Wolfgang (Extraordinario) (3)

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Tragicomedia familiar interesante

No tiene buena prensa el denominado cine familiar, uno de los géneros más infamados por la crítica y rechazado por una parte importante de los espectadores. Tiene sus razones porque como tal, este tipo de cine ha sido con frecuencia tedioso para todas las franjas de edad a los que supuestamente va dirigido, tal vez algo menos para los infantes.

De una parte, el humor de este género suele tener un perfil de medianía para no herir a los pequeños o por el temor/riesgo de que los chistes no sean entendidos. De otra parte, en la dimensión dramática de estas pelis familiares, caso de haberla (que la suele haber), el dolor derivado del tal drama tiene que ser también de listón bajo para no alarmar o traumar, sobre todo a los pequeños, también a los muy mayores. Ha solido ser, así, un cine conservador y buenista, con escaso filo y poco o nada incisivo.

Estamos acostumbrados a un cine familiar de corte angelical, virtuoso, con la familia al conjunto, incluidos los abuelos, sin prácticamente exclusión ni pérdidas, un cine que empieza y acaba bien, sin heridas, sin ni siquiera rasguños. Con un feliz The End.

Ocurre igualmente que cuando se trata de películas de fuste, a este tipo de cine se les suele calificar como comedia dramática ambientada en familia o directamente definida como drama, ello para no ahuyentar a los esnobs y culturetas que, claro está, no van a ir a una sala de cine a ver una pavada netamente familiar.

Pues bien, mi parecer es que esta cinta rompe con estos estereotipos y en ella hay entretenimiento, es dura en algunos de sus planteamientos, es una obra con daños colaterales, trágica por momentos, plantando cara a la vida y a la muerte tal como suelen ser las cosas, y además resulta, por diferentes razones, interesante, que atrapa, que no aburre.

La historia

Seguimos en pantalla la historia a Wolfgang, un niño de diez años que tiene un cociente intelectual de 152 y trastorno del espectro autista (síndrome de Asperger). Tiene una mente privilegiada, un enorme talento para el piano y un don que es a la vez un problema en algunas ocasiones; además, acaba de perder a su madre de manera tremenda.

El niño, superdotado, va dos cursos por delante en la escuela. Además, toca muy bien el piano —por eso su madre, también pianista, le puso ese nombre, en homenaje a Mozart. Pese a su problema para relacionarse, ha vivido una infancia más o menos feliz.

Tras la muerte de su madre, después de un breve tránsito en casa de su abuela, el nene va a vivir con su padre, Carles, quien no ha visto nunca a su hijo; la cosa es por deseo expreso de su madre.

El padre hace frente al reto con ganas y con mucha voluntad, pero el pobre trata de ganarse la vida como actor, está siempre pendiente de audiciones y tiene una vida muy desordenada que Wolfgang detesta, no soporta su anarquía ni su desorganización y lo considera un «bajocien» por su falta de intelecto.

A escondidas, Wolfgang proyecta conseguir el sueño de su vida: entrar en la academia de música Grimaldi de París, donde estudió su madre, y convertirse en un gran pianista. Cuando Carles descubre el plan, debe optar entre su gran oportunidad como actor o convertirse en el padre que necesita su superdotado hijo.

Wolfgang, un niño de diez años que tiene un cociente intelectual de 152 y trastorno del espectro autista.

Dirección y guion

Ruiz Caldera encuentra cierta lírica del trauma por la madre desparecida, personaje sumergido, ida en un misterioso desliz, lo cual cubre el conjunto del filme con de pátina sombría y un halo de misterio, al menos hasta el final.

Una obra con un aura oscura que lo aleja del típico desenfadode familias geniales y divertidas típicas de este subgénero. La película se desenvuelve con un espíritu que se oye latir bajo el tamiz opaco de un imprevisible desarrollo.

