Proyecto Salvación (4)

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Odisea espacial maravillosa y esperanzadora

El joven profesor de ciencias Ryland Grace (Ryan Gosling) vive feliz con sus clases, con sus aplicados e interesados alumnos y su vida sencilla. Está en esa tarea cuando van a visitarlo gente importante, personas de alta cualificación en la investigación interespacial y le proponen ocupar un puesto en su organización. Ryland les dice que él es un modesto docente, pero le recuerdan que también es un científico de primer nivel y que debe acompañarlos.

Aunque Ryland no quiere y anhela continuar con su rutina escolar explicando ciencia, el staff de la élite intelectual y científica del planeta tierra, con una maravillosa e imperturbable Eva Stratt (Sandra Hüller, que, por cierto, nos obsequia con una bonita escena de karaoke)como representante de esa élite, media y apuesta por el joven como persona idónea y de características singulares para una operación de alto nivel, en aras a la supervivencia de la Tierra.

Acompañan en el reparto Lionel Boyce, como el oficial Steve Hatch; Ken Leung, como Yáo Li-Jie, uno de los miembros de la tripulación del Hail Mary; o Milana Vayntrub, como Olesya Ilyukhina, otra de las tripulantes.

Como el joven se resiste a asumir el cargo, acaban inyectándole una medicación adormecedora, despertando de un coma, solo, en una nave espacial, con el pelo alborotado y un fuerte ataque de amnesia. Al mirar por la ventana, se da cuenta de que está en una nave espacial, a varios años luz de casa, sin recordar quién es ni por qué está allí.

A Ryland, el tranquilo y jovial profesor, le han obligado a participar en una operación desesperada: antes que la Tierra se congele, detener a una misteriosa alga que devora estrellas y amenaza acabar con el Sol. A medida que recupera la memoria, empieza a recordar su objetivo de resolver el enigma de la misteriosa sustancia que afecta a las radiaciones solares.

La forma en que se encuentra en esta tarea se narra a través de flashbacks, mientras reconstruye su memoria tras los efectos devastadores del coma inducido médicamente para el viaje a velocidad cercana a la de la luz. La mayoría de estos recuerdos giran en torno a la doctora Stratt, la líder del movimiento científico mundial

La misteriosa sustancia se llama astrófagos, que devoran lentamente la energía solar por diminutas bacterias extraterrestres. El problema que incluso Ryland trata con sus alumnos, es que podría enfriar la Tierra y desencadenar una extinción masiva. Así es que se lanza el proyecto que da título a la película, un último esfuerzo intergubernamental, con la esperanza de encontrar respuestas en la única estrella de la galaxia que parece resistir al parásito.

Una historia de colegas

Ryland Grace recurre a sus conocimientos científicos y a sus ideas poco ortodoxas. Debe cumplir su misión y salvar cuanto hay en la Tierra, antes de su fatal extinción. Pero está muy solo.

Hacia la mitad del metraje conocemos a una criatura alienígena pétrea, parecida a una araña, a quien el protagonista bautiza como Rocky (con la voz y la marioneta de James Ortiz), del planeta Erid, también amenazado. Ryland y Rocky se conocen no sin gran sorpresa para ambos (también para el espectador que acaba flipando) y deciden formar equipo —la barrera del idioma, que tardó toda una película en resolverse en La llegada (2016), se supera rápidamente aquí con una computadora portátil— para intentar evitar un apocalipsis universal y colectivo.

Una amistad inesperada que servirá de ayuda incalculable al protagonista y a su contraparte en lo personal, en lo científico y como salvadores del cosmos. La relación y estrecho vínculo de Ryland con un ser de otra galaxia, la alienígena criatura rocosa inteligente de cinco patas, convertida en la improbable última esperanza de vida inteligente en el universo. Rocky, hace que ya no tenga que acometer solo la operación que le han encomendado.

De hecho, esta cinta es en gran parte una comedia de soledad y de colegas, donde Gosling comparte pantalla con un extraterrestre que claramente es el Gosling de una lejana sociedad, especie de alter ego en forma rocosa, ser cariñoso y afable venido de otro mundo. No tardan en comunicarse con palabras y ambos sintonizan e incluso acaban muy unidos afectivamente.

La historia de Weir trata, en suma, sobre el reconocimiento de nosotros mismos en los demás, y de los demás en nosotros mismos. Que Gosling y una roca animada puedan tener una de las amistades más conmovedoras del cine reciente, sin duda nos devuelve un poco de ese recurso tan escaso: la esperanza.

