Multitud de «nuevos» programas televisivos

Hace unos días, Marc Giró, presentador del extinto Late Xou de TVE, «ocupó» simbólicamente El hormiguero (Antena 3). Daba la impresión de que a Pablo Motos le interesaba hablar con el colega sobre su nuevo programa (promoción blanca). Y, de paso, hurgar en el posible conflicto moral por abandonar la televisión pública para migrar al grupo Atresmedia, pues la nueva creación televisiva se emitirá en La Sexta.
El torrente verbal del invitado fue de tales dimensiones que no dejaba meter baza ni a las hormigas ni tampoco al moderador. Más allá de esa puesta en escena hiperactuada sobre sus múltiples «personalidades», cabe llamar la atención que además de gay, catalán y elegantemente vestido, tiene una cabeza muy bien puesta.
Tras el saludo inicial, lo primero que dijo al sentarse en la mesa frente a Pablo Motos fue aquello de «al fin juntas las dos Españas». Toda la entrevista transcurrió en estos términos de provocación lo cual, a tenor de los gestos, no parecía gustarle demasiado al director y presentador de El hormiguero.
A todas luces el posicionamiento progresista del showman catalán, no encaja en un grupo de comunicación cuya línea editorial es claramente conservadora. Pero más allá de las diferencias ideológicas, está la economía que no puede dificultar el entendimiento tras admitir: «soy partidario del disenso». Ante lo que Pablo Motos replicó: «pero podemos llevarnos bien aunque no compartamos ciertas ideas». De hecho, ambos convinieron en que disentir estaba muy bien y además es síntoma de salud.
En otro momento de la entrevista, Marc Giró reprochó que en el programa tanto Pablo Motos como Juan del Val, hilaban muy fino con las cosas de Pedro Sánchez y «muy poco finos con la ultraderecha». En su opinión, la derechona «no tiene nada, nada bueno y de seguir así pronto se podrá comprobar». El tono de lo que se estaba diciendo llevó a Trancas, una de las hormigas del programa, a explicitar que ellas también estaban contra el fascismo y el facherío lo tenían escondido bajo la mesa. ¿Cómo interpretar esta manifestación sin que se les hubiera solicitado?
Avanzando el cuasi monólogo, a petición del presentador, Marc habló de su programa, del que anunció el título y poco más. El espacio nocturno se emitirá en La Sexta con el controvertido título Cara al show con el propósito de cuestionar el pasado. Como es lógico, Pablo Motos le inquirió por las reminiscencias fonéticas de dicho título. Y sin dudar ni un instante, Marc expuso que las palabras son de la ciudadanía, no se ha de permitir que se apropien de ellas ciertos grupos, y menos cuando son de ultraderecha. Entonces adopta este título para el nuevo espacio con la intención de desmontar los viejos prejuicios y acepciones instaladas en nuestras mentes. Las palabras no son exclusivas de un momento histórico determinado ni siquiera del franquismo, se han de resignificar.
En el transcurso del encuentro televisivo, Marc Giró no sólo hizo un alarde de fluidez verbal, exhibió además el fondo cultural en el que sustenta sus actuaciones. Lo mismo tiraba de metáforas, que ponía de manifiesto su estilo socrático o citaba a María Zambrano con motivo del homenaje que le están haciendo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Así que Pablo Motos se veía desbordado, en fondo y forma, por alguien a quién había presentado como «nuevo compañero». ¿Cómo sería la televisión si sus presentadoras y presentadores tuvieran la solvencia de Marc Giró?
A menudo, en las tertulias televisivas de la era del infoentretenimiento quienes las moderan se ven superados por algún invitado. Circunstancia que ocultan elevando el tono de los insultos y descalificaciones o acelerando la incorporación de nuevos temas. En el caso de Pablo Motos el disenso no pasó de los gestos, pero Risto Mejide en Todo es mentira (Cuatro), entrevistando a Enrique Barón, nada menos que durante tres legislaturas presidente del Parlamento Europeo, lo despidió de la entrevista con gestos displicentes porque había cuestionado los comentarios vertidos por tertulianas y tertulianos sobre los bombardeos de EE. UU. e Israel en Irán.
Mucho más empático se mostró Dani Rovira en el arranque de su nuevo programa Al margen de todo en TVE. Se estrenó entrevistando al crítico de cine Luis Alegre quien dio el pie de entrada al extraordinario José Sacristán. El presentador se limitó a lanzar unas preguntas para que los invitados fueran desgranando experiencias y comentarios casi siempre de indudable interés y viveza. Como cuando le pasó al actor el fragmento de una canción de Bad Bunny pidiéndole que lo declamara al modo de teatro clásico. Fue un momento televisivo para recordar. Cosa que no sucedió en el segundo programa cuyas invitadas fueron Lolita y su hija, de resultado bastante insulso.
En el carrusel de estrenos de TVE, merece mención especial Zero dramas (La 2 de TVE), un late night oficiado por Loles León. Con la colaboración de Santiago Segura y otros colegas de la escena, en tono desenfadado abordan desde un debate canalla hasta los pros y contras de la cirugía estética. Lo que no impide, para regocijo del respetable, que Loles León haga de ella misma a lo largo de todo el programa. Cosa que en la primera emisión la audiencia se lo disculpó, pero no está claro que un relato tan caótico y excesivo se lo disculpen en las siguientes entregas.

Es todo lo contrario de lo que se pudo ver en el reciente Imprescindibles (La 2 de TVE) dedicado a Lolo Rico, creadora de la Bola de cristal. Programa que pese al paso del tiempo sigue siendo un referente estético y, sobre todo, moral. La directora renunció a sus responsabilidades en RTVE cuando le censuraron un sketch. Justo en el que la Bruja Avería hacía un comentario contrario a la OTAN en pleno referéndum. Para esta creadora y referente de varias generaciones, la libertad de expresión es un derecho a defender por encima de todo lo demás.
En pocas semanas veremos más cambios en la rejilla de varias cadenas en los horarios de privilegio. Desde luego que una de las motivaciones de estos movimientos es la disputa descarnada por las cuotas de pantalla, más allá de lo cual solo surgen interrogantes.
Si hablamos de La Sexta, qué sentido tiene programar a Marc Giró tras El Gran Wyoming o fichar a Aimar Bretos para moderar un espacio de actualidad. En el caso de TVE es difícil entender que Dani Rovira tome el relevo de La revuelta (La 1) con un formato muy parecido; cómo Loles León sucede a Henar Álvarez, aunque ya se anuncia que Al cielo con ella en breve migrará a La 1.
Por si no fuera suficiente con los polémicos Mañaneros 360 o Directo al grano (TVE), ahora se incorpora el periodista de la Ser, José Luis Sastre, como moderador de El juicio, también en horario estrella. ¿Tanto infoentretenimiento no estará provocando el empacho ideológico causante del creciente «trumpismo» estrafalario?
El disenso razonable se fomenta con programas en los que sobresalga la información rigurosa y los contenidos contrastados. Condiciones que no alcanzan muchos de los espacios televisivos colocados en horario estrella, como alguno de los citados, en los que se refuerzan estereotipos y sobreactuaciones. Vale la pena reflexionar sobre las sutiles diferencias entre el disenso mostrado en la gala de los Goya y cómo se expresó en la de los Oscar 2026.
Bueno, lo de Javier Bardem fue el contrapunto diegético en pro del disenso. ¡La verdad, nadie debe consentir la guerra!
Escribe Ángel San Martín
