El sexto animal

Aunque Sony Pictures Animation ha cosechado numerosos éxitos en los últimos veinte años, incluyendo las cuatro películas de la saga Hotel Transylvania, su reputación no podía competir con la de sus rivales. Se le consideraba un estudio de animación de segunda categoría.
Eso ha cambiado radicalmente. La oscarizada Spider-Man: Into the Spider-Verse marcó el comienzo de una nueva era, en gran parte gracias a su impactante estilo visual. K-Pop Demon Hunters, que se convirtió en un fenómeno de Netflix el año pasado, también contribuyó a un aumento significativo en el reconocimiento de la marca.
Esto se evidencia en Como cabras (G.O.A.T. – The Big Leap, en su versión original), el primer estreno cinematográfico del estudio en dos años y medio, que se promociona intensamente utilizando sus títulos más emblemáticos.
Will Harris, una cabra, se enamoró del roarball (un deporte derivado del baloncesto que funciona a modo de escalafón social) desde muy joven y desde entonces ha soñado con dominarlo. Su ídolo es Jett Fillmore, sin duda uno de los mayores talentos de este deporte, aunque su equipo nunca ha ganado un campeonato.
El roarball (no confundir con el Rollerball de Norman Jewison) se juega como al baloncesto en un entorno de supervivencia. Las reglas siguen rigiéndose por el posicionamiento, los pases y la anotación, pero el entorno se convierte en un participante activo, influyendo en cada posesión. Cada cancha tiene su propia geología y sus propios peligros, transformando la ventaja de jugar en casa en algo literal y físico.
Los Vineland Thorns juegan en el Green House, una cancha viva repleta de vegetación densa y enredaderas que se interponen en el camino y cambian de ángulo constantemente. Es una cancha que se niega a mantenerse al margen del juego.
Los sueños del héroe de la función tampoco se han hecho realidad: trabaja en un restaurante, aunque su verdadera pasión es el campo de juego. Cuando se pelea con su odiado rival, Mane Attraction, y un video del altercado se vuelve viral, Will tiene la oportunidad de unirse al equipo de Jett, a pesar de ser técnicamente demasiado bajo para la práctica de este deporte. Le cuesta seguir el ritmo en el campo, sobre todo porque los demás no se lo ponen fácil. Pero eso no es algo que pueda disuadir a una cabra tan testaruda como él…
Queda por ver si la película tendrá una vida duradera en las salas de cine, sobre todo porque su calidad dista mucho de la de los dos títulos mencionados con anterioridad y que son la punta de lanza de su distribuidora. Sin embargo, esto no se debe a los efectos visuales. De hecho, con esta película, el estudio confirma ser uno de los más interesantes entre los grandes estudios actuales.
Si bien el conjunto final puede que no demuestre la meticulosa atención al detalle que se espera de Disney o Pixar, la combinación de animación peculiar y fondos que parecen pintados a mano en lugar de generados por ordenador crea una estética única. Junto con los atractivos diseños de personajes y los diversos escenarios, el resultado es bastante convincente.
Sin duda, merece la pena ver la película, y es más emocionante que gran parte de lo que se ha visto en materia de animación en lo que llevamos de año.
Lamentablemente, no se puede decir lo mismo del guion. Una vez más, nos encontramos ante una historia de superación, del tipo que se ve constantemente en el deporte. En Como cabras esto se intensifica aún más. El pequeño protagonista no solo tiene que demostrar su valía en su equipo, donde en principio nadie le quiere, sino que el equipo en sí tampoco ha tenido éxito hasta ahora y se enfrenta a los conjuntos más poderosos.

En principio, este tipo de historia funciona. ¿A quién no le gusta apoyar al desvalido? Sin embargo, también resulta bastante aburrida, ya que hay demasiadas propuestas similares de este tipo. En ese aspecto la película no aporta nada original. La trama es tan predecible que uno puede salir del cine a los pocos minutos sabiendo exactamente lo que va a pasar.
Los personajes también carecen de profundidad. Jett es el único que experimenta un desarrollo real, pero sucede tan rápido que uno no puede evitar sentirse un tanto engañado.
El pequeño goteo de momentos pretendidamente humorísticos no mejora precisamente la función. Muchos de los chistes también resultan fallidos. Por ejemplo, existen repetidos intentos de conectar con la cultura de internet, pero se sienten bastante forzados.
También podemos afirmar que la dosis de entretenimiento es bastante limitada. En general, la película animada es bastante decepcionante, especialmente porque cuenta con unas imágenes tan buenas que sin duda merecían un mejor guion.
Escribe Francisco Nieto | Fotos Sony Pictures España