Comparte con Interstellar lo apoteósico, lo sentimental y las brillantes imágenes.

Ciencia y conexión con otras películas

Esta cinta comparte con Interstellar (Christopher Nolan, 2014) lo apoteósico, lo sentimental y las brillantes imágenes; del filme La llegada (Denis Villeneuve, 2016), la importancia del lenguaje y la comunicación.

Los directores Phil Lord y Christopher Miller, firman su quinta película como directores, la tercera de acción real y la primera que no es principalmente una comedia. Es una muestra del talento que han acumulado; acarician con respeto la tragedia de los astronautas que no despiertan, para abrazar lo emotivo de la relación con el extraterrestre Rocky, la versión contemporánea de ET en la pantalla. Una bonita historia de amistad y amor que reivindica la idea de una futurible buena onda y armonía entre los terrícolas y los seres venidos de otras galaxias.

Además, el filme reivindica lo didáctico, la enseñanza y el conocimiento como vías de desarrollo y entendimiento entre generaciones, entre colegas de galaxia, y como forma de poseer una cabal concepción del universo y de la vida.

Todo lo cual incluye teorías físicas, conceptos matemáticos y prácticas de ingeniería aeroespacial que se detallan y se muestran con minuciosidad fascinante y asequible para el espectador profano, invitado a vivir junto a Ryland Grace, humilde profesor de primaria (el Jon Voight de Conrack, 1974), una odisea espacial que no precisa de encriptación conceptual para trascender la aventura personal y llegar a todo el mundo en forma inolvidable y deslumbrante.

Efectivamente, en la historia se exponen conceptos complejos de una manera accesible para el público: los astrófagos, por ejemplo, consumen luz para aumentar su velocidad, o como dice el profesor Grace, «Tocan la bocina para deslizarse».

Está por supuesto la idea de un Robinson Crusoe en la inmensidad del espacio (podríamos añadir en la inmensidad del alma humana), inevitablemente tomada por la ciencia ficción de los años 50, que reaparece cíclicamente desde aquella naíf Robinson Crusoe en Marte (1964)de Byron Haskin, pasando por Marte (The Martian) (2015), de Ridley Scott, hasta esta adaptación de la novela de Andy Weir, Proyecto Hail Mary, 2021, a cargo del guionista Drew Goddard. Como el mismo Weir declaró: «Este libro tiene todo lo que les gusta a los aficionados de la ciencia ficción clásica» (como yo).

La soledad es el elemento clave de esta película, más que la supervivencia física o la misión

La soledad

La soledad es el elemento clave de esta película, más que la supervivencia física o la misión de evitar que nuestro planeta llegue al final de sus días. Sin embargo, lo que podría ser melancolía en esta epopeya naturalista con Ryan Gosling, se convierte en una mirada reflexiva y optimista hacia nuestra necesidad de comunicarnos, de no sentirnos solos,hacia nuestra memoria, recuerdos íntimos que a la postre son la identidad personal y colectiva de un universo habitado e indagado por personas.

Es mérito de Gosling y el equipo que hay detrás que esta película, que durante largos tramos presenta a un solo personaje humano, que se sienta tan viva. Está ambientada en la fría inmensidad del espacio profundo, pero siempre transmite calidez. El guion de Goddard y la dirección de Lord y Miller mantienen un tono cómico ligero, con la interpretación inquieta y carismáticamente torpe de Gosling como una presencia siempre viva.

Reparto y otros aspectos de interés

Película visualmente impecable gracias a su cuidada combinación de decorados reales y efectos visuales. Su director de fotografía, Greig Fraser (Dune, 2021; o The Batman, 2022), es uno de los mejores en el arte de la iluminación bella y dinámica en superproducciones de fuste.

En cuanto al reparto, esta obra necesitaba un actor carismático como Ryan Gosling para interpretar con éxito a este personaje en la pantalla, lo cual hace con todo el repertorio dramático, cómico y entrañable de un Gosling que, prácticamente, se echa el filme a cuestas con absoluta eficiencia.

Gosling aporta, también, encanto y talento para la comedia física como científico que pasa de profesor a astronauta, que despierta de un hipersueño, que descubre que sus compañeros de tripulación han muerto y que se encuentra a años luz de distancia en una misión sin retorno para salvar al sol moribundo.

