Sisu: Camino a la venganza (2)

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La fiera todavía anda suelta

Tres años después del sorprendente éxito de Sisu, y de su brillante paso por el Festival de Cine Fantástico de Sitges, donde ganó el premio a mejor película, el director finlandés Jalmari Helander regresa con el actor principal Jorma Tommila para una secuela igual o más bestia que la primera.

Sisu: Camino a la venganza es una sangrienta masacre ambientada durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Como parte de un tratado de paz, Finlandia se ve obligada a ceder parte de su territorio a la Unión Soviética, y Aatami vuelve a ver amenazado su deseo de una vida pacífica y solitaria por circunstancias externas y soldados despiadados.

Con cicatrices físicas y mentales, el protagonista (un muy esforzado Jorma Tommila) regresa a la casa donde su familia fue brutalmente asesinada durante la guerra. Aferrado al pasado, se niega a derribarla y, en cambio, decide trasladarla de la zona soviética a Finlandia. Cuando el oficial soviético que asesinó a su familia también comienza a perseguirlo, Aatami se encuentra con que se le agota el tiempo, pero desde luego lo que no le faltan son energías, porque se las va a ver y desear para llevar a cabo su cometido. Y es que en esta sangrienta película lo de «por encima de mi cadáver» nunca tuvo un significado tan literal.

Durante la primera película de Sisu, el protagonista, un exveterano y buscador de oro, tuvo que enfrentarse a nazis codiciosos. Sisu: Camino a la venganza transcurre tras el final de la Segunda Guerra Mundial, y los antagonistas son, por lo tanto, soldados soviéticos del Ejército Rojo. Sin embargo, salvo los uniformes, casi nada ha cambiado. Una vez más, el protagonista anhela un retiro pacifista y regresa a su antigua patria, Finlandia. Sin embargo, su casa se encuentra en el territorio recién adquirido de la Unión Soviética, lo que le obliga a demolerla —o, en su caso, a desmantelarla— y mudarse.

Tras alcanzar una dudosa notoriedad por sus acciones durante la guerra, esta vez son varios comandantes rusos quienes lo desean muerto o capturado, lo que trae a escena a un antiguo antagonista, ausente en la primera película. El anciano exsoldado y criminal de guerra Igor Draganov, interpretado por Stephen Lang, tiene la tarea de rastrear y eliminar a Aatami.

Su historia compartida ha sido reescrita para la secuela de Sisu y, por lo tanto, no deja de resultar algo artificial, con un desarrollo pueril que no lleva a ninguna parte, salvo al final que todos esperan. Lang, en su rol de antagonista, tiene muy poco que hacer y, en ocasiones, deja la caza y la muerte en manos de los numerosos soldados soviéticos sin rostro, como si todo estuviera supeditado al inevitable enfrentamiento final cara a cara.

Al igual que la primera entrega, la peripecia se divide en capítulos. Los encabezados y la música siniestra presagian lo que ocurrirá aproximadamente en los siguientes diez minutos. Esto hace que la secuela se parezca más a una serie de secuencias de videojuego que a una película.

El protagonista se abre paso entre hordas de soldados intercambiables en una estructura similar a un nivel. Los cambios ocasionales de ubicación y medio de transporte no ofrecen una variedad real, y Aatami permanece completamente en silencio, al igual que en la primera película. La conexión emocional, una vez más, supuestamente solo se evoca a través de su pequeño perro blanco, pero esto nunca sucede debido a la falta de un verdadero interés por hacer prevalecer la faceta más sentimental del héroe de la función.

Más allá de las diferencias superficiales, Sisu: Camino a la venganza es una copia exacta casi fotograma a fotograma de su predecesora, intentando distinguirse solo mediante una acción aún más extrema y un apartado visual intencionadamente exagerado.

Sisu: Camino a la venganza es una copia exacta casi fotograma a fotograma de su predecesora

La dirección de Jalmari Helander ofrece otra película elegante, pero a la vez sucia, que no teme ser bastante brutal cuando se trata del sufrimiento de su protagonista, y su guion tiene una estructura efectivamente simple. La banda sonora, firmada por Juri Seppa y Tuomas Wainola, es adecuadamente estimulante, y la fotografía nítida de Mika Orasmaa garantiza que no se pierda nada en la mayoría de las secuencias de acción, que aquí son muchas y muy salvajes.

 Si bien supone un paso más hacia lo bizarro, tanto la acción desmesurada como la autoconciencia irónica ya estaban establecidas y desgastadas en la primera película de Sisu.

Eso sí, en el apartado visual hay que destacar la presencia de un color ligeramente excesivo y un aspecto brillante, lo que subraya su enfoque autoirónico. Al mismo tiempo, dicho aspecto visual refuerza aún más la atmósfera de videojuego.

Jorma Tommila, como Aatami, transmite una vez más a la perfección el aura casi mítica del héroe estoico, pero debido a la falta de diálogo y a las repetitivas secuencias de acción, no ofrece una actuación excepcional. Stephen Lang es tan insulso e intercambiable como las masas de soldados que caen víctimas del protagonista y, al igual que el resto del reparto, no deja una huella imborrable.

Escribe Francisco Nieto | Fotos Sony Pictures España