: «Es un paisaje de mi infancia, de mi familia. En italiano, ‘vermiglio’ es un color. Pero, para mí, también es el pueblo donde nació mi padre y toda su familia. (…) Pero, al haber crecido allí, yo no lo veo como un paisaje de postal, sino como algo que está integrado en la cultura. Quería explorar cómo es un ser de montaña, cómo es la gente que vive allí, en medio de esta manifestación gigante de la naturaleza, y cómo eso influye en su forma de moverse por el mundo».
Merece la pena detenerse en la influencia pictórica que la directora ha declarado haber utilizado de manera específica. Principalmente, han sido los cuadros de invierno y de la nieve de Giovanni Segantini, un pintor italiano del siglo XIX; conocido por sus paisajes nevados y extensos campos rurales. También se apoyó en algunos pintores románticos como Caspar David Friedrich.

Cabe destacar el inteligente uso de las elipsis que Maura Delpero aplica con maestría para hacer avanzar la historia a través del tiempo de manera fluida y efectiva. De hecho, el transcurrir del tiempo es visualizado de manera sutil, utilizando pequeños detalles en la puesta en escena que sugieren los cambios temporales.
Llamativo es el caso de la música, ya que las canciones que se escuchan son piezas tradicionales, interpretadas por personas del pueblo de Vermiglio (los Cantori da Vermei) que siguen cantando en los bares de manera improvisada. Este aspecto nos revela el interés antropológico de la directora por reflejar una realidad cultural que se puede perder.
El desertor, Pietro, que es siciliano (Giuseppe De Domenico) y Lucía (Martina Scrinzi) la hija mayor del maestro, se enamoran. Al inicio de la película no se entienden, porque hablan lenguajes diferentes. Forman parte de culturas distintas (el norte y el sur). Estas diferencias culturales y lo que suponen son abordadas por la directora de manera sutil pero eficaz.
En último término, es una historia en la que todos terminan siendo víctimas de la guerra. Extraída de la propia historia familiar de Maura Delpero, puede decirse que tiene la estructura y el alcance de una novela memorialística, que propone a los espectadores una interesante reflexión sobre la dificultad de las relaciones humanas.
Escribe Juan de Pablos Pons | Fotos Karma Films