Y es la cosa que empezará a abordar la tarea, que es tarea física, en cuanto descubra, en idas y venidas ingrávidas, cómo flotar por la nave sin golpearse la cabeza con alguno de los muchos tableros y comandos, manejar mandos, hacer salidas al espacio o jugar de mil formas con una nave complicada de manejar.

Hay que decir que Gosling está muy distinto y distante de la última vez que interpretó a un astronauta, en la película biográfica sobre la carrera espacial en First man (El primer hombre, 2018). Su versión de Neil Armstrong era taciturna y realista, mientras que aquí está aterrorizado, sobrecogido y eufórico.

Esta obra necesitaba un actor carismático como Ryan Gosling para interpretar con éxito a este personaje

La música

Estupenda la banda sonora escrita por Daniel Pemberton, sugerente y envolvente, escrita por uno de los compositores más destacados del cine contemporáneo.

Se incluyen también temas como: El Amanecer, tango del compositor argentino Roberto Firpo; la conocida canción de Mercedes Sosa, Gracias a la vida, de la cantautora chilena Violeta Parra, en su versión de la argentina Mercedes Sosa (estas dos inclusiones se habrían fundamentado en que el director Phil Lord fue criado en un hogar con raíces cubanas, donde se escuchaban artistas de origen argentino; teniendo además un carácter simbólico, ya que la amenaza afecta a toda la humanidad y no solo a los Estados Unidos).

Sandra Hüller interpreta la canción Sign of the Times, de Harry Styles, bella melodía muy bien entonada por la actriz. Sin olvidar la canción de The Beatles: Two of Us del álbum Let It Be, tema que suena en medio de lo más intenso de la trama.

Mirar hacia atrás

Esta película ha sido sin duda concebida para transportar a cierto sector del público a su infancia, más concretamente, a mí me ha recordado películas interespaciales y también, ya de mayor, la película de Spielberg, ET, el extraterrestre (1982), por lo que me atrevo a afirmar que en esta película tenemos a un new ET en la entrañable y amigable figura de Rocky, un extraterrestre amigo, un ser absolutamente afectuoso con el protagonista, que arriesga su vida para salvarlo, y que se prodiga en acciones buenas y de amor sincero.

Esta épica intergaláctica, alegre y maravillosamente optimista, une a Gosling con la criatura rocosa extraterrestre que le ayudará a salvar la galaxia, en una película para ir al cine, prueba de que tenemos que querer a la estrella de Hollywood, incluso si tiene un corazón de piedra.

La obra exhibe la misma fascinación por el sonido y el diseño de producción de finales de los sesenta y setenta y el traje espacial de Gosling es del mismo color rojo que el de Dave Bowman en 2001: Una odisea del espacio (1968) y, en un momento dado, tararea la misma melodía que usaban los extraterrestres en Encuentros en la tercera fase (1977) para comunicarse.

De modo que el cine, que se encuentra en una situación delicada, tal vez, para avanzar, le conviene mirar hacia atrás y volver a repensar las razones por las cuales los espectadores se enamoraron de él décadas atrás.

El cine, que se encuentra en una situación delicada, tal vez, para avanzar, le conviene mirar hacia atrás

Algunas conclusiones

Una odisea espacial cálida como los rojos de un espacio extraído del filme La gran sorpresa (Nathan Juran, 1964) y sencilla como los efectos especiales (animación artesanal) de las películas fantásticas de Julio Verne, las de siempre, que apela a la esperanza de los habitantes del cosmos (que divulgó Carl Sagan) para nuestra continuidad en su inabarcable escenario.

Pone en evidencia esta obra el inherente optimismo del hombre manifestado en la primaria determinación de trabajar por un futuro mejor, incluso por la mera existencia de un futuro, algo que resuena en lo más profundo de nuestro ser y que es la fuerza motriz que impulsa este drama de ciencia ficción y lo lleva a lugares verdaderamente asombrosos.

En suma, una obra muy agradable de ver, reconfortante y que concilia con ciertos valores: el valor de la comunidad, la incondicionalidad, el vínculo emotivo entre dos criaturas diferentes pero afines que aciertan a unirse, a hablar de asuntos importantes con apariencia de trivialidad, asuntos con apariencia de sencillez, que son profundos e importantes. Película que merece la pena… y algo más.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Sony Pictures España