Tron: Ares (2)

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Código desconocido

Los fans de la franquicia sobre personas que terminan en mundos virtuales tradicionalmente han tenido que ser muy pacientes. Si bien Tron fue bastante rentable en 1982 y con el tiempo se convirtió en una película de culto, pasaron la friolera de veintiocho años desde el estreno de esta visionaria película de acción y ciencia ficción hasta que se lanzó su secuela, Tron: Legacy.

Se suponía que las cosas avanzarían mucho más rápido después de eso; incluso se habló de una tercera película ese mismo año. Pero el proyecto tuvo problemas y finalmente se canceló.

Muchos años después, se retomó el trabajo en otra película. Sin embargo, en lugar de continuar directamente Tron: Legacy, como se planeó originalmente, ahora aterriza en nuestras carteleras Tron: Ares, quince años después. Si bien contiene referencias a las dos primeras entregas, no se trata de una secuela directa.

Julian Dillinger (Evan Peters) ha obtenido el control de la corporación Dillinger Systems gracias a sus conexiones familiares, y está decidido a reconstruirla y lograr grandes cosas. Está trabajando en una forma de transformar programas en seres reales y vivientes, capaces de moverse por el mundo real mediante láseres especiales.

Estos seres están destinados principalmente a fines militares: Ares (Jared Leto) y Athena (Jodie Turner-Smith) se encuentran entre sus creaciones estrella, armas inmortales y, por lo tanto, únicas. Solo hay un inconveniente: después de 29 minutos, todos se desintegran y se convierten en motas de polvo.

Para darles a los programas un cuerpo permanente, necesitan un código especial, uno que Kevin Flynn (Jeff Bridges) diseñó en su momento pero que posteriormente ocultó. Y es precisamente este código el que busca Eve Kim (Greta Lee), quien trabaja para Encom, la compañía de Flynn…

De entrada, hay que agradecerles a los continuadores de la franquicia el hecho de que estén intentando algo nuevo. Concretamente, han decidido dar un giro inesperado a la trama. Las dos primeras películas trataban sobre cómo las personas eran absorbidas por un mundo informático y luchaban por sobrevivir. Tron: Ares, en cambio, trata sobre cómo estos programas informáticos operan en el mundo real.

Esto suena a algo realmente novedoso y, por lo tanto, es un intento encomiable de evitar la repetición. Sin embargo, la película logra ser aún menos original que su ya mediocre predecesora. Al fin y al cabo, en los últimos años nos han inundado con películas y series en las que las inteligencias artificiales toman el control del mundo. Aquí no vamos a hallar ideas originales, y los personajes tampoco aportan nada del otro mundo, nunca mejor dicho.

Existen intentos ocasionales de añadir profundidad al asunto, abordando las cuestiones habituales sobre qué constituye una vida real. Sin embargo, estos pasajes son breves y bastante torpes, y la supuesta emotividad de la película no resulta del todo creíble.

Mejora ligeramente cuando intenta ser humorística, por ejemplo, cuando Ares desarrolla su propio gusto musical. Pero incluso en este aspecto, se podría haber incidido un poco más. Tron: Ares desaprovecha el potencial de este tipo de chascarrillos propios del pez fuera del agua.

Los personajes, en general, no ofrecen nada sustancial. Que los programas informáticos carezcan de personalidad es perdonable. Pero que los personajes humanos sean tan insípidos es innecesario. Un exuberante Evan Peters como el joven emprendedor sin escrúpulos resulta entretenido, pero el resto del reparto simplemente está ahí, cumpliendo con el expediente (y en el caso de Gillian Anderson ni tan siquiera eso).

Lo mejor, sin lugar a duda, es el aparato visual desplegado

Lo mejor, sin lugar a duda, es el aparato visual desplegado. La serie siempre se ha basado en lo potente de sus efectos visuales, donde mundos abstractos colisionan con minimalismo y colores neón. Si bien esto se cumple en este caso, en última instancia resulta insuficiente, al igual que la atmosférica banda sonora de Nine Inch Nails.

Además, los efectos visuales en sí mismos son algo monótonos. El director Joachim Rønning (Maléfica: Maestra del Mal, Piratas del Caribe: La venganza de Salazar) podría haber demostrado mayor variedad, sobre todo en las secuencias de acción. La mayor parte del tiempo se reduce a luces rojas que giran y dejan estelas, como si se tratara de un ejercicio de cintas en una competición de gimnasia rítmica.

Visualmente atractiva, se vuelve repetitiva después de un rato. En general, Tron: Ares es aceptable; se deja ver. Pero no es precisamente emocionante.

Escribe Francisco Nieto | Fotos Disney España