Guion de Laia Aguilar, Carmen Marfà, Yago Alonso y Valentina Viso que adapta la novela homónima de L. Aguilar. En la historia, tras la muerte de su madre, Wolfang debe convivir con su padre biológico, Carles, un hombre que nunca había estado presente en su vida.

Delante nuestra, el proceso de maduración de Carles, un tipo sin problemas aparentes, un actor discreto que aspira a dar el salto al cine, pero que debe contentarse con papeles menores como el de camarero en una serie televisiva; y el hijo asperger, que le viene sorpresivamente y sin anestesia.

En lo que al niño concierne es todo un viaje emocional, físico y real. Hay un anhelo materno que ha incorporado Wolfang, que le conduce a París, junto a su padre, donde el virtuoso niño aspira a ingresar en la prestigiosa academia de música. Todo lo cual se convierte en una exploración de la conexión familiar, el duelo y la aceptación, finalmente.

Miki Esparbé está muy bien como el pobre padre que debe gestionar su nueva relación con el hijo.

Reparto y otros aspectos técnicos

Tiene un reparto acertado, destacando el niño Jordi Catalán, que sin ser lo más en niños de cine que he conocido, está bastante bien como infante de mirada perdida, frases cortantes, aunque es criticable y poco realista la reducción del pequeño a «niño genio» y brillante pianista (lo cual viene a resultar un poco cargante, dicho sea de paso).

Miki Esparbé está muy bien como el pobre padre que debe gestionar su nueva relación con el hijo, padre cool, gracioso, patético y con una crisis existencial que ya dura años.

Esparbé y Catalán (que debuta con este trabajo tras un exhaustivo y multitudinario casting entre más de 700 niños) se complementan bien en pantalla, están bien dirigidos (algo muy importante en estos casos donde participan niños) y resultan creíbles.

Estupenda Àngelis Gonyalons como la abuela buena que no es clara con el niño, que esconde misterios dolorosos por no herir el alma prístina del infante, equivocadamente. Y acompañan Anna Castillo (bien como psicóloga y profesora de piano); Berto Romero y Carlos Cueva, ambos con vis cómica en sus apariciones y añadiendo un poco de metalenguaje que se agradece; y Nausicaa Bonnin, Dafnis Baiduz o Reichel Delgado.

La música es un gran catalizador de las emociones: buen trabajo el de la compositora Clara Peya, que sabe arropar muy bien con su partitura los momentos más íntimos (bien por la inclusión del Modern Love de David Bowie). Y estupenda la fotografía de Sergi Vilanova quien, con su cámara y sus filtros, sabe aprehender momentos intensos.

Wolfgang (Extraordinario) es una obra que combina elementos de road movie, drama familiar y feel-good movie.

En resumen

Wolfgang (Extraordinario) es una obra que combina elementos de road movie, drama familiar y feel-good movie, ofreciendo una experiencia cinematográfica que resuena tanto en el plano emocional como en a nivel artístico.

Está por encima de los argumentos y prejuicios a que aludía al principio de estas líneas, por lo cual no es una peli del convencional género familiar, no es simple, ni ñoña, ni falsamente amable, ni tampoco aburre o exaspera pues el planteamiento general del filme está pegado a una realidad que en ningún momento vuela a lo fantástico o a lo estúpido.

Por el contrario, en la historia hay temas agudos, tremebundos y adversos. Está un niño con un síndrome autista, un padre que ha tenido que acudir a toda prisa a hacerse cargo de un hijo al que la madre había poco menos que escondido para que no lo conociera, hay un suicidio (latente en toda la trama). En fin, cosa seria.

Pero siendo una película con tantos pliegues espeluznantes y con una representación de personajes todos con problemas acuciantes, finalmente logra encontrar su propia identidad a través de un guion lleno de momentos de humor y ternura.

Cinta en la cual la constelación difícil de la relación entre un padre y un hijo que no se conocían, evoluciona de manera conmovedora, mostrando cómo el genuino amor/afecto y la franqueza por delante, acaban por superar las barreras iniciales.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Universal Spain