Little Amélie (4)

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Animación asombrosa

Aunque todavía no han llegado a atreverse a incluir películas de animación en su sección competitiva (algo que desde luego está lejos de llegarse a comprender a estas alturas), el Festival de Cine de Cannes suele conceder a este género eternamente infravalorado algún que otro lugar en la selección oficial, a menudo bajo la etiqueta de «proyecciones especiales».

El año pasado, por ejemplo, conocimos gracias a su puesta de largo en el certamen el fenómeno estonio Flow, por el que el director Gints Zilbalodis llegó a ganar un más que merecido Oscar de la Academia.

Ahora nos llega otra de esas producciones a la que además hay que sumarle el aval de haber conseguido el premio del público en el pasado festival de San Sebastián. La trama nos presenta a la pequeña Amélie, quien describe sus primeros años como un estado pasivo y preconsciente, sin apenas reaccionar a su entorno. Cuando prueba chocolate blanco por primera vez a los dos años, sus deseos y curiosidad hasta entonces aletargados se despiertan en plan torrencial. Desde ese momento, quiere verlo, sentirlo y experimentarlo todo como si no hubiera un mañana.

En este viaje de descubrimiento iniciático, se encuentra cada vez con más limitaciones y alguna que otra decepción. ¿Sigue siendo el mundo tan maravilloso y hermoso como parecía? En ese aspecto la película funciona como una hermosa representación de la locura y la grandeza de la existencia, vista a través de los ojos de una niña de tres años.

Si por alguna cosa destaca esta singular obra es por lo impresionante de su animación. El estilo pictórico, combinado con colores brillantes, da la sensación de un libro ilustrado hecho realidad. Los fondos y acentos morados y rosas, en particular, realzan esta sensación. Los ojos grandes y brillantes aportan a los personajes una expresión extra, mientras que los movimientos son notablemente fluidos.

Quizás lo más impresionante es cómo Amélie se mueve como una niña pequeña: cuando extiende los brazos, todo su cuerpo se mueve con ellos. La representación del paisaje japonés también es hermosa; cada fotograma es un deleite para la vista.

La historia se narra íntegramente desde la perspectiva de Amélie. Describe su vida como un mito en el que, como una diosa recién nacida, desempeña el papel principal. Las flores florecen a su antojo y los terremotos ocurren cuando está enfadada o triste. Pero ¿sucede esto realmente, o es así como Amélie experimenta el mundo?

La película juega constantemente con la frontera entre la realidad y la imaginación. A través de alegorías, La pequeña Amélie o el personaje de la lluvia (que es el título original del filme) transmite la sensación de descubrir el mundo por primera vez: intenso, mágico y sobrecogedor.

Este viaje de descubrimiento desarrolla gradualmente un lado más oscuro. Cuando su abuela regresa a Bélgica, experimenta la pérdida por primera vez. Ese momento sirve como catalizador para preguntas más profundas: ¿todo tiene un fin? ¿Y está la vida compuesta entonces de una serie de finales?

Por lo tanto, la película no es solo animación, sino también una reflexión existencial y metafísica sobre la existencia. También es un recordatorio de que los niños a menudo piensan con mucha más profundidad de lo que los adultos creen.

La película no solo trata sobre el dolor y la tristeza. También hay espacio para la alegría y la pura maravilla

Sin embargo, la película no solo trata sobre el dolor y la tristeza. También hay espacio para la alegría y la pura maravilla. Amélie se fascina con todo tipo de detalles de la naturaleza, como la primera lluvia y los insectos como las mariquitas y los saltamontes. Quiere descubrirlo, verlo y sentirlo todo.

Así, esta maravillosa obra animada se resuelve como un tierno y bellamente animado recordatorio de lo increíblemente especial que es la vida, especialmente a través de los ojos de una niña pequeña y llena de energía.

En tan solo setenta y cinco minutos, y en un estilo 2D sencillo pero hermoso, con influencias occidentales y japonesas, experimentamos el conmovedor relato de los primeros años de la protagonista. A veces con un toque de humor, otras con un toque más sentimental, Little Amélie nos enseña la importancia de ciertas experiencias en el desarrollo infantil.

El resultado es una película encantadora en tonos pastel. Con un ritmo predominantemente ligero, el dúo de directores no rehúye las reflexiones más oscuras y filosóficas, atractivas tanto para jóvenes como para mayores.

Escribe Francisco Nieto | Fotos Selecta Visión