La intimidad de los Flores con Antonio al frente

Alba Flores, la hija del desaparecido Antonio Flores, ídolo del pop rock de su tiempo, se esfuerza en este documento por buscar la verdad sobre quién fue su padre. Además, Alba es la productora, inductora y conductora del documento.
Alba ansía esclarecer muchas cosas que no sabía, y que aún no sabe del todo. Qué pasó con el músico y actor Antonio Flores, sus anhelos, sus adicciones, el estrecho vínculo con su madre Lola Flores, sus sonados éxitos y su natural talento Flores, podríamos decir.
También, el espectador aprende cosas de la vida y obra de uno de los hijos de Lola Flores, tan unido a ella que cuando «la Faraona» fallece en mayo de 1995, Antonio entró en otra más de sus intensas crisis y fue hallado muerto en su propia casa. Habían pasado 14 días de la muerte de su madre. No lo pudo soportar. Fue una pérdida vital y sin Lola, Antonio no pudo llevar adelante su existencia.
Isaki Lacuesta (no lo veía desde la genial Segundo premio, 2024) y Elena Molina, en la dirección de este filme, invocan realidades y fantasmas, días felices y productivos, músicas geniales y tragedias personales, el éxito, las drogas, una familia unida en régimen de matriarcado, el poderío de una saga, la unión intrafamiliar, el padre, el flamenco Antonio González, «el Pescadilla», también muy presente, aunque sin duda dolorido por las infidelidades de su esposa, y, por lo tanto y en general, también había en el entorno fisuras emocionales.
El documental tiene la forma de un enorme puzle unido por decenas de piezas halladas en los archivos familiares, que han sido montadas con sentido y sensibilidad por Molina y Lacuesta. Se trata de una tarea arqueológica, de indagación en las profundidades y restos de una vida, muy bien llevado por los responsables de la cinta, con la ayuda de la familia Flores.
Aunque apenas se tocan algunos aspectos, hay secuencias como la de Alba, de espaldas a la cámara, conversando sobre su padre con sus tías Rosario y Lolita, que son ejemplo de una estremecedora intimidad.
Lolita y Rosario, otra extensión artística de la familia. Ambas han vivido de todo en su tiempo personal y de espectáculo, incluido el éxito y algunos tropiezos. Pero ahí están, vivas y sincerándose junto a su sobrina, ante una cámara atenta y la fotografía de Juana Jiménez.
Otro de los valores del filme es que, aunque no interese demasiado la música de Antonio, tal mi caso, no deja de emocionar, más que nada por ser ejemplo de otro más de los artistas de aquel tiempo que sucumbieron en la historia de la música popular española bajo los efectos de la droga y los excesos.
Es una película homenaje a aquel músico que, arropado por un rocoso y cohesionado clan familiar de famosos, acabó él mismo también, dando forma y carisma al despegue artístico de su hermana Rosario, la cual canta a menudo el tema que le compuso su hermano: No dudaría.
La película no cuestiona el mito, lo amplifica a partir de una especie de búsqueda en torno a dibujos, fotografías, cintas, grabaciones musicales. Se ve que hay la necesidad de sacar a la luz algo más de la persona que se esconde tras el mito. Un sano deseo de escudriñar, en plan terapéutico, sobre todo para su hija, los entresijos, las filias y las fobias de Antonio. Y aunque en forma marginal y prudente, ahí está igualmente la que fuera su esposa y madre de su hija, una Ana Villa interesante y que aporta lo suyo a la historia.
Elena Molina e Isaki Lacuesta juegan con un collage de elementos múltiples, llevan a cabo un complejo montaje, pero en ningún momento llegan a plantear las contradicciones de una familia que se metía en los hogares españoles de la época.

El documental es plenamente un producto Isaki Lacuesta en lo que se refiere a libertad en la puesta en escena, en la estructura, en los planos y la planificación, en lo que ocurre dentro de cada plano, también fuera de campo, extracampinamente.
El director de Entre dos aguas concibe la película como una búsqueda, como una investigación que, cuanto más se expande, más hondo cala en su protagonista, Alba Flores.
Es la propia actriz quien va juntando de a poco, celosamente y con esmero, los pedazos del relato sobre la muerte de su padre, sobre sus adicciones, eso quenunca se verbalizaba en su familia, como paraprotegerla a ella.
Es por ello que esta no puede ser una película hecha en la distancia. Está hecha desde dentro, desde el punto de vista Flores, lo cual constituye su aspecto más contradictorio, pero también su mejor hallazgo. El acierto viene determinado por el subtítulo que la define como «una película de conversaciones pendientes».
La madre de Alba, Ana Villa, nunca ha querido figurar ni estar ante las cámaras, no ha concedido una entrevista, ni ha querido hablar de cómo fue su amor con Antonio. Más de tres décadas después ha conseguido lo que siempre quiso: vivir al margen de la vida pública.

Pero este documental de homenaje que la nieta de Lola Flores ha querido hacer a su padre ha supuesto una catarsis personal tanto para Alba como para Ana Villa, su madre.
Ana Villa, que siempre fue discreta, se ha dejado ver en público por primera vez desde la muerte de Antonio con motivo del estreno de este documento en el Festival de San Sebastián y en Madrid. Villa ha querido dar todo su apoyo a su hija, su gran amor, la persona a la que quiere por encima de todo.
Antonio, aquel músico importante, se fue cuando Alba tenía 8 años. Ahora, Alba es también una célebre actriz. Dejó de cantar al perder a su padre, ahora se dispone a recuperar su voz y su historia, preguntando por primera vez, ante la cámara, a sus familiares y amigos en esta emotiva obra.
En fin, un sensacional trabajo documental que no es meramente saldar la deuda de Alba Flores con su padre. Es bastante más, una película cargada de delicadeza y sensibilidad, sobre todo para quienes eran fans de Antonio y para los nuevos fans que probablemente que surjan con el visionado de esta sensitiva y honda cinta.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos A Contracorriente films
Parcialmente publicado en FilmAffinity y El Puerto Actualidad.